Una salida posible

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 crimen-organizado
Por José Javier Ledesma.

Para Julio Figueroa, amigo verdadero.

1. Un hecho es evidente: el país atraviesa por una profunda crisis de inseguridad. ¿Las causas? La criminalidad se encuentra fuera de control. Si bien es cierto que la corrupción data desde tiempos coloniales, es a partir de la instalación de los gobiernos neoliberales cuando la desmesura se vuelve sistemática, tanto por parte del poder público, como de los sectores empresariales. Unos y otros proclaman la misma consigna al unísono: ¡Enriquecerse en poco tiempo, sin reparar en pruritos morales! El tipo de crimen organizado que padecemos es el correlato exacto de dicho fenómeno. Como bien apunta Armando Bartra, el neoliberalismo -o capitalismo depredador como él lo llama- cambia la lógica con la que opera el capitalismo, al hacer de la extracción de rentas y de la explotación extrema y sin límites, su exclusiva razón de ser.

2. Paradójicamente, la denominada “transición democrática” multiplicó la corrupción, pues al perder la Presidencia su papel de eje rector (apoyado en un partido hegemónico), del sistema político, el país sufrió una suerte de feudalización, siendo entonces los gobernadores estatales los amos y señores en sus respectivas entidades. Y en ejercicio de ese nuevo poder que empezaron a detentar, no tuvieron empacho alguno en poner todo el aparato gubernamental al servicio de la delincuencia organizada a cambio de sus respectivas cuotas económicas. De tales negocios ha participado lo mismo priistas, panistas que perredistas. La ambición desbocada no respeta siglas partidistas, ni ideología política.

3. El sistema político mexicano fue establecido en 1929 por el general Plutarco Elías Calles, al crear el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que aglutinaba en su seno a toda la Familia Revolucionaria, de modo que las negociaciones entre los diversos grupos políticos surgidos de la Revolución se dieran pacíficamente. Pero es el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien lo consolida en líneas generales. El rasgo fundamental de susodicho sistema, fue la centralización del poder en la Presidencia de la República. Los caudillos y caciques regionales detentaban espacios de poder e influencia en sus territorios, sin embargo, el Presidente, era el Jefe nato de la nación. En eso no había discusión alguna.

4. Lo anterior tiene relevancia para lo que quiero exponer, en el sentido de que durante la mayor parte del siglo XX México vivió en paz merced, entre otros factores, ha que existía una serie de reglas y acuerdos entre la clase política monocolor y el crimen organizado, en el contexto de un régimen con un Ejecutivo fuerte. Tales reglas y acuerdos se cumplían, lo cual dio estabilidad al sistema político por mucho tiempo. Amén de que el crimen organizado estaba localizado en determinadas regiones (Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, principalmente), y focalizado en la siembra y trasiego de drogas con fines primordialmente de exportación. Es decir, el crimen organizado no tenía el alcance nacional que hoy tiene, ni se comportaba como se comporta actualmente. Existían límites impuestos por el Poder público, que abarcaban a todos los agentes sociales y políticos. Además, me parece percibir otra racionalidad de los políticos, puesto que no es lo mismo Jesús Reyes Heroles, Fernando Gutiérrez Barrios que Javier o César Duarte, personajes estos últimos que en 2012 el entonces candidato Enrique Peña Nieto los presumía como la “nueva generación de políticos priistas” (sic).

5. Cierto, el sistema político mexicano que hemos descrito grosso modo, ha desaparecido irremediablemente. Y el país demanda otro modelo político que le de gobernabilidad, en este caso, de carácter democrático. Pero algo podemos aprender de nuestro pasado en un punto esencial. O sea, es estrictamente necesario volver a poner límites tanto a la clase política como a al crimen organizado. Ambos deben comprender que no es licito hacer cualquier cosa. Y sólo veo una solución al respecto. Los límites a que me refiero ya no pueden venir del interior de la clase política, (está demasiado infectada de corrupción); ahora tales límites tienen que serles impuestos desde la sociedad misma a través de su auto organización y concientización de sus capas y sectores medios fundamentalmente, explotando con creatividad los recursos a su alcance: Internet, redes sociales, movilizaciones y protestas efectivas, de parte de los medios de comunicación comprometidos con la democracia, de la Organizaciones no gubernamentales, de las iglesias, de los empresarios inteligentes, de los Poderes Judiciales tanto locales como federales que asuman en serio su papel de garantes de la observancia del orden jurídico, y de la solidaridad de la comunidad democrática internacional. Requerimos tender puentes y apoyar las luchas de estos sectores mutuamente. Vale decir, los cambios que requerimos urgentemente, vendrán de la sociedad organizada, o no vendrán.

6. En política hay determinados momentos propicios para impulsar las transformaciones. Esa coyuntura bien puede ser las elecciones de 2018, a condición de que se creé un gran frente opositor que aglutine y exprese una alianza política y social amplia, entre los sectores arriba aludidos y la parte más sana de la clase política, quienes comprendan lo imprescindible e impostergable de una profunda reforma moral y política de México, así como la reorientación de su economía, dado que de continuar las cosas en el estado que se encuentran actualmente, el país no tiene viabilidad a corto plazo. En suma, impulsar una segunda transición democrática, como lo expresa Lorenzo Meyer (Ver Distopía mexicana, Ed. DEBATE, México, 2017).

7. Sólo si somos capaces de lograr tal hazaña, el sacrifico de Regina Martínez, Miloslava Breach, Javier Valdez, y de tantos otros periodistas honestos caídos en cumplimiento del deber, no habrá sido en vano.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

2 Comentarios en “ Una salida posible”

  1. Julio Figueroa dice:

    Estimado Javier Ledesma Lara:
    –Creo que es tu mejor artículo. El punto 5 es clave y no parece fácil articular a la sociedad desarticulada y desde ahí poner límites al poder y a los malandros, dentro y fuera de las clases políticas y económicas dominantes.
    –¿Cómo encontrar, crear e inventar la salida ciudadana por México frente a los oscuros poderes políticos, económicos y criminales?
    –¿Cómo articular la sociedad desarticulada y dar cauce democrático al malestar social frente a la atmósfera de fieras que quiere tragarse al país?
    –¿Cómo construir y encontrar esa salida social ciudadana, no de la clase política en el poder que sólo desea perpetuarse en el poder?
    –Escribe Javier, con lucidez y humildad, dubitativamente.
    –Saludos desde abajo. Julio. Domingo 28-V-2017.

  2. José Javier Ledesma dice:

    Julio, pones el dedo en la llaga. Justamente las preguntas que te haces, son las preguntas que deberiamos hacernos todos como sociedad. Proponer respuestas y someterlas al examen público. Ir construyendo las salidas y soluciones que los problemas del país demanda. De ello depende, entre otras muchas cosas, creo yo, nuestro futuro.
    Gracias por tomarte el tiempo de leer mis pobres ideas.
    Fraternalmente
    Tu amigo siempre leal
    José Javier Ledesma Lara.

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