TRAS LA VERDAD “GOLPE DE ESTADO VIRTUAL DEL NARCO¡TRAICIÓN A LA PARIA Y DELITO GRAVE!”

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Por segunda ocasión, en una semana, cuando el Presidente de la República, pierde en tiempo en inútiles ceremonias que solo sirven para promoción política, la delincuencia doblega al Estado por medio de la fuerza de las armas. La primera se dio en el Estado de Michoacán; cuando López Obrador presumía el “punto de inflexión” de la caída de los delitos de homicidio, en esos momentos emboscaron a elementos de seguridad pública y masacraron a 14 policías, más los heridos. El Presidente hacía gala de no más masacres, no más violencia, “no al combate del fuego con fuego”. Se impuso la delincuencia organizada de esa zona., hoy lloran 14 familias por la pérdida de sus familiares.

El Presidente pronto olvida las afrentas al Estado, desprecia las muertes de los empleados de gobierno que asesinan en el cumplimiento del deber, protegiendo a la sociedad, mas insiste vehementemente que su gobierno no actuará con violencia, en contra de los violentos, sin importar los daños que causen. Otra afrenta y más grave. Cuando con júbilo festejaba López Obrador el inicio de la construcción de su aeropuerto, en tierras del Estado de México; en esos momentos, en el Municipio de Culiacán, Sinaloa, “con sigilo”, el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, operaban la detención del hijo del Chapo Guzmán, Ovidio, acción autorizada por el mismo Presidente de la República. Por cierto, Ovidio también es reclamado por los EUA, para someterlo a la justicia norteamericana. Durante el discurso presidencial, apenas había fustigado a los “conservadores” en su ceremonia de inauguración, los culpaba del retraso en la construcción de la obra, en su alocución presumía haberlos vencido judicialmente (con trampas); terminado la ceremonia de la vanidad, de inmediato se trasladó al sur del país en sus vuelos “comerciales”; en esos momentos se daba la fallida operación de detención, originando tremenda balacera, quema de vehículos, bloqueo de calles y avenidas, asesinatos por armas de fuego, en tanto los sinaloenses se refugiaban en todas partes; a lo lejos se divisaban los incendios, desde el mar también se apreciaban las columnas de humo, parecía zona de guerra, escenas dantescas. Los integrantes de la banda del Ovidio, pronto se organizaron y cercaron a todas las fuerzas armadas, los refuerzos delincuenciales llegaron pronto, mientras que las fuerzas del Estado se vieron superadas en todos los sentidos, desde la estrategia para el combate, hasta en armamento. En unas cuantas horas el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fue vejado y humillado, vencido por la delincuencia, a grado tal que, por orden Presidencial tuvieron que liberar al detenido, dejaron ir a Ovidio Guzmán. Circunstancial o no, en el momento de la refriega escapaban reos de la cárcel de ese municipio, hicieron un gran boquete en una de las paredes por donde se fugaban los presos; abrieron otro frente de distracción. Entregada la plaza, rendido el gobierno de la Cuarta Transformación, Ovidio se fue de inmediato y nadie supo que camino tomó.

Ante el “desorden institucional” en el ámbito de la seguridad, el Secretario del ramo se trasladó de inmediato a Culiacán, así como los Secretarios de la Defensa y Marina; mientras López Obrador, sin poder movilizarse, su equipo de trabajo le buscaba el vuelo más inmediato para regresar a la capital de la República, en tanto que la Secretaria de Gobernación, también se encontraba de gira por el sur del país. Todos los burócratas “fuera de base”, así que los delincuentes los “apalearon, les dieron vergonzosa paliza”. En absoluto descontrol, lo único que atinó a ordenar el Presidente de la República, fue la liberación del detenido, sobre quien pesaba orden de aprehensión. La estrategia de detención fue una pésima jugada. En pleno día, en lugar público y con la familia se encontraba Ovidio, así que los operadores de la orden pusieron en real peligro la vida de muchas personas, todo por carecer de estrategas. Los novatos en seguridad pública y cumplimiento de órdenes de aprehensión, improvisaron, volvieron a perder; la vergonzosa falla costó la entrega de la plaza, se rindieron, el Estado doblegado por el crimen organizado, de rodillas cedió a la presión de la violencia y cobardemente cedió López Obrador, escudándose en la justificación de no derramar más sangre, así que dio la orden de entregar al detenido. En México, bajo el gobierno de la Cuarta Transformación, se repite la historia de Colombia, de los años 80as con Pablo Escobar, el terrorista que llegó a dominar la política en su país, también controlaba a las fuerzas armadas y policiales, al igual que dominaba al poderoso cartel de Medellín ¿Alguna semejanza?

Lo ordenando por el Presidente de la República, al haber liberado al delincuente que era reclamado por la autoridad judicial, suma otro delito de tantos que ha cometido Andrés Manuel López Obrador, en los casi 11 meses de gobierno. No existe excusa legal para la acción de autoridad que ordenó ejecutar; tampoco existe causa excluyente de responsabilidad, pretender justificar que dejaron en libertad a un delincuente, a razón de evitar males mayores, no hay prescripción legal que lo ampare, se debe considerar como coparticipe del delincuente; bien o mal, habían detenido a Ovidio, el cual fue dejado en libertad por orden presidencial, ese acto indudablemente que es un delito, López Obrador, no puede seguir bajo el manto protector del fuero constitucional; López Obrador, ha cometido traición a la patria y delito grave. Las dos únicas excepciones previstas en la Constitución, por las que procede incoar procedimiento en contra del Presidente de la República. El Fiscal General, Alejandro Gertz Manero, tiene expedita la acción de la justicia para iniciar carpeta de investigación y solicitar a la Cámara de Diputados el juicio de procedencia por delito en contra de Andrés Manuel López Obrador, ejercitar acción penal en su contra para ser sometido al imperio de la ley. La confesión presidencial pública, constituye prueba plena para demostrar la culpabilidad del Presidente de la República. Ya basta de tantos abusos y atropellos a la Constitución de Andrés Manuel López Obrador, quien, en el extremo del incumplimiento intencional de la ley, ordenó entregar la plaza a la delincuencia organizada, esta, a su vez, doblegó al Presidente, al gobierno de la República; ese acto voluntario es y se llama alta traición.

Héctor Parra Rodríguez










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