TRAS LA VERDAD “MENTIRAS, ENGAÑOS Y EMBUSTES DEL GOBIERNO LOPISTA”.

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Mentiras, engaños, embustes y más, son elementos de manipulación política para acceder al poder público. El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, mientras en campaña ofreció sacar al ejército de las calles, ahora como titular del Poder Ejecutivo, hace todo lo contrario y no cumple lo que ofreció a todos aquellos que votaron por él.

Cuando derivado de los problemas le es conveniente al Presidente, éste echa culpas, no quiere responsabilidades, tampoco aparecer como incompetente en el arte de gobernar; es mucho más sencillo acusar a quienes no pueden defenderse, no hay la menor posibilidad de contrastar sus dichos con aquellos quienes no tienen la tribuna de la presidencia y a los reporteros cubriendo sus mentiras. Los responsables de todo lo malo son los “Fifís”, los conservadores, los gobiernos neoliberales.

Este día Andrés Manuel López, adelanta que será un militar en activo, un General, el que se haga cargo de la seguridad pública en el país, por medio de la nueva figura orgánica denominada Guardia Nacional. Mientras los promocionales radiofónicos del Senado presumen que el titular de ese organismo será un civil, en la práctica será un militar. Impera la intransigente voluntad del Presidente. Muchos años afirmó en campaña López Obrador que el Ejército ya no estaría en las calles, que lo regresaría a sus cuarteles. Ahora que pretende gobernar (no sabe gobernar), pidió a los a los legisladores que le autorizaran durante su mandato seguirse apoyando del Ejército y la Marina, para continuar combatiendo la inseguridad. Y el nuevo organismo que se hará cargo de la seguridad pública, quedará conformada fundamentalmente con militares y elementos de la Policía federal, que pasa a ser la Guardia Nacional ¿Dónde quedaron las promesas de campaña? Y así muchos afirman que López Obrador, recibió el mandato para cumplir lo que ofreció en campaña. Resulta incongruente, una verdadera mentira, un fiasco político al ofrecer una cosa y hacer otra totalmente diferente. No se puede criticar al Presidente, de inmediato es calificado todo aquel que no lo apoye como “Fifí”, conservador, sea quien sea cae en el otro extremo de sus ideas. Incluso la misma prensa que lo critica resulta conservadora; forma de pensar, antidemocrático del Presidente, limita la libertad de expresión y difusión, aunque de manera por demás hipócrita diga que respeta las opiniones disidentes a él, que los medios tienen la libertad de publicar todo lo que quieran, que no serán reprimidos como en los gobiernos neoliberales ¿Acaso hay congruencia entre lo que dice y hace? ¡Por supuesto que no! Resulta enfermiza la mitomanía compulsiva. Están conmigo o en contra de mí; no hay más opciones, el Presidente resulta radical en sus posturas mediáticas y agresivas.

Están en proceso en ambas Cámaras legislativas, las leyes secundarias que darán vida orgánica a la Guardia Nacional. No requerirán para nada a la oposición, la tramitología para crear leyes secundarias no exige mayoría calificada, basta la simple mayoría para aprobar lo que les venga en gana. De tal suerte que, si López Obrador gobierna con Morena, la única responsabilidad en materia de seguridad pública del ámbito federal, es de ellos y nadie más. Procesarán las leyes secundarias a placer. Por lo pronto, la inseguridad pública se encuentra desenfrenada, como si se tratara de una caballada desbocada que nadie es capaz de controlar. Tanto Andrés Manuel como su alumna Claudia Sheimbaum, justifican su ineptitud culpando al pasado de todo; si hay delincuencia, es culpa de los conservadores, ellos crearon a las grandes bandas de delincuentes a falta de oportunidad de trabajo y educación; por eso el populismo de regalar y regalar dinero público para que ya no haya delincuencia. Falso de toda falsedad. No habrá dinero suficiente para saciar la apetencia de la delincuencia que actúa a placer ante la incapacidad de los responsables de evita que ello suceda. Secuestros, homicidios, robos, asaltos, feminicidios, homicidios, todo al alza en el gobierno de la Cuarta Transformación, hasta la criminalidad sube; pero ellos no son responsables, son los conservadores que dejaron al país hecho un desorden ¿Entonces para qué quería gobernar si no tiene la capacidad para ello? Así es el rampante populismo en todas partes del mundo y en México no es la excepción, lo estamos viviendo y sufriendo. Ante la falta de apoyos institucionales, incluso los miembros de las fuerzas de seguridad son vilipendiados, golpeados, vejados por los delincuentes, simples particulares y organizaciones sociales que no quieren vivir en orden, acostumbrados al caos que les ofreció el gobierno de López Obrador; total, su gobierno no los va a reprimir, el gobierno no está para reprimir al pueblo, dice el Presidente; mientras el sabio pueblo, aquel que votó por él, haciendo de la suyas, está seguro está que nada les pasará.

Difícil labor tendrá el militar en activo que sea nombrado como titular de la Guardia nacional, usarán balas de goma, no podrán reprimir al pueblo, deberán respetar los derechos humanos del delincuente, no podrán lastimar al delincuente ni con el uso de las esposas. Será una policía de mentiras, de juguete, de membrete. Me imagino a los policías de la Guardia Nacional, dando abrazos a los delincuentes, en lugar de balazos ¿En qué país se tiene esta política de estado en materia de seguridad pública? ¡En ningún país del mundo! La fuerza legítima del Estado, se cimenta en el poder público, ellos están obligados a utilizarla para imponer y reestablecer el orden; para eso se instituyen los cuerpos de seguridad en el pacto social, precisamente para proteger al ciudadano, darle garantías de que no sufrirá daños a manos de la delincuencia para que libremente pueda desarrollarse o caminar con seguridad en las calles, sin el temor de ser secuestrado o que lo asalten a plena luz del día. La delincuencia bien sabe de la tibieza del gobierno de López Obrador, por eso se ha incrementado alarmantemente el índice delincuencial. Y mientras el país se le va de entre las manos al Presidente de la República, este se divierte a diario contando historia de béisbol a los reporteros de los medios de comunicación, construyendo castillos en el aire.

Cada vez más coinciden calificadoras financieras, el Banco de México y otras instituciones, que no habrá el crecimiento económico que enfáticamente ha prometido López Obrador, por el contrario se pierden empleos a falta de seguridad pública y jurídica, como ha sucedido en la frontera de México con los EUA, han bajado las ventas de vehículos, no hay generación de empleos; pero el gobierno obsequioso se la pasa repartiendo el dinero de los impuestos, con la justificación de ser en beneficio de los que menos tienen, de los olvidados. Otros expertos han diagnosticado que habrá decremento económico por culpa de las políticas populistas; regalan dinero y no hay generación de riqueza ¿Qué país puede soportar semejante dispendio? El caos en todo su esplendor. Para colmo, ofrece empleos a los centroamericanos y no hay para los mexicanos. Vamos de mal en peor, en caída libre y Andrés Manuel López Obrador, empecinado en seguir hundiendo a México, en destruirlo al igual que le está sucediendo a los venezolanos con el gobierno populista de Nicolás Maduro, son de la misma escuela del desorden. Este fin de semana hubo, como nunca en la historia de México, un enorme apagón de energía eléctrica en 3 Estados del sur de México y la culpa de ello fue la quema de pastizales, según el experto del Director de la CFE, Manuel Bartlet Díaz. Antes no culpó al gobierno de Donald Trump, a quien, por cierto, le sirven de tapete: “Amor y paz” con el Presidente de los EUA, dice López Obrador, mientras aquel agrede, ofende deliberada e impunemente a los mexicanos ¿Es este el gobierno que esperaban los mexicanos? Tal vez aquellos que votaron por él sí; pero no los 60 millones de mexicanos que no lo apoyaron y no apoyan las mentiras y políticas de papel en el imaginario del gobierno populista. México va de mal en peor y la oposición adormilada por el “nock out” que recibieron en las urnas, aún no saben qué les pasó por encima, seguramente el Tren Maya que tampoco existe; pero López Obrador sí pretende destruir la selva del sur de México, en el loco afán de un capricho.

Héctor Parra Rodríguez

 

 










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