Una de peatones

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El último viernes de marzo por la noche, iba caminando de prisa pues se me hacía tarde para llegar a la reunión que tenía con un grupo de amigos. Al pasar por la esquina de Juárez con Guerrero me detuve un instante, esperé, el semáforo se puso en rojo. Sin embargo, al taxista no le importó.

La mayoría de ellos tienen en su mente la idea de “vuelta a la derecha es continua”, aquello de “con preferencia al peatón”, simplemente les vale madres. Hice un acto imprudente y en lugar de detenerme para que el “servidor público” pasara, me metí en su camino levantando la mano a media altura, indicándole que se detuviera. Lo hizo y le dije que el semáforo estaba en rojo. Su respuesta fue maravillosamente cínica: ¡¿Qué tiene que esté en rojo?!” Fue inútil tratar de reclamarle sobre la preferencia del peatón, los automovilistas detrás empezaron a sonar su claxon.

Continué mi camino molesto y pensando en la estupidez que cometí, es decir: estos pseudo conductores son unos gandayas, de lo contrario no actuarían así; ¿Qué caso tiene entonces perder el tiempo discutiendo?; Al mismo tiempo me respondía, mentalmente, alguien tiene que decirle algo a estos imbéciles.

Ésta es mi forma de hacerlo, desde este espacio les exijo ¡Basta ya, respeten a los peatones, no sean cobardes! Echarle encima un vehículo de cientos de kilos a un desprotegido ser humano, equivale a poner a un jugador de futbol americano a que tacleé a un niño de 4 años.

Siempre he creído –tal vez de una manera muy ingenua- que la lectura puede y debe servir para cambiarnos, para ser mejores personas. Lo anterior lo digo para que, en caso de que este artículo sea leído por uno de esos conductores, reflexione su forma de actuar.

Ah, no lo olvido, sé perfectamente que también existen peatones muy imprudentes. Sin embargo, eso no cambia nada. No deben pagar justos por pecadores.

Ojalá aquí hubiera terminado todo, pero no: en menos de 100 metros llegué a otro cruce, ahora entre Juárez y Allende. El conductor se detuvo al ver el color rojo, pero no le importó quedar sobre la línea peatonal. Caminé un poco más y me detuve en la esquina de Juárez con bulevar Hidalgo. Aquí simplemente no hay forma civilizada de atravesar, los vehículos llegan de Juárez en ambas direcciones. Sólo te queda meterte a “la brava” o esperar el remoto caso de que alguien te ceda el paso.

Finalmente llegué a mi reunión y mis compañeros me vieron tan molesto que preguntaron sobre el porqué. Mi respuesta, que pretendió ser irónica fue: “Tomé mi automóvil y en todos los semáforos se me atravesaron los pinches peatones imprudentes. En esta ciudad se tiene que prohibir que la gente camine, deberían entender que es por su propia seguridad”.

Mi siguiente odisea a pie fue en la tarde-noche del primer viernes de abril. Caminé del centro de San Juan a la esquina de Ave. Central con Ave. Moctezuma. Al atravesar la primera, lo tienes que hacer muy rápido pues los amables conductores aceleran como si estuvieran en una autopista y, claro, los que vienen de Moctezuma voltean a su izquierda para ver que no vengan carros y aplicar la mencionada vuelta continua a la derecha, siempre sin respetar al peatón. En conclusión, para no estar hablando de lo mismo, en este sitio urge un puente (peatonal, eh, no como el que hace unos años pusieron para los vehículos y que luego quitaron. Jajaja, el gobierno siempre procurando servir al automovilista, nunca al peatón). Sí, sí, ya sé, me van a decir que luego las personas no los usan. Pero insisto, urge el puente ya que cruzan varios niños que salen de una escuela primaria vespertina. Por supuesto, los hijos de los políticos no tienen que sufrir esto, ellos cuentan con vehículos de lujo y hasta chofer.

Uffff, creo que terminé poniéndome muy dramático y pesado. Mejor me despido con, espero, humor (¿De cinismo total?): En la revista “Chilango”, del mes de marzo de 2011, el caricaturista Solís hizo las siguientes recomendaciones para los peatones que se cruzaran por “el hábitat del CARROCERONTE”:

1. Tomar en cuenta que estos organismos sufren de daltonismo acomodaticio, por lo que el rojo del semáforo NO garantiza que se detengan.

2. no se fie de ningún tipo de tope, estos cumplen la función de perfeccionar sus habilidades de salto y equilibrio.

3. Por ningún motivo le vea directo a los ojos. Como sucede con otras bestias esto lo toman como una provocación.

4. No se atreva a poner un pie debajo de la banqueta, eso les provoca calambres en el acelerador.

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Twitter: @amezquita_oscar










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