¿Vendrán cambios?

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Se acumulan agraviados,
Aumenta la corrupción,
No resultan castigados,
Gracias a la colusión,
Sigamos esperanzados,
Buscando una solución.

Nos hemos acostumbrado, porque así nos enseñaron, que cuando viene un cambio de año, las esperanzas se renuevan, los buenos propósitos surgen, desearle lo mejor a nuestros amigos y seres queridos es lo que se acostumbra y yo para no quedarme atrás, les deseo a mis lectores un año 2015 lleno de salud, de trabajo, de alegría y tranquilidad al lado de sus familias;

sin embargo, tengo que reconocer que una cosa son los buenos deseos y otra muy distinta es la percepción que tenemos sobre la situación futura del país, percepción basada en el deterioro creciente de nuestra calidad de vida, en el aumento en la inseguridad, en la corrupción creciente que se ha vuelto tan cínica, que aún teniendo todas las pruebas en la mano contra los delincuentes, especialmente los que están en el poder, quedan sin castigo por parte de las autoridades que deberían ser competentes, pero que en realidad reflejan una grave incompetencia o lo que es más grave, una sospechosa complicidad, que nos ha llevado a ser uno de los países con más alto índice de impunidad.

En los últimos años se han venido acumulando las atrocidades: Acteal, Aguas Blancas, Guardería ABC, Tlatlaya, Ayotzinapa, aprobación de reformas sin respaldo popular, actos de corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento explicable de funcionarios del más alto nivel, resoluciones absurdas del poder judicial declarando inocentes a los corruptos más visibles e impidiendo la realización de consultas populares en temas de trascendencia popular. El agravio del sistema no ha tenido límites ni preferencias geográficas, aunque se ha ensañado contra los más débiles y desprotegidos. Hay incontables resistencias y rebeldías por todo el país; sin embargo, la energía ciudadana se halla diluida, ya que está focalizada, dispersa y desconectada, pero cada vez hay más círculos de ciudadanos indignados dispuestos a llevar a cabo una rebelión ciudadana pacífica pero contundente.

La dimensión y gravedad de la situación que vive el país requiere no de meros cambios cosméticos como vuelven a sugerir los intelectuales del sistema sino de una sacudida mayor. El Presidente de la República dirigió hace unos días un mensaje de año nuevo a la nación, que reflejó su estatura política ya que no tomó en cuenta los sentimientos de tanta gente agraviada y se dedicó a presumir de sus logros, principalmente de la aprobación de un número record de reformas estructurales, la mayoría contrarias al interés del grueso de los ciudadanos y soslayó la falta de transparencia, el conflicto de intereses, el desprecio a los derechos humanos, la corrupción imperante en todos los niveles, la falta de aplicación de la ley, la vergonzosa impunidad, el castigo a los luchadores sociales en lugar de a los delincuentes, la existencia de personas “diferentes” (clase en el poder) con menos obligaciones y más derechos que el resto de la población y luego se fue, con casi todo su gabinete, a lucir todas estas linduras ante la Casa Blanca dejando el tiradero en la propia casa. Seguramente en los próximos días vendrán cambios en el gabinete para tratar de engañar a la opinión pública en el sentido de que se corregirán las cosas y los mal pensados dirán que los cambios los ordenó Obama.

El 2015 es un año político, llamado así porque se llevarán a cabo en junio próximo elecciones para renovar la cámara de diputados federal, la elección de gobernadores en 9 estados (incluyendo el de Querétaro), de 903 presidentes municipales y 639 diputados locales. Muchos analistas políticos prevén serios problemas para este proceso ya que por un lado hay varias zonas donde el crimen organizado está claramente infiltrado, sin que las autoridades estén previendo mecanismos para evitar que los candidatos surjan de esos grupos criminales y luego gobiernen esas zonas. Los crecientes grupos inconformes y agraviados están proponiendo mostrar un rechazo a la clase política, utilizando el “voto nulo”, el “voto anulado”, el “voto roto” o el no voto y seguramente surgirán nuevas propuestas en las próximas semanas.

Hay personas que le temen a la desobediencia civil, que es una forma de protesta pacífica. Yo le temo más a la obediencia civil, en la que la población obedece a los líderes políticos, cuando las cárceles están llenas de delincuentes menores, mientras los grandes criminales andan sueltos y siguen robando al país.

Llevo varias semanas tratando de articular una propuesta para enfrentar la problemática y ahora que leí, hace unos días la propuesta de Víctor M Toledo, columnista de La Jornada me sumo a ella. Él propone construir una convención nacional (http://www.jornada.unam.mx/2015/01/06/opinion) de resistencias ciudadanas con siete contingentes esenciales como los siete colores con los que la naturaleza teje un arco iris:

i) los estudiantes que tiene acceso al conocimiento y a la cultura (8 de cada 10 jóvenes están excluidos y hay 9 millones de ellos que tampoco encuentran trabajo);

ii) los maestros independientes y críticos, que es el sector más aguerrido del país;

iii) las organizaciones procedentes del campo (Congreso Nacional Indígena, cafetaleros, forestales, maiceros, etcétera;

iv) los empleados y obreros urbanos e industriales;

v) los movimientos urbanos de todo tipo;

vi) los ambientalistas, encabezados por la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales y

vii) los artistas, intelectuales, científicos, periodistas y trabajadores de la comunicación. Toledo señala que tejer una organización de esas dimensiones implica altas dosis de tolerancia, respeto, capacidad de negociación y altura de miras y supone arribar a un conjunto mínimo de demandas que den salida a las principales problemáticas actuales, y que abran un proceso de cambio radical pacífico, ya sea gradual o súbito y que todo está por ser construido en una perspectiva cuyo objetivo central debe ser el empoderamiento ciudadano en todos los espacios, dimensiones e instancias.

El artículo 39 de nuestra Constitución señala que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno” Mientras la gente busque, sueñe y luche, hay esperanza. ¿Usted qué opina?

guerincastellanos@hotmail.com










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