Un hilito negro

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 Ernesto_Ruvalcaba

Conforme va uno creciendo va aumentando la lista de nombres significativos en nuestro entorno: los familiares y los de la escuela, los culturales y los políticos, los vecinos, artistas y deportistas, nacionales y mundiales.

Y más allá de la mitad del camino de la vida la lista negra de nombres desaparecidos empieza a llenarse vertiginosamente.

Crece sin cesar la hilera de los difuntos conocidos, maldecidos y entrañables, fila en la que todos estamos formados, sin distinción alguna, buenos y malos, rojos, negros y blancos.

Al final llegamos todos a la misma encrucijada. Absolutamente nadie se escapa. Un hilito negro nos une.

Viene esto a cuento por otro amigo muerto, estrictamente de mi generación, los nacidos en los 50. Y la lista comienza a ser abrumadora. Muchos nombres amigos y conocidos son ya sólo fantasmas. Ya no existen, salvo su obra, su nombre y su espíritu en nuestro aliento. Hasta que igual nos toque partir. Y ojalá otro espíritu recoja algo de nuestro aliento. Es la cadena del ser y la vida.

Eusebio Ruvalcaba, melómano y escritor, 1951-2017.

Como melómano decía que sólo había venido al mundo a escuchar música, especialmente a Brahms, su favorito; ¿y como escritor?

Lo conocí cuando no era escritor, y aprendió recio y muy bien el duro oficio: preciso, estricto, seco, sin humedades ni estridencias. Fue uno de los mejores en lo que escribió. Lo seguí de lejos y siempre que me lo encontraba me entusiasmaba su escritura. Desgraciadamente no tengo sus libros a la mano para recordarlo mejor. Sólo evoco aquí su poemario Atmósfera de fieras, su primer libro prologado por el poeta y filósofo, amigo y maestro Enrique González Rojo, y su novela más conocida Un hilito de sangre. Y su autoentrevista “Hasta nunca” (gracias a Eduardo Olivares, Laberinto 713, 11-II-2017, p. 8). Un autorretrato y una pintura cultural con bisturí. Liga: http://www.milenio.com/cultura/laberinto/eusebio_ruvalcaba-hasta_nunca-autoentrevista-eduardo_entonio_parra_0_900510117.html

Lo frecuenté poco y dejé de verlo desde el siglo pasado, pero era un referente seguro y siempre que me lo encontraba en alguna publicación leía con gusto y provecho sus artículos, avatares y aforismos. Creo que dejó un buen hilito de palabras.

–Escribir, conectar las cosas que nos rodean y elevarlas mediante la palabra, provocar la reflexión.

Palabras del propio Eusebio Ruvalcaba, escritas por él en voz baja y pronunciadas por nosotros en voz alta, en su memoria:

–Uno de los trabajos esenciales de un escritor es ser un enlace entre lo que sucede a su alrededor y la palabra escrita, de tal manera que provoque una reflexión en quien lo lee. Creo que cuando un escritor logra esto, algo se gana. No soy de la idea de que la literatura cambia muchas cosas, pero sí de que obliga a la reflexión… –escribió en alguna parte quien murió a los 65 años.

Y eso que parece poco, Eusebio, puede ser mucho: transmitir y elevar la vivencia-experiencia cristalizada en palabras estrictas y aladas.

No dejes de mandar señales.

Algunos viven o vivirán gracias a ellas.

(Próxima cápsula: “La herencia de Eusebio Ruvalcaba”. Gracias).

 










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