Un proyecto de largo alcance. El Che Guevara y la dirección económica cubana.

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En la primera semana de octubre de 2019, un mes histórico para nosotros como latinoamericanos y de aquellos pueblos que desafían el neoliberalismo existente, surgió el compromiso y el reto de dar a conocer el pensamiento revolucionario del Che Guevara, sin caer en el error de su apología (tanto romántica como genocida) ni mucho menos reducirnos a una exposición complaciente, estéril, acrítica, de su concepción socialista de nuestra América.

Retomaremos el ritmo perdido y recordemos nuestro objetivo, que es la generación de esa “perspectiva histórica mundial y de un programa político internacional”, que ya existen como tales, pero que también deben y necesitan influir en la creación de una tradición revolucionaria en nuestro continente, no sólo traducida en la organización militante sino también en el estudio y apropiación de toda la cultura que ha producido la humanidad para delinear los caminos múltiples para la construcción de esa sociedad nueva que, en su época, Marx vislumbró como comunismo científico.

Continuando con las distintas facetas que caracterizaron al Che durante la Revolución Cubana, su experiencia como Ministro de Industrias arroja cierta luz sobre la posibilidad histórica de que el pueblo cubano transitara de una sociedad dominada por el monopolio económico hacia una sociedad de la abundancia planificada, pero también caracterizada como una dictadura social del interés egoísta para reformularla hacia una sociedad de la solidaridad.

Entre los antecedentes de esta concepción socialista del Che en Cuba, nos remitimos a sus estudios críticos de la construcción del socialismo en la Unión Soviética. En el contexto de un país que salía victorioso pero arruinado de una guerra civil y la invasión de 15 ejércitos en diferentes zonas de la inmensa Rusia, la URSS se inclinó por la Nueva Política Económica que, en pocas palabras, permitía la introducción de un “capitalismo de Estado”, en que las relaciones sociales volvían a adquirir un peligroso carácter mercantil y, por tanto, se legitimaba esa cultura del “capitalismo de Estado” como ese camino histórico, universal y único para los pueblos de todo el orbe en su construcción del socialismo.

El Che criticaba profundamente a la NEP, impulsada por Lenin, no sólo como política económica que conducía a Rusia por un camino capitalista, sino también por el impacto profundo y duradero que tuvo ese pelicular atajo socialista en las mentalidades de los pueblos tan alejados de las condiciones culturales y políticas soviéticas.

Con la victoria de la Revolución Cubana de 1959, surgían condiciones históricas nuevas para la construcción del socialismo en América Latina: el primer país subdesarrollado, que corona su triunfo mediante la guerra rural de guerrillas y la organización urbana clandestina, cuya clase dirigente se constituyó en el campesinado y no en el obrero. Estos pocos elementos son ilustrativos para romper el dogma de la liberación nacional propuesta por el marxismo clásico, pero también para visibilizar, con los datos proporcionados por la historia, el tema de la transición socialista, un apartado que Marx y Engels apenas esbozaron, en parte, por la falta de una experiencia histórica concreta.

Junto con el estudio del pasado socialista, el Che también estudió la geografía, la infraestructura económica y social existente y el desarrollo técnico logrado en Cuba antes de la Revolución. Con estos datos propios de la historia cubana, el Che opinaba que la dirección económica de la isla debía tener un carácter centralizador.

Ese sistema cubano es conocido como Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), como una política económica que nació de las necesidades y exigencias de la Revolución Cubana, asediada por el bloqueo económico, las carencias de materias primas y piezas de fábrica importantes para impulsar su primera industrialización, los ataques terroristas de Playa Girón y el peligro nuclear para la humanidad que casi se desató con la Crisis de los Misiles.

El Che advertía que el SPF, pese a los logros alcanzados, no era un sistema definitivo, que debía alcanzar un mayor nivel de interacción con las necesidades y exigencias del pueblo cubano. ¿En qué consistía, a grandes rasgos, el carácter y los logros del Sistema Presupuestario de Financiamiento?

En principio, el Che hablaba de la necesidad de comprender y llevar a la realidad la idea del concepto de empresa como un conjunto de fábricas de una rama especializada de la producción. Por ejemplo, la empresa textilera con sus respectivas instalaciones de producción y así sucesivamente con la química, el azúcar, el petróleo, etcétera. Esto con el fin de reproducir las relaciones de cooperación social y de ayuda técnica entre las y los trabajadores de un mismo sector, impactando positivamente en la producción nacional pero también para la creación de las condiciones que permitieran formular un nuevo mercado socialista, en el contexto de una geopolítica marcada fuertemente por los Estados Unidos y la Unión Soviética, en que el intercambio de los productos no estuviera mediada por los intereses egoístas imperialistas sino por una solidaridad obligatoria del campo socialista hacia el Tercer Mundo, expresada en un intercambio de equipo técnico y militar, a precios justos, y considerado como una premisa mundial para aumentar la influencia socialista al resto del orbe (su discurso de Argel en febrero de 1965 resulta bastante ilustrativo de estos términos).

Con base en lo anterior, en Cuba se fomentó la creación de los Comités de Industrias Locales como órganos de la cohesión social que permitieran a las y los trabajadores cubanos identificarse con sus cuadros de dirección (definiendo el cuadro como el dirigente ejemplar de cada área productiva, política y cultural del Estado cubano). En pocas palabras, que todos se sintieran, real y efectivamente, como miembros de “una gran fábrica” que contribuyera al bienestar del pueblo cubano. El Che calificaba la conjugación del interés social con el individual como un principio característico de una sociedad socialista.

Los principios de dirección económica también tenían un lugar en esta transición hacia el socialismo cubano. Entre las prácticas de trabajo promovidas por el Che, en su cargo como ministro de industrias, está la organización de juntas informativas, con los viceministros de las empresas existentes del país, para rendir cuenta de informes generales sobre la producción del país. Se trataba de institucionalizar un control democrático cada vez más amplio, que respondiera a los principios de calidad, surtido y cantidad de los productos en el mercado cubano.

Aunque hasta ahora se ha expuesto una clara superioridad del Ministerio de Industrias por sobre la lógica de trabajo de las empresas cubanas, el Che siempre insistió en que la empresa debía regirse como el “centro fundamental de la dirección de la producción”, que se independizara del ministerio para lograr una mayor eficiencia organizativa dentro de la industria correspondiente. Estos nuevos hechos, por supuesto, trataban de ser fieles al principio de dirección económica, con una marcada tendencia a ampliar su democratización entre las masas.

Lo anterior va ligado al siguiente elemento característico del SPF: la política de cuadros. Un cuadro es definido como un dirigente político ejemplar, encontrado al nivel de las instituciones culturales, económicas y políticas del país, capaz de analizar las condiciones particulares en que se desenvuelve el desarrollo de su área.

Se trataba de fomentar la formación de esta clase de dirigentes como impulsores de sus ramas a cargo y hacer realidad, en palabras del Che, la creación de una gigantesca escuela de cuadros, cada vez más arraigados en todo el pueblo cubano como una cultura de la superación, del desarrollo de la personalidad propia, como requisito del desarrollo de la personalidad de la sociedad en su conjunto. El Che, por ejemplo, promovió la creación de una Escuela de Administradores no sólo para el ministerio sino también para ser instalados, lo más pronto posible, en las áreas claves de la economía cubana.

Otros dos elementos a considerar son el desarrollo científico técnico y el trabajo voluntario. En el primero, el Che se adelantaba a su tiempo para trazar las futuras líneas de desarrollo de Cuba, entre ellas, la mecánica fina, la electrónica y la automatización. Esto es resultado de su investigación del estudio de las tendencias mundiales del capitalismo, en donde éste aplicaba los más recientes adelantos tecnológicos a escala global, pero con el propósito de aumentar la explotación del Tercer Mundo.

Advirtiendo de sus características positivas y negativas (la energía nuclear para abastecer las necesidades mundiales y la bomba atómica como el arma de destrucción masiva de la especie humana), el Che señala la necesidad de integrar estos avances tecnológicos y cibernéticos en los procesos de dirección cubana, con el fin de diagnosticar, en tiempo real, los progresos y errores detectados en la producción industrial, química, etcétera.

En cuanto al trabajo voluntario, es necesario mencionar que, dentro de la concepción socialista del Che, su objetivo supremo fue la eliminación de la enajenación del hombre mediante el trabajo capitalista. En ese sentido, el trabajo voluntario también se institucionalizó como una vía (para el Che, como una categoría económica del socialismo) de liberar al hombre de la mentalidad que empujaba al hombre a trabajar por el impulso de un salario, sin mayores beneficios que el limitado horizonte de llenar su estómago. Con el trabajo voluntario, como otra extensión del trabajo realmente libre, se promovía el levantamiento de escuelas, la construcción de barrios y la asignación de personal gubernamental en aquellas áreas carentes del mismo, como la descarga de mercancías internacionales en los puertos cubanos, la labor realizada en las profundidades de una mina o cortando caña con un tractor.

Todos estos elementos integran el Sistema Presupuestario de Financiamiento cubano, de forma dialéctica y cuyas acciones sean recíprocas unas con las otras, como se ha tratado de ilustrar. No obstante, entre los errores identificados por el Che, se advertía de un aumento de las prácticas burocráticas que impedían cumplir los planes económicos en tiempo y forma; la mecanización personal de algunos principios del SPF, por ejemplo, del trabajo voluntario, en donde el Che acepta que éste perdía su carácter social para convertirse en una rutina gris. Él mismo admitía observar su propio reloj casi de forma obsesiva para finalizar la larga jornada.

Aunque el SPF realmente parecía integrar, de forma dialéctica, los principios económicos con los principios democráticos, deja muchas lagunas en cuanto al tratamiento del desarrollo de una cultura nacional que abarque, justamente, fenómenos cotidianos con un claro contenido ético y político para desarrollarse entre las masas. Un ejemplo claro desde nuestro siglo XXI, es el feminismo como proyecto educativo que tiene un merecido lugar a considerar dentro de la experiencia histórica de transición hacia el socialismo, con un alto contenido democrático, de justicia social y derechos humanos, aunque recordando que el SPF no era la política económica definitiva de esa particular transición cubana al socialismo y debía continuar su evolución, congruente a las tendencias mundiales que impactaran a Cuba a través del tiempo.

Aquí queremos destacar la importancia, la necesidad y la obligación del estudio histórico de ese socialismo que ha existido, pero al mismo tiempo, la apertura de nuestra mirada analítica sobre los hechos y circunstancias del presente; la economía política y la política económica siguen demostrando su validez en estos tiempos neoliberales de privatización de servicios y criminalización de la vida.

Si Ecuador hubiera emprendido su marcha hasta la conquista de la toma del poder (otro tema para abordar) necesariamente se tendría que remitir al estudio crítico de esa economía latinoamericana, pero también a la aplicación creativa de una política económica que reivindique las necesidades de esas nacionalidades indígenas por la defensa de la tierra, de la asunción de una nueva productividad asumida por las y los trabajadores y la creación de una nueva juventud como una de tantas vanguardias de la revolución socialista ecuatoriana.

El marxismo no es un dogma sino una guía para la acción, pero también agregaríamos, como un reto a todas luces, la estimulación de una filosofía de la praxis latinoamericana. El Che Guevara, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, José Martí, Antonio Guiteras, (y no sólo Marx, Engels y Lenin) son sólo una muestra de todo ese pensamiento americano, de toda la cultura de nuestra América que es necesario estudiar, criticar y asimilar como propios para comprender la nueva época que se desborda peligrosamente con los ejércitos y la prensa al servicio del neoliberalismo, pero que también empujan a los pueblos del mundo a su propia liberación, desencadenando dos, tres… muchas guerras civiles que, en última instancia, responden a la crisis orgánica de esas sociedades de clases que se reproducen hasta hacer estallar sus contradicciones, principalmente entre la existencia de una minoría dominante que ha llegado al límite de su dominación y las masas que han despertado de su larga hibernación opresiva.

Edgar Herrera










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