Y nos dieron la una… las dos… y la próxima

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 fotomultas_ciudad_de_mexico
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

Hace unos años, allá por 1996, la camioneta de una empresa de electrodomésticos, cuya oficina y centro de distribución estaba ubicada en los límites de la delegación Xochimilco con Tláhuac, sufrió un asalto cuando transitaba sobre esa la avenida , a la altura del panteón San Lorenzo Tezonco. Las zonas de trabajo de la empresa comprendían parte del sur y oriente de la ciudad y tenía vetada algunas colonias de la delegación Tláhuac, identificadas ya por ellos como zonas conflictivas. Existían ya grupos de bandas delictivas.

La exitosa empresa de la que hablo, tenía un concepto y filosofía organizacional interesante, por la forma en que manejaba a su personal y por su estrategia de ventas y mercadeo, así como por su liderazgo en el rubro. Su modelo empresarial llamó la atención del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores, quienes la expusieron ante sus alumnos de Negocios como muestra digna de análisis.

El mediodía de abril de ese año, el chofer y los dos macheteros (ayudantes que ayudan a bajar la mercancía), fueron sorprendidos y amagados con metralletas en la citada avenida. Los asaltantes eran dos y ordenaron a chofer y ayudantes pasarse al asiento trasero.

Un par de patrulleros que andaba por la zona se percataron de la situación y fueron tras de la camioneta. Los asaltantes, se bajaron del vehículo y, a fin de ganar tiempo para escapar, la dejaron con el motor encendido y en circulación, mientras se echaban a correr por entre las calles de la colonia. El chofer d e la camioneta se pasó rápido al volante y pudo controlarla, evitando un accidente mayor.

Los dos patrulleros corrieron tras de los asaltantes. Uno de los delincuentes logró escabullirse, pero alcanzaron al otro, quien, en ese momento, tocaba la puerta de un domicilio. Vieron perfectamente cómo entregaba el arma a una señora, para no ser detenidos en flagrancia. Los policías aprehendieron al sujeto, queriendo llevárselo. Pero, del domicilio salieron mujeres y niños, defendiéndolo, formando una valla de protección. La defensa enconada que hicieron de él los familiares hizo desistir a los uniformados. Sabiendo a lo que se enfrentaban, abandonaron lo que para ellos estaba claro: un nido donde toda una familia estaba coludida. Ellos estaban solos y sin refuerzos.

Es sólo un hecho, lo que aquí comento. Pero ilustra lo que se fue haciendo común en esa delegación. Hoy, ya sabemos las dimensiones que han alcanzado las bandas organizadas que alteraron de manera paulatina la otrora tranquilidad de una delegación rica en tradiciones ( mismas que aún trata de preservar) , pero que ha ido desdibujando su identidad y hoy es tomada como un referente de peligrosidad.

Con una superficie de 85, 342 km2 , un registro de casi 39 mil habitantes. Tláhuac limita al norte con la Delegación Iztapalapa, al oriente con los municipios mexiquenses del Valle de Chalco y Chalco y al sur con Milpa Alta y al poniente con Xochimilco. Junto a Milpa Alta, Tláhuac es de las delegaciones con mayor población infantil y juvenil.

En cuanto a la empresa de la que hablo, vale la pena citar que, al cabo del tiempo, terminó por irse de la CDMX ante los altos costos que tenía que pagar por seguridad.

Lo que pareciera mera anécdota, pasó a formar parte de las estadísticas de un problema que fue creciendo. Ningún delegado entró al tema para poner orden y solución. Hoy, el problema fue heredado a Miguel Ángel Mancera. Y mucho se insiste que el pasado operativo, llevado a cabo por el Gobierno Federal en la delegación Tláhuac, tuvo como objetivo “quemar” la imagen de Mancera para quitarle de la contienda electorera del 2018.

¿Cuál es la verdad que hay detrás de todo esto? ¿Qué intereses se mueven? ¿Bandas delincuenciales o crimen organizado? ¿Guerrillas urbanas? ¿Grupos de choque para ser usados como golpes políticos?

Muchas preguntas ciudadanas que las autoridades no responden.

VOZ EXPERTA EN EL TEMA.

La cruda realidad es que el mito de ciudad segura ha caído estrepitosamente. Los problemas que está padeciendo no responden únicamente a los comunes que una ciudad de esta magnitud puede tener. No. Se trata de bandas delictivas relacionadas al crimen organizado que operan con la omisión ( en unos casos con la venia de los gobiernos de cada delegación)

El ejemplo fehaciente está en el reciente operativo de la Marina en Tláhuac, donde abatieron a Felipe de Jesús N, “el ojos” y a sus cómplices. Eso deja al descubierto la capacidad organizativa de estos grupos que operan con toda impunidad y al amparo de autoridades coludidas con ellos. La forma cómo respondieron los delincuentes, en protesta y desafío por la muerte de su líder, sacudió a la ciudad y a su pretendida seguridad, de la que tanto se han ufanado las autoridades de cada periodo y , con mayor énfasis, el actual Jefe de Gobierno.

Pero el asunto tiene dimensiones mayores y los expertos alertan sobre el crecimiento de estos grupos delictivos. Para el internacionalista, investigador de la Universidad de Columbia, Edgardo Buscaglia, lo sucedido en Tláhuac habla de grandes organizaciones criminales en la capital y cuya presencia data de, por lo menos, los últimos 10 años, señala. Y agrega: “La posición tomada por los mandatarios es una forma de ignorancia injustificada o complicidad que les trajo beneficios”, ha señalado reiteradamente Buscaglia. En reciente entrevista a Juan Luis García Hernández, de SinEmbargo (julio 21, 2017), enfatizó: “La capital del país es también centro de las bandas del narcotráfico. Un espacio donde la política y condiciones logísticas – bodegas, transporte, rutas al extranjero, etcétera- empoderaron al crimen… la presencia de cualquier grupo del crimen no podría darse sin la complicidad de las autoridades… ”

IXTAYOPAN, LA HISTORIA DE HORROR ¿OLVIDADA?

Lo relatado al inicio de esta nota, el asalto con armas largas y la forma de actuar d e la familia que defendió al delincuente, le da la razón a Edgardo Buscaglia. Allí está en la memoria de muchos habitantes y en documentos, el registro de la brutalidad que se dio contra tres policías federales aquella tarde-noche del 23 de noviembre del año 2004.

En aquel entonces, siendo presidente de la República Vicente Fox Quesada (PAN) y Jefe de Gobierno del antes llamado DF, Andrés Manuel López Obrador y Director de Seguridad Pública , Marcelo Ebrard , se dio el brutal hecho del linchamiento y quema de tres agentes de la ya desaparecida Policía Federal Preventiva (PFP) que investigaban asuntos de narcomenudeo y / o la presencia de grupos subversivos en la zona.

En ese entonces, los interesados en que no avanzara la investigación, regaron información falsa sobre ellos, acusándolos de ser secuestradores y de andar merodeando en las escuelas primarias. Eso fue suficiente para que una numerosa y enardecida turba los aprehendiera y quemaran vivos. Dos de ellos, fallecieron. Uno fue rescatado y pasó largos meses en el hospital, con lesiones corporales que requirieron largos tratamiento. Hoy reside en el extranjero.

El horror de lo sucedido fue trasmitido en vivo desde el lugar los hechos, a donde llegaron reporteros de una casa televisora.

Un poco antes de estos hechos, el entonces Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, señalaba que esta capital era una de las más seguras. Incluso, habló de una disminución de los actos delictivos. Cuestionado después sobre lo sucedido en Ixtayopan, AMLO dijo tajante: “ fue dirigido y un golpe político para dañar la imagen de mi gobierno”.

El ya desaparecido Secretario Federal de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, declaró también en aquel entonces su indignación y ´aseguró que lo ocurrido era el resultado de la anarquía que se vive en Tláhuac y en las inmediaciones de esa delegación. “Hace dos años, en 2002, ocurrió un hecho similar en Milpa Alta”, dijo, recordando el linchamiento que se dio con tres sujetos que asaltaron a un taxista. Dos de ellos fallecieron allí, uno más quedó herido de gravedad. “ Nos han robado, nos asaltan, violan a nuestras mujeres. La policía no hace nada, no tenemos ninguna vigilancia. No nos dejan salidas”, declararon los habitantes de esa demarcación, antes de entregar al tercer asaltante a la policía, condicionando la entrega a que la policía no levantaría cargos contra ninguno de los habitantes.

Pero, aunque lo señalado por Ramón Martín Huerta, tenía y tiene relación con anarquismo producto del hartazgo y otros factores más profundos que merecen análisis, las razones de linchamiento en Milpa Alta y lo sucedido dos años después en Tláhuac, tuvieron fondos diferentes. Mientras lo de de Milpa Alta fue, en ese entonces , una acción que vino por parte de los taxistas que documentaron en el lugar d e los hechos el asalto a uno de sus compañeros que, malherido y con dificultad pudo señalar abiertamente a los asaltantes que no pudieron escapar del lugar; lo de Ixtayopan fue inducido, azuzado perversamente. Las escenas dantescas de la turba de más de 300 habitantes de la demarcación, quemando a los agentes fue un precedente de lo que entonces se ha gestado en la delegación, donde las bandas organizadas operan.

Marcelo Ebrard, nombrado en aquel entonces en el cargo por AMLO, cuando ambos eran “cuatachos” y militaban en el PRD, tuvo una cuestionable respuesta al hecho. Se habló entonces que la policía capitalina, bajo el mando de Gabriel Regino, como subsecretario de Seguridad Pública, protegía a grupos subversivos. Gabriel Regino, se apresuró a declarar que aquello fue un acto “dirigido, conducido e intencionado”, para demeritar la imagen del gobierno capitalino.

Lo anterior fue sostenido también por AMLO y por Marcelo Ebrard. Y, tanto en ese entonces, como a la distancia, en estricto apego a los hechos, la realidad fue que en su calidad de Jefe de Seguridad Pública, la ayuda enviada por Marcelo Ebrard llegó tardía. Se habló incluso de que nunca se dio la orden de ayuda. La justificación que dio a los medios informativos Marcelo Ebrard fue la distancia y “ dificultad para reunir a un contingente suficientemente numeroso que pudiera contener a los cerca de dos mil vecinos de San Juan Ixtayopan que participaron en el linchamiento”

“¿Y por qué la policía no pudo llegar y las cámaras de televisión reporteros que cubrieron y trasmitieron la masacre si pudieron hacerlo?”, fue la pregunta insistente que rondó en el ánimo general.

Cuatro años más tarde, en 2008, un total de 10 acusados de actuar en los linchamientos de Ixtayopan fueron condenadas a 46 años de prisión. Y fue en 2011, a siete años de lo sucedido, las autoridades federales aprehendieran a una mujer de nombre Alicia Zamora, “La gorda” y a su esposo Eduardo Torres, vinculados con grupos subversivos, señalados de ser los autores intelectuales del ataque e identificados plenamente por el agente que sobrevivió a los hechos.

Después, como hasta ahora, lo que ya sabemos es una de las constantes en la política mexicana: el desfile de nombres, de señalamientos mutuos, de culpas repartidas; pero que nadie asume. La cobardía que se disfraza con una frase trillada y banal: “ así es la política”. Declaraciones de los gobernantes en turno, que nunca van más allá de “mostrar indignación y censura a los hechos”. Y nada más.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com

AVISO.

Amabilísimos lectores: esta columna sale de vacaciones durante dos semanas. Estará ausente el lunes 31 de julio y el 7 de agosto. Regreso el lunes 14 de agosto.

Las vacaciones aplican solamente para la columna. Me esperan, por favor.

– ¡NOS ESPERAN!

Perdón, Niniane, Es verdad: NOS esperan, pues.

¡Muchas Gracias!

 










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