Utopía política

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 Familiares y amigas
AMLO PIDE EL PERDÓN PARA LOS ASESINOS…

Hace días se inauguró el Foro por la Pacificación y Reconciliación, organizado por Andrés Manuel López Obrador, ganador de la pasada elección presidencial, donde señaló que las victimas tendrían que otorgar el perdón a los criminales, pero no olvidar. Esta petición llamo la atención, cuando sabemos que el tema del perdón es en algunos casos, un asunto muy complejo, cada caso es diferente, y ante esto, surgen muchos puntos de vista; la solicitud de perdonar al asesino de un familiar me da la impresión de que el presidente electo, busca aligerar este complicado compromiso ante las familias que han perdido un ser querido, alegando en el futuro que las victimas ya perdonaron, y ahora es cuestión de mucha paciencia para ver llegar la aplicación de la ley.

Solicitar para los asesinos un perdón por decreto, no cabe en la realidad y más cuando la autoridad poco o nada ha hecho al reclamo de los afectados. En algunos casos el perdón quizá se podría otorgar cuando el victimario en un acto real de arrepentimiento solicite ante la familia el perdón. El tema es amplio, por ejemplo, en nosotros mismos, cuando el sentimiento de culpa nos agobia en asuntos principalmente familiares, y no entendemos que no somos culpables de alguna situación y más sí hay un pariente fallecido. Conozco casos en que la persona la culpa lo abruma y destruye su vida al atribuirse situaciones circunstanciales que supuestamente no se debieron haber aprobado o aceptado, el sentimiento de culpa es destructor. La solicitud de Andrés Manuel López Obrador de perdonar y no olvidar quizá pueda terminar con un efecto contrario a lo que busca el llamado, los afectados esperando la aplicación de la ley, y si esta continua ausente al paso del tiempo, lo más seguro que la calma que se estaba dando, explote y ponga en peores condiciones el reclamo. ¿Qué busca realmente el presidente? ¿El tema de la amnistía se seguirá enredando cada día más? Da la impresión de que se busca salir de un pantano y en cada movimiento que se da, se hunde más.

* Para darle claridad al tema del perdón, buscamos información para ir entendiendo, y encontramos unos comentarios de Walter Riso -agosto 12 del 2015.

LOS CAMINOS PSICOLÓGICOS DEL PERDÓN.

Acercarse al perdón es una experiencia que trasciende. Es como un proceso por el cual la persona se transforma y aliviana la carga negativa del rencor y los paradigmas más rígidos se transmutan en algo parecido al desapego. Simplemente te sueltas y tiras todo el odio por la borda hasta que el último vestigio de venganza desaparezca. El resultado de esta “revolución interior” es similar a una renovación esencial, una reestructuración donde el “yo” descansa y se reinventa. Para comprender el perdón hay que comenzar por su negativa: qué no es perdonar. Retirar “lo que no es” para que nos quede el núcleo duro de “lo que es”, su verdadera naturaleza.

Perdonar no es borrar la falta cometida. No se trata de dar “absolución total y radical”. No se puede deshacer la falta de un plumazo como si tuviéramos un poder sobrenatural. Nadie es capaz de borrar la memoria histórica y olvidarlo todo, por tal razón, perdonar no es una especie de amnesia que nos hace comportar como si nada hubiera pasado. El recuerdo de lo acaecido cumple una función adaptativa (por ejemplo: “¿Debe un niño olvidar el rostro del abusador que persiste en su afán destructivo?”) y certifica el respeto a las víctimas: “Deberíamos olvidar el holocausto o Bosnia-Herzegovina?”. Adaptación y responsabilidad ética: imposible renunciar a ellas.

Perdonar no es otorgar clemencia. No soy quien para decidir el tipo de castigo que debería tener mi ofensor, ni su intensidad: eso lo define una justicia estatal y organizada, a no ser que reclame venganza o la ley del Talión (“ojo por ojo”). Perdonar no es aliviar la pena o la condena, supone un paso más que un mero acto de jurisprudencia.

Perdonar no es sólo compasión. Es decir: el perdón no solamente requiere de cierta misericordia con el agresor. No es suficiente que el arrepentimiento del agresor genere en nosotros cierta solidaridad con su sufrimiento: el perdón también es una decisión, una virtud pensada y actuada, pero siempre razonada. Es un acto de la voluntad que va más allá del “contagio afectivo”. De hecho, puedo perdonar a una persona sin conocerla, puedo perdonar a los muertos y a quien ni siquiera se ha arrepentido. El perdón es un acto individual y personalizado. Insisto: una decisión de la mente, acompañada por el corazón.

Nos vemos en la próxima Utopía Política, sin olvidar que hoy más nunca, quienes trabajamos en medios comunicación, tenemos una gran responsabilidad de buscar información a la ciudadanía para entender que pretenden nuestros gobernantes, no hacerlo, ahí sí, no tendríamos perdón.

 










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