Y nos dieron la una… las dos… y la próxima

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POR Jovita Zaragoza C. | Hay días en que el teclado se niega a formar la palabra exacta, precisa, que exprese la mezcla de emociones que revolotean inquietas en la búsqueda de respuestas a esta violencia que se ha adueñado del país y que nos está rodeando, cercando a quienes habitamos las grandes ciudades.

Y, sé bien, que no es una percepción solamente mía. Lo sé porque -sin que yo saque el tema a colación- muchas personas cercanas, y no tanto, a mi círculo personal y familiar, han expresado esta sensación de vulnerabilidad, de peligro en el ambiente. Cada una tiene conocimiento de alguien conocido que ha sido vulnerado, sea por robo en el transporte público, en casa, o en el auto.

En colonias y barrios cada vez hay más letreros con una sentencia: “Vecinos de esta colonia unidos contra la delincuencia. Ladrón o delincuente, si te agarramos, te linchamos”. Otros letreros, en un franco intento de “decencia”, anteponen el “ Sr”, a la palabra ladrón. Imposible que al leerlos no asome una sonrisa entre irónica y nerviosa que amenaza estallar incontenible, hilarante, como vía de escape ante lo absurdo de lo que estamos viviendo en México. Un letrero donde la palabra “Sr. delincuente” es la forma que pretende maquillar el fondo de la barbarie. ¡Qué manera de pretender disfrazar la escisión que distingue a esta sociedad incapaz de organizarse para poner un límite de manera unida y civilizada a los males que nos aquejan!

La violencia transita a la par que nosotros, en el mismo barrio, en el vecino, en la misma acera, mostrándonos su rostro deforme, antiético, antiestético, antihumano y fingimos no verlo, volteando hacia otro lado con disimulo, aparentando una normalidad que a algunos nos lleva a dudar y a preguntarnos: ¿Estoy exagerando? ¿Estoy viendo mal? ¿Solamente en mi cabeza está la sensación de aislamiento personal que nos retrae y encierra en el individualismo?

No. El resquemor es visible y real. Está en muchas miradas, en la actitud defensiva, exacerbada, que esconde el miedo que tenemos ante la zozobra, ante la incertidumbre que estamos viviendo.

¿Cuándo se fueron juntando los resabios? ¿Dónde estaban escondidos? ¿Quién o qué los detonó? ¿Qué nos tiene en este estado catatónico, impasiblemente violento? ¿Qué nos impide buscar soluciones viables, que nos lleven a la salida del laberinto que estrecha sus puntos de salida? ¿Cuándo vivir en sociedad se volvió una condición para sobrevivir?

Vemos las redes sociales llenas de fotos de familias unidas, felices en su eterna negación y/ o construyendo realidades que se niegan a otras realidades, imágenes que esconden su narcisismo. Leemos los medios electrónicos con notas manipuladas con fines partidistas para encender los enconos de quienes, desde su comodidad, les viene bien echar la culpa de todo a los otros, haciéndose victimas. Otros más, metidos en su monólogo y su proyecto, sin jamás voltear la mirada hacia los demás.

Veo y leo comentarios opinando y manifestando la impotencia y el enojo a través de palabras altisonantes, léperas, descalificadoras hacia los que no piensan igual. Leo voces que, a la menor provocación, sentencian desde su religión los karmas que habitan a unos y los que vendrán a otros. Las voces que invocan a Dios, sin distinguir separación entre los actos de Fe y los actos humanos. Veo y leo. ¡Ay las redes sociales y sus muchas realidades alternas y verdaderas! ¿Son las redes sociales el reflejo en mucho de lo que somos? ¿Habla por nosotros como individuos y sociedad lo que allí se dice y escribe? ¿Somos esa mezcla de que decimos, lo que no decimos, lo que ocultamos y exponemos?

Verdades y mentiras, concierto de letras discordantes formando cada cual su melodía.

A RÍO REVUELTO.

¡Ah qué bien viene a algunos este río revuelto que nos salpica a todos! ¡Qué bien le viene a aquellos que jamás produjeron nada y ahora se han escudado en el manto protector de un sistema que hizo de la dadiva y la limosna un capital político, hoy explotado por los demás partidos! ¡Qué bien les ha venido a los indignos mostrarse indignados ahora para por todo y nada, buscando acallar en el grito y señalamiento la responsabilidad compartida! ¡Qué bien le viene a los cínicos que vivieron años del sistema y facilitaron el andamiaje para que ascendieran los que hoy están, mostrarse indignados y fingir pertenecer a la fila de los puros! ¡Qué bien!

Sociedad amañada en la queja y en la repartición de culpas, no aceptamos o descartamos lo que se nos proponga de quienes ya decidimos señalar como parte del problema que padecemos. No hay matices. Agarramos parejo. Listo el dedo enhiesto para señalar al de enfrente. Pretextos no nos faltan para excusar nuestro rompimiento o falta de cumplimiento con nuestra parte ciudadana.

Varias veces, en mi trajín diario citadino, me encuentro con vehículos circulando sobre Periférico y avenidas principales, autos que cubren con una mica parte de su placa. Es la manera como intentan escabullir la reciente medida impuesta por el Gobierno de Mancera que limita la velocidad de los autos y restringe el uso del celular mientras maneja. Medida que –por cierto- irritó a mucha ciudadanía y que también sirvió de pretexto a los opositores al PRD para avivar el enojo ciudadano contra Mancera. Y, aquí me detengo para aclarar: no. No me cae bien Mancera. No quiero, ni creo que tenga estatura para Presidente. Otro vividor del sistema, más. Veo lo que su gobierno, junto a los demás delegacionales y las instituciones como SEDUVI, hacen a cada metro de la ciudad que la han llenado de asfalto y concreto. No hay límites para la codicia, la mezquindad y la vileza. Pero, este rubro de las recientes reglas de transito vehicular, no está mal el reglamento. He hecho encuestas con jóvenes cuyas edades van de los 25 –a los 35 años y que cuentan con licencia. De alrededor de 30 entrevistados, apenas 3 dijeron que la restricción de velocidad a 80 kilómetros máximo era para los ancianos. Que la velocidad mínima debiera ser de 100 kilómetros. Los demás, dijeron que era la correcta. En periférico y en una ciudad de estas dimensiones, es suficiente.

Allí, en estos pequeños detalles cotidianos, está un reflejo de la sociedad que somos en la parte negativa. No debemos instalarnos en ello. Se hace necesario enderezar para retomar la buena convivencia que asegure una mejor calidad de vida para nosotros y para los que vienen detrás. Tenemos que buscar salir de esta cómoda actitud de estar echando toda la culpa a quienes ya dieron claras muestras de no escuchar, de su cinismo, de su avorazamiento. Ya lo vimos, ensimismados en sus proyectos negociadores sin que nosotros, la sociedad, logremos unir voluntades y demandar y hacer lo que bien nos haría: unirnos, participar en las propuestas, debatir, involucrarnos en la solución de problemas. Ser ciudadanos conscientes de nuestros derechos y deberes. Bien nos vendría romper ese círculo viciosos de eternas quejas y culpas. Romper nuestro puritanismo y victimismo que nos impide actuar de forma madura y coordinada y que beneficia a ellos, los que tienen el poder y avanzan en sus propósitos personales y grupales.

Tenemos que buscar y encontrar el hilito conductor que nos lleve a ubicarnos en el momento en el que empezó esta descomposición que estamos padeciendo. Algo que nos explique en donde estuvo ese punto de quiebre en el que se perdió la mucha o poca consideración hacía el otro. Que nos sitúe en la realidad del rompimiento súbito de los eslabones que enlazaban a unas generaciones con otras. Cuándo se rompieron esas uniones; por qué sucedió. Sobre todo: debemos, tenemos que buscar el cómo volver a entrelazar las partes sanas para reconstruir este tejido lastimado en la mayor parte del cuerpo de esta sociedad a punto del colapso. Tenemos que ir al encuentro de voces tenaces que están trabajando en propuestas, involucrarnos en las discusiones y debates que nos lleven a desenredar esta enorme maraña en el que estamos todos.

Circula por allí un programa de cultura cívica que el INE está llevando en los diversos Estados del país. Lea primero, cuestione su contenido y luego juzgue. Se llama ENCCIVICA, INE.

Mientras tanto, desde nuestro quehacer informativo, seguimos con la parte que nos toca llevando a cabo con empeño y pasión una lucecita donde amenaza la oscuridad. No podemos normalizar ese deterioro.

Escribir, informar de la manera más veraz y precisa posible. Desde esta modesta trinchera de letras hacer y seguir haciendo. “Hacer… hacer, aunque parezca que de nada sirve…mantener el ánimo crítico y lúcido y no caer en el pesimismo paralizante ” como dice – y dice bien- , Julio Figueroa.

Respiro hondo y continuemos, Niniane. Hagamos nuestra parte.

—Oiga…Oiga…¡Pst pst..! si alguien conoce a Manuel Bartlett , avísenle que esté sin pendiente. Que no se preocupe, no esté con la mortificación de avisarnos que Carlos Salinas de Gortari no ganó la elección presidencial de 1988. Díganle que si nos hubiera preguntado, desde hace tiempo se hubiera ahorrado el peso de andar cargando esa información.

Pero, por favor, denle la noticia con tiento, con delicadeza. No vaya ser que de la sorpresa de saber que nosotros ya lo sabíamos, se vaya a poner mal. ¡Ah!, que tampoco se preocupe por informarnos de la verdad de los terrenos de Angelópolis de allá de Puebla. Así nomás, díganle. Él sabrá de qué se trata. Mejor que nos diga cómo van los flamantes negocios mobiliarios de Mario Marín, “el gober precioso”. ¿está ya instalado en la “nobleza de Puebla” ¿Ya fue aceptado? ¿Dinero mata memoria y carita? ¡Noooooo! Que nos hable también del gran narciso, megalómano, desfasado, pretencioso de Rafael Moreno Valle ¡ufffffff! Que nos diga… bueno, si no quiere, no. Mejor que no hable.

¡Niniane…! ¡Deja a don Manuel Bartlett en paz! El cabe dónde quiera cabe. Déjalo que se ande “enMORENAndo”, sin bloqueador solar.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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