Vidas paralelas cruzadas

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Dos hombres maduros sentados en un bar. Beben sus tragos con suavidad y platican confiadamente. Agradable rumor de vasos y voces entre los claroscuros de la tarde que se va a pique. Son amigos del alma desde hace siglos, con vidas paralelas en sentido contrario. El perdedor le dice al ganador:

–Háblame de tus derrotas, no de tus triunfos.

–Precisamente haber ganado demasiado joven el campeonato. Fue una carga tremenda. Dejé de ser yo y pasé a convertirme en el otro de las circunstancias. Hasta que exploté. Tú sabes el resto. Pero volví a ganar, tú lo viste, limpiamente. ¿Y tú? Dime tus triunfos, no tus fracasos.

–Ah, mi mayor éxito fue mi caída en plena madurez. Eso me dio unos bríos enormes, como no te imaginas, templó mi espíritu, amplió mi perspectiva. Y desde entonces sigo luchando, y he vuelto a perder, pero al fin he comprendido que vivir es perder, y sin embargo hay que dar la pelea, por vano que sea. Eso he ganado con mi fracaso.

Y la noche se hizo chiquita y se perdió en la noche de los tiempos, con el peso del triunfo y la ironía de la derrota.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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