EL JICOTE “¿EN QUÉ MOMENTO SE JODIÓ?”

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Edmundo González Llaca
“¿En qué momento se jodió Perú?” Parafraseando la pregunta que se hacía Vargas Llosa en una de sus novelas: ¿En qué momento se jodió la confianza de los inversionistas en López Obrador? Considero que el parte aguas de la pérdida de confianza del capital nacional e internacional fue cuando López Obrador les ofreció a los grandes inversionistas que terminaran el aeropuerto de Texcoco: “Al cabo que tienen dinero”. Les dijo y no cumplió.
Las razones para la cancelación del compromiso público fueron desde que había corrupción en la realización de la obra, hasta que provocaba graves daños ecológicos. Los inversionistas lo encararon y le pidieron que denunciara a los corruptos y que explicara las fallas técnicas. Sin responder a ninguno de estos requerimientos optó por convocar a una encuesta, para este efecto recuperó su genoma priísta: el relleno de urnas. El mensaje a los opositores era: “Lo que quieran contra mí lo quieren contra la sociedad”.

Este fue el punto de partida de la desconfianza y le han seguido otras decisiones desconcertantes. En Coahuila se canceló una carretera y en Mexicali se detuvo una inversión multimillonaria de una empresa cervecera. A lo mejor en las dos ocasiones incluso el Presidente hubiera podido tener razón, el problema fue el método; en mítines convocados y con asistencia controlada por algunos interesados, se tomó la decisión de acuerdo con el número mayor de los que levantaran la mano por alguna propuesta.

El niño que es chillón y la nana que lo pellizca, dicen en mi rancho. Los inversionistas, ya de por sí, tiquismiquis con su dinero, exigentes de estabilidad y certidumbre, se aterrorizaron ante un Presidente, que organizaba la “desmadrocracia” y echaba a la basura no solamente sus proyectos, sino hasta las resoluciones previas de autoridades. Obviamente han sacado su dinero del país.

La confianza que se deposita en los gobernantes tiene elementos emotivos muy personales: “me cae bien”; “tiene cara de gente decente”, pero también tiene factores cognitivos que colaboran a la buena disposición para otorgar la confianza, por ejemplo, la capacidad profesional de los funcionarios. Bueno, pues el Presidente ha nombrado a 13 funcionarios federales sin tener experiencia en las nuevas áreas de responsabilidad y que manejarán presupuestos millonarios, pero que tienen como gran mérito curricular: haber iniciado su labor profesional en la ayudantía del Presidente. De estar abriendo puertas, llevando los chescos, cuidando las espaldas del Ejecutivo en las giras, han brincado a amplias oficinas, recursos más que considerables y en actividades complejas que exigen conocimientos y experiencia.

El último golpe al dinero es toda una comedia: invitar como orador el Día de nuestra libertad al títere y tirano de Cuba. Que es algo así como poner de Presidente de un Congreso en defensa de la violencia en contra de las mujeres a Félix Salgado Macedonio.
El respeto a la palabra, a la ley y la congruencia personal e institucional son la base de la confianza. En la próxima entrega haremos sugerencias de cómo concretamente fortalecerla.










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