TRAS LA VERDAD “PÚLPITO PRESIDENCIAL INOCUO”

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Una vez más, por enésima ocasión, escuchamos al Presidente de la República, desde el púlpito presidencial, exhortar a los delincuentes para que se porten bien y les hagan caso a sus mamacitas. Definitivamente el Presidente López Obrador, no parece ni actúa como jefe de estado, más bien adopta el papel de pastor, dirigiendo sus mensajes religiosos a la feligresía de su iglesia. Mensajes moralinos. Por supuesto, la clase delincuencial ni lo ve ni lo oye, simplemente nadie le hace caso y los delitos aumentan, se multiplican. Más grave aún, cuando también escuchamos al mismo Presidente, dar la orden a los elementos del Ejército Mexicano, a los marinos y a todo el personal de las fuerzas policiales, a no hacer uso de la fuerza para someter al orden a los delincuentes, a los cuales también califica de pueblo y por lo tanto su gobierno no los reprimirá ¿Estará bien de sus facultades mentales el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos? Precisamente el Estado es el único ente público que monopoliza el uso de la fuerza púbica para mantener el orden público; pero no, los delincuentes no pueden, no deben ser sometidos por la fuerza, el Presidente pretende convencerlos con la “elocuencia” de sus discursos moralinos. Esa actitud presidencial, además de indebida, es ilegal, él tiene la obligación de mantener el orden y no lo hace, en aras de la injustificable mentira, de no reprimir al pueblo.

¿Sabrá el Presidente Andrés Manuel López Obrador, la extrema, salvaje e irracional violencia que se difunde por medio de las redes sociales, en las que de forma explícita, los delincuentes matan a sus contrarios? ¿Lo sabe o no lo sabe? Esas personas, delincuentes, definitivamente son enemigos públicos del pueblo; carecen de todo principio ético y humano. Entre ellos presumen la saña de cómo asesinar a sus contrarios, bajo horrendas torturas, las cuales no puedo describir por el terror y nauseas que causa el solo observar y escuchar la manera tan tremenda en cómo eliminan a sus oponentes (ejemplos entre ellos de su sadismo), los cuales, según la apreciación política del Presidente, los perversos son pueblo. A ellos, a los torturados y asesinados, nadie los defiende; el Presidente ordena no reprimir a los delincuentes porque también son pueblo. Insisto, en las redes sociales circulan videos que generan verdadero asombro y terror ¿Qué le pasó a ese pueblo noble de mexicanos de apenas hace algunos años? ¿Con becas y dinero hará cambiar a esos delincuentes? ¡Por supuesto que no! Presidente, los sermones son para las iglesias, no para un jefe de estado, como lo es usted; eso lo olvida, lo borra de su mente Andrés Manuel. Pretender hacer creer al pueblo mexicano que López Obrador es un humanista y por ello no actúa en contra de los “terroristas” de los grupos organizados de delincuentes, por ser pueblo, es un tremendo y grave error que sigue costando infinidad de muertes y amenaza con seguir creciendo, dado que, fuera de control ya está. Ningún delincuente ha declinado por los exhortos de López Obrador, por el contrario, se han envalentonado ante la ausencia de la autoridad ¿Cómo convencer a las madres de muchos de esos delincuentes que jamás van a volver a ver a sus hijos? ¡Ya fueron asesinados! Ese pueblo de delincuentes debe ser sometido al orden público, detenerlos, procesarlos y sentenciarlos de por vida a cadena perpetua tras las rejas.

Si el Presidente no ha visto esos escalofriantes videos, valdría la pena que se los mostraran. O bien, que en una de sus conferencias mañaneras exhibiera públicamente los horrores que cometen esos delincuentes que llama al orden por medio de sus mamacitas, para que se porten bien, seguramente el pueblo bueno, no el malo, se le echaría encima reclamando, exigiendo se actúe con toda la fuerza del Estado, ponga mano dura y someta al orden a esos miles de delincuentes que no creen en la palabra de Andrés Manuel López Obrador y sí, en cambio, esa gavilla de delincuentes sin principios, destruyen a velocidad inmoderada el endeble tejido social día a día, precisamente ante la real y objetiva falta de autoridad que imponga el orden y cumpla con su obligación que le mandata la ley. No hacerlo, como hasta ahora lo confiesa el mismo titular del Poder Ejecutivo, más bien parece contubernio con la delincuencia para que pueda actuar con absoluta impunidad ¿Para qué una Guardia Nacional si no la deja actuar? ¿Para qué una Policía Federa, si el principal detractor de los policías es el mismo Presidente de la República y su Secretario de Seguridad? ¿Para qué todo un ejército y la Marina, si no los dejan actuar? A todos se les ha ordenado no hacer uso de las armas, de no reprimir; en tanto que la delincuencia, sabedora de esas instrucciones del Presidente, abiertamente enfrentan a todas las fuerzas castrenses, armadas y policías, para colmo, vencen a la autoridad sea con piedras, machetes, palos o armas de fuego de grueso calibre. Así es imposible imponer el orden social que reclama el pueblo bueno y el gobierno está obligado a brindar seguridad y orden. En la práctica, sucede todo lo contrario. Entre tanto, desde el púlpito presidencial solo atina Andrés Manuel López Obrador, a llamar a los delincuentes para que se porten bien y respeten a sus mamacitas ¡Así no se gobierna Presidente! ¿Para eso quería gobernar? Todo indica que el fracaso del gobierno de la 4T, es inminente, pero los daños son a costa de la inseguridad de todos los mexicanos. La apatía, falta de cumplimiento a las normas, la ignorancia y la ineptitud para gobernar, son omisiones, cuya naturaleza se preña de corrupción señor Presidente y, por si no lo sabe, también se castigan. El púlpito presidencial es para las iglesias, no para el gobierno laico, como lo es el de México, lo prescribe la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Héctor Parra Rodríguez.










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