Tres retos de la izquierda en Querétaro

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Para que la vida pública en Querétaro goce de los equilibrios propios de un modelo democrático, es necesaria la presencia vigorosa de la izquierda. En nuestro comentario anterior, notábamos que en sus días de gloria la izquierda llegó a gobernar los municipios de Tequisquiapan y Arroyo Seco y en una elección presidencial alcanzó el 25 por ciento de la votación estatal. Pero junto a esos picos altos hemos visto a una izquierda a punto de la extinción. Como parte de esos altibajos, la incursión de Morena en la última elección reconfiguró el panorama político local. Lanzó al PRD al cuarto lugar y consiguió arriba del 6 por ciento de los votos.

La historia interior de la izquierda local podríamos imaginarla como una alternancia entre esfuerzos encomiables de unificación y actos eficaces de autodestrucción. Mientras otros partidos (el PAN, por ejemplo) han asumido, incluso estatutariamente, que la ropa sucia se lava en casa, la izquierda se solaza en la exacerbación del debate al grado de que parece resultarle placentera la lucha fratricida.

Me parece que la izquierda debe formularse una pregunta esencial. Debe preguntarse si realmente quiere el poder o si se siente más cómoda en la periferia de las plurinominales. A partir de esta pregunta podríamos reflexionar en torno a tres puntos.

Primero, si le interesa realmente el poder tiene que entrenarse en el arte de sumar. Sumar en varias direcciones. Si está en la competencia electoral es porque, eso se entiende, quiere avanzar en posiciones de poder. Y en las elecciones los triunfos se alcanzan con votos, no sólo con buenas razones. Y si sólo uno de cada diez votantes se siente seducido por la izquierda, tiene el reto de seducir al menos a dos más de cada diez para efectivamente entrar a la disputa grande. Si hoy los votantes andan en otros carriles tiene que pensar en cómo jala hacia su carril los votos que necesita.

En los ámbitos institucionales a los que tiene acceso hoy la izquierda, sumar implica negociar políticamente. No basta con negociaciones cupulares, como la que el PRD hizo el año pasado con el PAN para la elección extraordinaria en Huimilpan, que acabó perdiendo. ¿Sobre qué base negociar? Sobre la base de la pertinencia de las políticas públicas. Los ciudadanos que simpatizan con la izquierda tienen derecho a intervenir en el destino de los 30 mil millones de pesos que administra el gobierno del estado. Es sano entonces que los simpatizantes de la izquierda dispongan de un instrumento que les permita incidir en ello.

Hay que sumar también en los ámbitos de base. Hay que disputar simpatizantes a las fuerzas políticas que gobiernan. Pero, bueno,si muchos militantes de izquierda no confían en panistas o priistas, que forman la mayoría del electorado queretano, ahí están los abstencionistas, que representan el tercio necesario para disputar (y ganar) una elección.

Una segunda cuestión, como un ejercicio de autoconocimiento, la izquierda debe revisar su pasado reciente y analizar sus propios pasos. Los eficaces, pero también los fallidos. Para que resulte una práctica útil, necesita llamar a aquellos a los que ha llevado al poder, por la vía plurinominal o de mayoría, para sistematizar sus aprendizajes e identificar sus decisiones equivocadas. ¿En qué falló la izquierda cuando ejerció el poder? Por aquí puede iniciar el interés por el estudio fino de los procesos. Sólo el conocimiento del entorno nos indicará la ruta para encararlo adecuadamente.

Si le interesa el poder debe comenzar por un esfuerzo serio de cohesión, comprometerse en la ruta de la unidad. Debe dedicar más atención al entorno que a sus ruidos intestinales. Reservar la energía que se destina a la autofagia para enfrentar al adversario real. Pensar en una amplia coalición social. Hablar a los prosélitos no entraña reto alguno: los compañeros o se apapachan o se pelean. Adoptar una visión de conjunto, de amplias miras.

El acto de sumar, finalmente, está vinculado con un complejo problema, que es justamente el de la precaria confianza entre ciudadanos. Es frecuente encontrar en la izquierda exigencias de pureza. En la acción política no hay pureza y ha de tratarse con ciudadanos reales, no con ciudadanos imaginarios. Los ciudadanos reales son portadores de vicios bochornosos, y entre ellos podemos encontrar a los proclives a burlar la ley y a evadir el fisco. Pero con ellos se tiene que tratar.

Debe empezarse por desarrollar habilidad para la escucha del otro distinto. Sucede con frecuencia que al otro no lo escuchamos, y si le ponemos atención es para ver en qué resbala, o mientras lo escuchamos estamos mascullando la refutación. Es necesario desarrollar un ánimo de fraternidad. De respeto al otro. De aprender a reconocerse en la mirada del otro. En un esfuerzo de humildad, la izquierda debe tomarse en serio la fraternidad, ese olvidado tercer principio de la revolución francesa.

De lo contrario, las fuerzas tradicionales o los independientes la acabarán rebasando.










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