TRAS LA VERDAD “LÓPEZ OBRADOR PROMOTOR DEL ENCONO SOCIAL”

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Un día después del enésimo informe del Presidente de la República, en el Zócalo capitalino, en la conferencia “mañanera” de ayer lunes, volvió a la cargada en contra de aquellos que no comulgan con su política de destrucción; descalifico las marchas que en 14 estados de la República Mexicana, llevaron a cabo miles de mexicanos hartos de la violencia y el desmantelamiento del Estado, del debilitamiento de las instituciones constitucionalmente autónomas. A todo aquel que no aplaude las decisiones presidenciales, de inmediato es calificado como conservador, reaccionario, corrupto y demás epítetos con que ha venido calificando a sus detractores desde su toma de posesión. Para después decir que es respetuoso, que respetará las libertades de manifestación y de expresión ¿Respetar? Su obligación es cumplir la Constitución que consagra esos derechos humanos y en su caso brindar protección cuando son vulnerados esos derechos. El Presidente no está para respetar, está para cumplir la Constitución y leyes secundarias. A un año de distancia y de incumplir con muchas de sus promesas, cuando ofreció cumplir un tanto una vez que tuviera el presupuesto en el bolsillo o medio año para dar resultados en el combate a la delincuencia, reducir la violencia, vuelve a darse el mismo, otro año más; así se la llevará cada vez que no cumpla sus promesas, pero antes justifica y echa culpas. El Primer Presidente en la historia que deriva su responsabilidad en terceros que ya no gobiernan; aunque esa política le da resultado y sus seguidores continúan confiando en las promesas; otros más felices por recibir dinero de los programas sociales, muchos más confían en que los medios de producción pasen a manos del “pueblo”. Andrés Manuel López Obrador, utiliza y manipula el concepto “pueblo” para hacer de las suyas, engaña a quienes de buena fe han depositado su confianza en el Presidente, al asegurar que el pueblo manda, el pueblo decide, cuando en realidad quien todo decide es él mismo, sin tomar en consideración al pueblo, bajo su concepción, el pueblo es el mismo López Obrador, él es quien “encarna al pueblo y al poder del Estado”, pero hace creer que las decisiones son del “pueblo”, por ello, ese pueblo se siente feliz, feliz, feliz, pensando que ellos son los que decide, manipulación social perversa; una vez que fue electo López Obrador, él es quien tiene la potestad legal para decidir, vivimos en un régimen representativo y el Presidente, nos guste o no, es quien nos representa, debe cumplir con el mandato constitucional, por eso es una falacia que sea el pueblo quien decide, cuando las decisiones son tomadas por López Obrador de manera unipersonal y no por el pueblo.

Se trata de un juego perverso de la semántica de las palabras, así mantiene su popularidad y el apoyo de ese sector social que se ve beneficiado por sus programas de obsequios monetarios mensuales o bimestrales. Hasta hoy le ha funcionado la siembra del encono social que ha plantado en aquellos mexicanos con mayores necesidades, así como de aquellas sabandijas que se ven beneficiadas con trabajos bien remunerados, ya que no han requerido tener mayor conocimiento en la actividad que desempeñan, no más del 10% del 100 que se requiere para cualquier otro empleo, así lo ha reconocido el mismo Presidente de la República, es su política de contratación.

Aquellos ciudadanos y ciudadanas que se movilizaron en marchas en 14 estados de la República mexicana, incluso los que apoyan a López Obrador, están en contra de la extrema violencia que se ha desatado desde el inicio del gobierno de la 4T; tan solo en el pasado mes de noviembre, se registraron 2,370 homicidios dolosos; el domingo 1º de diciembre, 127 homicidios en el territorio nacional; casi 35 mil homicidios en el primer años de gobierno. Cualquier mexicano sensato debe estar harto de la situación. La economía estancada, el crecimiento del Producto Interno Bruto, en ceros. No hay creación de empleos, no hay inversión privada ni pública. La República va directa a la banca rota; estos y muchos más problemas, no son causados por el “pueblo”, claro que no, son causados por la mala política del Presidente de la República, es fácil engañar a quien quiere ser engañado, no así aquel ciudadano pensante y reflexivo, ese y millones más que no salen a las calles, son los que se manifiestan inconformes con la situación que priva en el país, situación creada por Andrés Manuel López Obrador; pero, el mismo Presidente, experto en mentir (lo ha demostrado con creces, no lo digo yo) hace creer a sus seguidores que todo es problema de los conservadores, de aquellos que no “aplauden”, sin dificultad el mismo López lo reconoce en sus conferencias de prensa, cuando se muestra agradecido con “pseudoreporteros paleros”; en contraposición, el mismo Presidente ofende a todos aquellos que lo cuestionan y no le aplauden, los descalifica, no sin antes reiterar: “con todo respeto” y va el golpe, para después aseverar que garantiza el derecho a disentir, como si se tratase de una graciosa concesión presidencial. La política del encono hasta ahora le ha dado buenos resultados para conservar la simpatía de sus seguidores, así lo prueban las tendenciosas encuestas que arrojan increíbles resultados, como la aprobación a sus políticas, cuando las decisiones (también las omisiones son decisiones) presidenciales han causado muertes y problemas muy serios a la economía personal de millones de mexicanos y la quiebra nacional, con nulo crecimiento, entre muchos otros. El encono como herramienta política de López Obrador es buena, le ha dado resultado; como fin para dividir a los mexicanos es perversa.

Héctor Parra Rodríguez










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