Y nos dieron la una… las dos… y la próxima

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Por. Jovita Zaragoza Cisneros.

Si al interior de la república, en los estados con elecciones para los mil 365 cargos de representación popular (Gubernaturas, Alcaldías y diputaciones federales), se registraron todo tipo de actos deplorables, cargados de violencia física y verbal inimaginables entre los contendientes, en la ciudad de México no fue diferente. Las deslealtades y artilugios que usaron los partidos durante las campañas para elegir a los Constituyentes, fueron de antología.

La lucha más feroz por tener la joya de la corona que representa la Ciudad de México, estuvo en manos de PRD y MORENA. Hasta ayer por la tarde, todavía se acusaban mutuamente de lo que usted guste y mande y con un marcado abstencionismo de votantes, la ciudad mostró poca actividad en las calles. Un recorrido por varias casillas de dos delegaciones, se constató un ambiente del desapego e indiferencia en un proceso cuya credibilidad estuvo cuestionada en cuanto a la transparencia de los llamados Constituyentes independientes.

A decir de don Sergio Aguayo, analista politólogo del Colmex la cifra de abstencionismo estimada era en el 80%. “Es lógico, votar por un “constituyente” ya seleccionado por los partidos es como contraer nupcias en la kermés del barrio”.

De modo, que ya se esperaba un escenario de poca participación. El hartazgo está presente en la población de una ciudad castigada por la naturaleza que arroja lluvia incesante, vientos atípicos; pero, sobre todo, castigada por las pasiones desatadas de los contendientes partidistas cuyas acciones rayan en el fanatismo salvaje.

Dice bien el periodista René Delgado en su artículo “La democracia fracasada” publicado este sábado en El Reforma: “ …Esta vez, se les pasó la mano. Autoridades, dirigentes partidistas y candidatos hicieron de los comicios una subasta de productos y un concurso de ineptitudes…Un elector con agua y drenaje vale un tinaco o/ y la condonación del adeudo por el líquido. Un elector con hambre, una despensa. Un elector sin posibilidades, una gorra y acaso una playera. Un elector con recursos, un contrato a la medida. Un elector marginado, unas láminas de cartón o una pipa de agua compartida. Un elector con puesto en la banqueta, un permiso de ambulante. Un elector con expectativa, una promesa. Un patrocinador, un gran amigo o socio”.

Finaliza su artículo: “Cruje la estructura política y electoral, hierve el malestar y falta por ver lo que sigue”.

–¿Qué sigue?

Hasta esta mañana, aquí en la ciudad, todo apunta al triunfo de Morena , así que agarrémonos fuerte y firme al piso, porque va a estar retumbando esta ciudad con los zapateados Tabasqueños de los morenos que, de ser confirmado su triunfo, festejarán por lo alto.

Si Niniane, parece que es lo único que les queda por festejar es el triunfo en esta Ciudad de México. ¿Parará allí todo? ¿El PRD se quedará tranquilito?

—Uy uy uy uy uy , no lo sabemos. Ya veremos cómo quedará esa llevada y traída Constitución.

EL PUEBLO QUE NO QUERÍA CRECER.

“ La perfección utópica está lejos de verificarse en la sociedad mexicana: aquí unos utilizan a otros y todos se usan mutuamente por medio del engaño, el poder y la fuerza, pero jamás en beneficio del conjunto social.” (Ikram Antaki 1947 -2000).

Esto que están leyendo, es apenas un fragmento del libro que su autora, la filósofa Siria radicada y fallecida en México, Ikram Antaki, publicara en 1996, después de 21 años de vivir en nuestro país en donde , al cabo de observar y convivir con nuestra cultura, escribió esta obra cuyo título es por demás sugerente. El pueblo que no quería crecer, es el título cuyo contexto político de entonces vale la pena repasar.

Si usted no lo ha leído, hágalo. Podrá no estar de acuerdo en mucho de lo que allí dice en relación a nuestra cultura; pero encontrará allí mucho de los claroscuros que conforman nuestro pensamiento y la forma como nos hemos estructurado y presente en este escenario que estamos viviendo. El aquí y ahora de nuestro pensamiento están allí retratados. Ese pensamiento difuso, que achaca todo al azar. Nuestra relación con los otros y con nosotros mismos.

Ikram Antaki, llegó a México sin saber nada de nuestro idioma. Ella solía contar un día decidió que viajaría a la parte más alejada de su ciudad natal, Damasco. Pero ¿dónde? ¿Cómo decidirlo? Qué el azar lo mandara, decidió tomando un compás y puso una de sus puntas en su de partida. Luego, abrió lo más que pudo el compás lo giró: Japón. Siguió girando y este le señaló México a donde llegó en 1975.

Cargada de un vasto bagaje profesional y cultural y una mirada aguda, incisiva, esta Antropóloga Social entró de lleno a compartir espacios con grandes personajes intelectuales de la época en donde debatía con su mente clara y critica franca. Pero fue con sus intervenciones en el entonces noticiero radiofónico con mayor audición d e la época el noticiero Monitor de José Gutiérrez con programas de análisis y reflexiones filosóficas, que el nombre de Ikram Antaki fue sonando a nivel nacional.

Polémica en sus observaciones, pero honesta y directa, se atrevió a opinar sobre hechos ya acomodados en la historia de nuestra sociedad mexicana y repetidos hasta volverse lugar común. Encendió las pasiones de los que revistieron el movimiento del 68 de hazañas reales y fantasiosas. “Sólo ella se atrevió a decir que los jóvenes de 1968 habían sido la generación más pobre en el México del Siglo XX… Sólo ella se refirió a los plebiscitos como un invento de los fascismos. ..Sólo ella dijo que la democracia no tiene cabida, ni en la familia ni en la escuela… Sólo ella resistió a la tentación de idolatrar al subcomandante Marcos…”.

ÁMBITO POLÍTICO DE SU LLEGADA

Cuando Ikram Antaki llegó a México faltaba un año para que Luis Echeverría Álvarez dejara el poder. El movimiento de 1968 estaba fresco aún en los hechos que conocemos como matanza de Tlatelolco.

Imperaba el “dedazo” presidencial. La figura austera, parca y oscura de Luis Echeverría subió al poder designado por Gustavo Díaz Ordaz. El sexenio de Echeverría estuvo marcado por su política represora contra todo lo que se opusiera a su régimen, inaugurando la llamada “guerra sucia” contra los movimientos armados subrepticios. En lo económico, se empezaba a gestar la crisis. Las acciones populistas para pretender ganar credibilidad lo llevaron a tomar medidas económicas basadas en mentiras.

Llegó luego López Portillo y sus veleidades empezaron a manifestarse al inicio de su sexenio. Un golpe de suerte sacudió a todo México ante un reciente descubrimiento de abundantes reservas petroleras en el l Golfo de México. El grito apoteósico de JoLoPo se escuchó por todos lados: “Tendremos que aprender a administrar la abundancia.” Obras públicas costosas, aumento del aparato burocrático y endeudamiento que se cubrirían con la venta del crudo. Todo auguraba riqueza. Los excesos y compadrazgos se paseaban en los Pinos. El sexenio cerró con un giro: los precios del crudo se cayeron estrepitosamente y con él la economía del país.

México estaba en una gran crisis económica cuando llegó Miguel de la Madrid cuya imagen era la antípoda del vivaz y megalómano JoLoPo. Como tibio y gris fue percibida por mucho de nosotros la imagen de De la Madrid quien dio paso a las primeras reformas tendientes a una apertura económica, privatización de paraestatales y reducción del sector público. Asomaba la nariz del Neoliberalismo.

En ese periodo se hicieron visibles actores políticos al frente de formación de nuevos partidos. Empezaron las alianzas de la izquierda, abriendo la ilusión del cambio y la esperanza de una repartición más equitativa de la economía y la promesa de una renovación moral que enfrentara con el problema de la corrupción que crecía y se acentuaba incontrolable.

Nada de eso se cumplió. La brecha económica engrosó y el fraude electoral al final de su sexenio en el que ascendió luego Carlos Salinas de Gortari es aún recordado. Sal en las heridas de un México agrietado, dolido, obligado por su Presidente de entonces, Carlos Salinas de Gortari a entrar a un mercado de libre comercio. Jóvenes que se formaban en Estados Unidos y sin un contacto con el puso social del México profundo. Un país, el nuestro, sin cabida en el intercambio del Tratado del libre Comercio con América del Norte. El país de los planes cortoplacistas, abundantes en recursos y desigual en la repartición. Pobres más pobres, ricos más ricos. La clase media tambaleante ya.

Voces del sur gritan. Encapuchados se enfrentan a ese modelo que hoy es retomado y está vigente. Asesinatos que nunca se esclarecieron. Colosio, Ruiz Massieu, el asombro y el desdoro total y absoluto. Caos.

Luego vino Ernesto Zedillo. No estaba contemplado como sucesor de Salinas, pero la muerte de Colosio le hizo ascender. El improvisado candidato, Zedillo, subió a la presidencia enfrentando la crisis más aguda de muchas décadas. México crecía en pobreza, en desigualdad y un ansía de cambio empezaba a visibilizarse. El ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN ganaba simpatía por todo el mundo, logrando los reflectores.

En medio de todo, el rostro de la alternancia logró el triunfo de gubernaturas y presencia mayoritaria en el Congreso. “Denme 15 minutos y arreglo el conflicto de Chiapas”. Bravucón, ranchero, carismático, “en botado”, ocurrente, las tepocatas, alimañas y víboras prietas, festejadas.¡FOX FOX FOX..!!! se escuchaba. El cambio venía a través del PAN, el partido conservador. Lo demás, ya lo sabe usted.

Fue en ese periodo, 1996, a 21 años de vivir en nuestro país, Ikram Antaki publica una de sus obras que si usted lee, verá porque viene a colación. Ese es, de manera sucinta, el México que a ella le tocó vivir y que inspiraron esta obra arriba mencionada.

Ikram Antaki nadó en las aguas más profundas de nuestra historia, de nuestros orígenes y a fuerza de observar lo mexicano dilucidó aspectos de nuestra nacionalidad que aquí están. En todos. Tan vivos como entonces.

“…¿cómo esperar que la cuestión jurídica sea resuelta cuando la cuestión moral no lo es? ¿Y cómo esperar que el problema moral sea resuelto cuando el mal ni siquiera se percibe como problema”.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com

Ya Niniane, ya sé. Mireles sigue preso. Y no se ve para cuándo salga. ¿Tres años más?

 










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