¿Usted qué haría?

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Los procesos electorales constitucionales se rigen por medio de leyes (no siempre claras) que norman todas las etapas, la previa a la elección, aquella que norma el transcursos de las campañas y posterior a la elección. Las reglas tienen medio de defensa que pueden usar solo aquellas partes que les otorga personalidad la misma legislación electoral. Hasta aquí no hay problema, casi todo está previsto por las normas que regularmente son creadas por los partidos políticos que participan en las contiendas democráticas, son los mismos políticos los que crean las normas que ellos consideran apropiadas para controlar, bajo el principio jurídico de la certeza, con otros más como la equidad, etc.

Al final del proceso, gana la elección el partido político que más votos acumuló o aquel que determina la autoridad jurisdiccional, después de agotarse los recursos jurídicos que se hayan promovido. Así de simple son las reglas de la democracia en un régimen regido por las instituciones.

Obtenido el triunfo por el partido político o partidos políticos (cuando van en alianza), solo es cuestión de tiempo el arribo al poder público para ejercer el mandato ciudadano, según la fecha que determinen la constitución y leyes reglamentarias. Una vez que se asumen el ejercicio constitucional del mandato popular, se entra en ejercicio de las funciones que las leyes de la materia determinen, regularmente contempladas en las leyes orgánicas. Uno de los primeros actos de gobierno de aquel que entra en funciones, se traduce en el nombramiento de las personas que lo acompañarán en la delicada tarea de gobernar para cumplir los compromisos plasmados en la plataforma electoral y aquellos que se hicieron durante la campaña, sumado al resultado del diagnóstico que arrojó la misma campaña, las necesidades detectadas, algunas que reclama la sociedad, otras más que son necesarias para fortalecer la estructura social en todas las materias inherentes a esta, como la salud, educación, seguridad, obra pública, etc.

Esta otra parte del trayecto que cursará el nuevo gobierno tampoco implica mayor problema operativo, salvo la delicadísima responsabilidad del nuevo gobernante de rodearse de personas capaces, preparadas, diligentes, capacitadas, honestas que siempre estén dispuestas a ayudar a la sociedad. Regla imprescindible que debe observarse en el ejercicio del gobierno: evitar improvisaciones.

Aquí parte del problema sobre la pregunta inicial de esta colaboración analítica. Al iniciar el nuevo gobierno, el mandatario se encuentra con la presencia de un gran número de empleados que fueron sus contrincantes durante toda la contienda electoral, contrincantes que hicieron hasta la imposible porque el nuevo gobernante perdiera la elección. Dentro de su nueva casa (solo temporal) hay una gran cantidad de empleados que dejaron, incluso, sus trabajos para irse de campaña y hacer todo tipo de proselitismo para que el nuevo gobernante no ganara la elección.

Vamos, muchos de esos empleados que ahora dependen del nuevo gobernante aportaron dinero (cuotas partidistas, para hacerlo bondadoso el análisis) para que este no llegara al poder, para que perdiera, esperando, por supuesto, que fuera su candidato el que triunfara y llegara al poder con la finalidad de que les permitiera continuar con sus empleos algunos o con sus “negocios”, otros simplemente pertenecen al partido político distinto al triunfador y por tanto no comparten sus ideales de justicia social y defienden la suya, la del “buen común”, la doctrina del opositor aquella que esperaron siguiera rigiendo en el nuevo gobierno.

En síntesis, que dentro de casa, el nuevo inquilino encuentra muchos enemigos, los cuales, por cierto, otros tantos empiezan a cambiar de actitud y a negar su pertenencia, otros más a justificar su actuación (que los obligaron) y arrojan todo vestigio que los relacione con el partido perdidoso; incluso empiezan las justificaciones en el sentido de que es su única fuente de ingresos y no los pueden despedir de su empleo.

En la nueva casa, que era ocupada por los contrarios, está atestada de opositores, hay cientos de ellos incrustados por todos lados, por donde se voltea, ahí está un contrincante; en todas las dependencias del gobierno, ahí están, en espera sigilosa y amenazante de que el nuevo gobierno fracase y tarde que temprano retomen el poder que les quitó la ciudadanía. Por cierto, durante 12 años los perdedores se dedicaron a limpiar la casa, echaron de ella a sus opositores que ahora triunfan y poco a poco pintaron todos (bueno, casi todos) los espacios, sobre todo aquellos de mayor importancia. Es más, aun lo siguen haciendo, los inquilinos que están por irse, aun continúan metiendo enemigos a la casa para hacer más difícil la tarea al nuevo morador, buscan amarrarle más fuerte las manos para dejarle poco espacio de maniobra y el tiempo sigue transcurriendo.

Así las cosas, amigable lector, ante este panorama tan delicado y difícil del nuevo gobierno (cualquiera que sea) ¿Usted qué haría?. ¿Dejaría al contrincante en casa o se deshace del él?. Sin duda interesantísima (al menos para mí) la pregunta y la decisión a tomar para cualquier gobernante en turno. La prioridad del gobernante debe ser el compromiso social que lo llevó al triunfo y para ello deberá rodearse de personal confiable, aunado a las virtudes del buen ser humano que tienen que cumplir todos aquellos que acompañen al nuevo mandatario.

Pronto veremos cuál fue la decisión de los nuevos gobernantes, esperando en todos los casos que cumplan cabalmente con los compromisos sociales que muchos de ellos no han podido ser satisfechos, a cambio del irresponsable y cínico derroche de recursos económicos que se dieron en los últimos años a cargo de los gobiernos que están por entregar el mandato constitucional. El pueblo habló: decidió por el cambio. Así de simple.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

No hay comentarios en “ ¿Usted qué haría?”

  1. Gonzalo Ruiz Posada dice:

    Acerca de esta situación una reflexión.

    Los rotativos acabaron con la libertad de expresión, al haber concedido la mayor castración del pueblo de Querétaro, al César Garrido Patrón, nadamás por el sexenio completito.

    Nada se pudo decir durante 6 años, Vichique era el gran sirviente y gestor de la propaganda a ultranza.

    Entonces era el chuPANevangelio, ellos eran la verdad y la vida.

    Como dijera el botas Fox, “nadamás veo un micrófono y me dan ganas de hablar”. Y saturaba el espacio radioeléctrico nacional con sus ocurrencias y sus dislates.

    Efectivamente Héctor, el aparato chuPANazul, se encuentra ensarapado, su yunque y demás grupos estarán al acecho, para minar, o para sobrevivir ante esta agudísima crisis que ellos mismos porhijaron.

    El problemás será de carácter y de convicción de la nueva administración, que requiere un equipo, primero con capacidad y segundo que no sea el filibustero de su propio capitán.

  2. LAURA ESTHER LIRA dice:

    LO QUE SIEMPRE SUCEDE ES QUE CADA TRIENIO , O CADA SEXENIO SEGUN CORRESPONDA , EL NUEVO FUNCIONARIO TRAE CONSIGO A SU EQUIPO , Y POR CONSECUENCIA LIQUIDAN A LOS ANTERIORES FUNCIONARIOS ,DEL MAS ALTO RANGO, Y MANDOS SUPERIORES Y ALGUNOS MEDIOS, A LOS QUE NO DEBEN MOVER ES A LOS TRABAJADORES OPERATIVOS, NO PODEMOS DECIR SINDICALIZADOS, PORQUE POR EJEMPLO GARRIDO TERMINO CON EL SINDICALISMO ENTRE LOS EMPLEADOS DEL MUNICIPIO, SOLO QUEDARON LOS DE INTENDENCIA.(OTRA MALA ONDA DE GARRIDO, Y LOS LIDERES CHARROS QUE LO PERMITIERON).AHORA ESTO ES DEL CONOCIMIENTO DE TODO AQUEL QUE SE LIGO UNA CHAMBA EN LAS CAMPAÑAS, ASI LES PASO A LOS DEL PRI HACE 12 AÑOS Y LA MISMA MEDICINA LES APLICARAN LOS DEL PRI A LOS QUE FUNCIONARIOS ACTUALES . DESEMPEÑAR UN PUESTO PUBLICO ,NO ES CHAMBA SEGURA ,ES NADAMAS LO QUE DURE EL TRIENIO O EL SEXENIO ,MAS O MENOS.

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