Y nos dieron la una… las dos… y la próxima

|




 Colosio_discurso_monumento a la Revolucion
Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

¿Los jóvenes que hoy tienen 23 años de edad sabrán que cuando ellos iniciaban sus primeros pasos, hubieron dos hechos turbios dentro de la política mexicana que estremecieron al país entero? ¿Saben que uno de ellos ocurrió una tarde del 23 de marzo de 1994? ¿Saben que, en ese entonces, el censo poblacional era cercano a 94 millones de habitantes? ¿Están enterados que México entero se cimbró cuando, aquella tarde, los noticieros dieron a conocer del asesinato de un hombre que empezaba a concitar simpatías con su discurso encendido y –dicen- desafiante para uno de los gobiernos más turbios y turbulentos de México? ¿Están enterados de ese oscuro pasaje?

¿A los jóvenes les dice algo el nombre de Luis Donaldo Colosio Murrieta? ¿Les dice algo el nombre de Joseph Marie Córdoba Montoya, economista de origen francés, ascendencia española que susurraba al oído del entonces presidente Salinas de Gortari y movía al antojo las aguas de México? Un personaje, por cierto, que salió indemne de toda la turbulencia, gracias al cobijo que recibió de Salinas de Gortari y del mismo Ernesto Zedillo.

Cuando esto sucedió gobernaba el país un hombre de baja estatura, calvicie pronunciada, bigote espeso y aguda inteligencia que estaba a la par de su ambición de poder y de trascendencia: Carlos Salinas de Gortari, a quien los mexicanos siempre vieron como un hombre manipulador y falaz que había arrebatado el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, entonces candidato a la presidencia por la primera fuerza política FDN (Frente Democrático Nacional y llamado más tarde PRD) ; la segunda fuerza de entonces era la del PAN, abanderado por otro querido y respetado candidato: Manuel J. Clouthier (1934-1989), la tercera el PRI, con Carlos Salinas de Gortari.

La ciudadanía no olvidaba, ni olvida, la forma en que Salinas ascendió a la presidencia en aquel 1988 de oscuridad y trampas. Como tampoco ha olvidado que entre los tantos personajes priistas que coadyuvaron a su ascenso estuvo el entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, pieza clave el día del cierre de elecciones. La frase “se cayó el sistema”, pronunciada Bartlett selló el gran fraude electoral y el quedó como el artífice principal de la mentira que impidió reconocer el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas.

La imagen del ex presidente, Carlos Salinas de Gortari, ha crecido en rechazo a lo largo de los años; la de Manuel Bartlett Díaz quedó para siempre ligada al hecho que le ganó el desprestigio y repudio. “Es su premio por haber ayudado a Salinas ” se rumoró cuando en el sexenio Salinista ocupó el cargo de Secretario de Educación Pública y, más tarde, gobernador de Puebla. Hoy, a los 81 años de edad, el Senador de la República y coordinador del grupo parlamentario PT es también miembro del primer círculo de hombres que rodean a AMLO. (¡Cosas Veredes Mío Cid!)

En 1993, a cinco años del gobierno salinista, el descontento y resquemor con el que Salinas de Gortari había subido al poder se acentuaba. El presidente y su equipo hablaban de estabilidad económica, echaban campanas al vuelo por haber pactado un tratado de Libre Comercio que –decía la prensa de entonces – “nos llevaría al primer mundo”.

El equipo de Salinas de Gortari estaba conformado por intelectuales, periodistas, economistas y académicos de mediana edad. Pero también por una nueva clase política de jóvenes (los tecnócratas) que ostentaban maestrías, doctorados salidos de Oxford, Yale, Harvard. Jóvenes que traían grandes credenciales académicas, pero carentes de pulso social y sensibilidad que les permitiera extender la mirada más allá de su realidad, que no era, ni es, la de la mayoría de los mexicanos.

Pegado a Carlos Salinas, el personaje que hoy poco se menciona, pero con un poder de tal tamaño que hasta – señalaba la prensa de entonces- le fue hecho a medida un puesto que nunca antes había existido en la vida presidencial: Jefe de la Oficina de Presidencia. Su nombre: Joseph Marie Córdoba Montoya y de quien – se decía- era un personaje siniestro que se movía silencioso tras bambalinas. Un actor de gran injerencia y poder en la vida política de México. ¿Dónde anda ahora?

(Comentario al calce y guardadas proporciones, hay quienes hacen un símil entre el dúo conformado por de Salinas de Gortari – Córdoba Montoya/ Enrique Peña Nieto –Luis Videgaray…¿será? )

En el sexenio Salinista se hablaba de otro personaje también oscuro: Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente y quien venía desempeñando diversos cargos desde el sexenio de De La Madrid en Diconsa y donde continúo desempeñándose en el gobierno de su hermano. Eso le permitió evadir responsabilidades sobre otro hecho del que poco se habla: la importación de más de 80 mil toneladas de leche contaminada por radioactividad provocada por la planta nucleoeléctrica de Chernobyl y que se distribuyeron en todo el país. “La incidencia de cáncer infantil aumentó 300 por ciento en la década que va de 1987 a 1997, al grado que se calcula que la afectación anual es de unos 900 niños de los cuales el 30% muere …Las autoridades mexicanas, incluyendo a Raúl Salinas de Gortari, director de Leche Industrializada Conasupo, ignoraron el dictamen y la leche se distribuyó como parte de los desayunos escolares ofrecidos en las escuelas primarias publicas del país. Nunca se realizó una auditoria del caso y a la fecha se ignora cuantos niños han muerto y siguen muriendo de leucemia y cáncer tiroideo por haberla consumido”, registran documentos.

Fiel a la costumbre heredada desde el nacimiento del sistema Priista, el presidente en turno debería ungir al candidato a contender para la presidencia en representación del partido. La tercia de probables candidatos: Pedro Aspe Armella, entonces Secretario de Hacienda y Manuel Camacho Solís, jefe del departamento del Distrito Federal y Luis Donaldo Colosio, Secretario de Desarrollo social.

El 28 de Noviembre de 1993, se dio conocer que el ungido para la candidatura era Luis Donaldo Colosio y su asesor de campaña sería Ernesto Zedillo Ponce de León. El largo sexenio de Carlos Salinas de Gortari estaba a punto de terminar el siguiente año,

23 de Marzo de 1994: La suerte está echada.

Sonorense, de Magdalena de Kino, nacido en 1950, Colosio Murrieta, había pasado a formar parte del equipo del Salinas casi a inicios de 1992. Mucho y abiertamente se habló del desencanto y hasta enojo que Manuel Camacho Solís ( fallecido en junio del 2015) mostró por no haber sido elegido para contender por la presidencia. Camacho, además de negarse a apoyar la candidatura de Colosio, renunció al cargo de Jefe de la Ciudad. Pero Salinas de Gortari de inmediato lo designó Secretario de Relaciones Exteriores. Los rumores se soltaron : “ la asignación fue un premio de consolación por el berrinchazo que hiciera por no haber sido el candidato oficial a la Presidencia” , decía vox populi .

México daba su mejor rostro a las fiestas decembrinas del 1993.

Inició enero y allá, en el sureste mexicano, Chiapas, apareció el movimiento indigenista y campesino autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), grupo levantado en armas contra el gobierno en protesta por la política neoliberal del presidente Salinas. El conflicto crecía rápidamente ante la respuesta violenta del gobierno Salinista.

Manuel Camacho Solís, un político de disciplina, hábil negociador, temple y lucidez para entender los vericuetos del sistema al que pertenecía, fue designado por Salinas de Gortari para ser el mediador entre el gobierno y el EZLN, representado por el subcomandante Marcos. Hay versiones que señalan que cuando Salinas de Gortari nombró a Camacho Solís comisionado para la paz, fue tomada por todos los cercanos a él y por el mismo Colosio, como un rompimiento de Salinas con el candidato.

La imagen de Camacho ideólogo y estratega de inteligencia clara y conciliatoria volvió a posicionarse en la ciudadanía. Pero, pronto, se vería involucrado en una serie de acontecimientos que pretendieron culparlo de uno de los episodios, de los más turbios, que han habido y hay en la vida la vida política interna del sistema priista: el asesinato de Luis Donaldo Colosio, ocurrido en Lomas Taurinas, Tijuana en un recorrido de campaña.

Allí, rodeado de publico, de cuerpo de seguridad, Colosio recibió un disparo en la cabeza de manos de un joven de no más de 22 años, michoacano y radicado en Tijuana. Mario Aburto Martínez fue señalado y consignado a 45 años de prisión. Nadie cree que el sea el asesino. Hay versiones que señalan que Colosio recibió un segundo disparo, mientras era trasladado al hospital. Alguien que viajó con el y llevaba la consigna de rematarle.

Comenzaron los rumores sobre la posibilidad de un crimen cometido de alguien perteneciente al estado. Mucho se habló de un discurso, el más significativo y el que es relacionado como una clara señal de que Colosio envió mensaje de rompimiento con Salinas de Gortari. El famoso discurso fue el pronunciado el 6 de marzo de 1994, en el aniversario del PRI y frente al Monumento de la Revolución.

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales…Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros. Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio. […] Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno.”

Poco se sabía que en el ámbito privado de la vida de Colosio, se vivía un panorama incierto: Diana Laura Riojas de Colosio, había sido diagnosticada con cáncer.

En el momento del asesinato, Manuel Camacho Solís se encontraba en Chiapas. Voló para estar presente en el sepelio. Los ánimos estaban exaltados. La reacción inmediata se volcó hacia Camacho Solís a quien relacionaron con el asesinato de Colosio. Los abucheos a su paso en la funeraria fueron insistentes y provenían de un grupo de priistas que habían acudido al funeral.

Tiempos aciagos para Camacho Solís, un hombre con estatura política y de estado. Incluso, mejor candidato y mejor presidenciable que el mismo Colosio, al que ahora se le rinden homenajes y la familia priista se sigue reuniendo en torno a él, como si hubiera un afán persistente por mitificar su figura. Fieles a su código genético, el sistema priista reproduce el libreto de las formas, no del fondo. ¿Qué hubo en el asesinato de Colosio? ¿Quién o quienes ordenaron su ejecución? ¿Por qué?

No. Con Colosio no se cerraba el capítulo final de ese año. Otro más faltaba por suceder el 28 de septiembre: el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, Secretario General del CEN del PRI. Raúl Salinas de Gortari, su cuñado, fue señalado como autor intelectual.

El 18 de noviembre de ese año, Diana Laura, la viuda de Colosio, falleció a causa del cáncer de páncreas que la aquejaba, dejando en la orfandad a dos hijos, ahora jovencitos.

A 23 años cumplidos del asesinato de Colosio el pasado 23 de este mes, mucho más habría más que añadir a este que fue uno de los episodios más estremecedores de la vida interna de la política mexicana. Un asesinato que salpicó de miedo y lodo a la sociedad entera; pero también evidenció lo obtuso de las mentes designadas para “investigar” lo sucedido. El desfile de explicaciones patéticas y absurdas terminaron por ser tomadas con el característico humor mexicano hasta diluirse en la indiferencia y en la incertidumbre económica que se dejó sentir en aquel 1994, cuando, apenas terminado el periodo Salinista, se empezaron a sentir los resultados de falsos logros que tanto se habían propagado. Ernesto Zedillo Ponce de León ascendió a la presidencia, escribiendo otro capítulo más en la historia de México. Capítulo de agudas crisis financieras de magnitudes internacionales, y en medio de ello, la consabida repartición de culpas entre el presidente saliente, Salinas de Gortari y su sucesor , el que fuera Jefe de campaña de Luis Donaldo Colosio. Uno y otro se echaban culpas de la situación financiera .

Hoy, la memoria trae a colación todos esos acontecimientos que fueron coadyuvando al deterioro que estamos viviendo. El cinismo se pasea sin pudor alguno. La impunidad tiene el poder. Convive allí donde se toman las decisiones de un país que rebasa los 120 millones de habitantes. Acuerdos y cochupos entre los actores principales de los partidos políticos se establecen. Se reparten puestos y al país mismo. En tiempos de elecciones los unos salen a mencionar las vilezas de los otros. Y luego a ser los de siempre. Y nosotros también.

Mientras tanto, allí están los expedientes esperando ser releídos, rescatados para que las cosas ocupen el orden y lugar que deben hacerlo en la vida de un México que requiere, como tantos más que se han ido acumulando, claridad en los hechos.

Juego siniestro es esto de la política. Siniestro y vil, que busca su justificación en la simpleza de “todo por el poder”; pero que evidencia la parte más negativa de gobierno y sociedad. Desde allí, desde ese tablero tricolor enlodado con la frivolidad como se usa el poder y deber , se continúan manejando las piezas del ajedrez teñidas de rojo sangre y negro luto.

Ayer como hoy.

Nota:

Las palabras se replegaron este 24 de marzo. Se quebraron ante la noticia del asesinato de la periodista Miroslava Breach Velducea. Tres periodistas asesinados en lo que va de marzo.

Silencio…dolor. Silencio…indignación. Silencio…impotencia. Silencio…oración.

Caen las letras . Las recojo. Las uno. ¡Basta ya, por Dios! ¡Basta ya!

México empobrecido…México envilecido.

Correo: zaragozacisneros.jovita@gmail.com

Vámonos, Niniane, vámonos. Claro, no sin antes mencionar al valiente Mireles.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario