TRAS LA VERDAD “FUERA DE BASE Y OUT”

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Una vez más López Obrador quiso robarse la base, lo tocaron y “out”. Eso le sucedió ahora que visitó ayer sábado el nuevo campo de béisbol de Toluca, Estado de México, sede del equipo de los Diablos Rojos del Toluca. Se presentó a la inauguración y fue abucheado por el respetable, los chiflidos no se hicieron esperar y los gritos de “fuera, fuera, fuera”, cuando el Presidente hacía uso de la palabra. No lo dejaron hablar.

Le dieron la misma receta que él ha dado a los gobernadores de oposición, con la enorme diferencia que no se trató de un acto político. Le fue peor que cuando sus grupos de morenistas organizan los eventos de abucheos en contra de los gobernadores, en sus visitas a los estados. Para no romper la tradición de echar culpas y ofender a quien no le aplaude, el Presidente de la República no tardó en calificar a la porra de aficionados de “fifís”. Peor le fue en la rechifla, después de haberlos ofendido.

Esta clara actitud del “pueblo sabio” (los aficionados también son pueblo) de rechazo al Presidente es una realidad que muchos medios de comunicación pretenden ocultar o disimular; más aquellos que se dedican a la “encuestitis a modo”, en las que siempre aparece López Obrador, con una sobrada y exagerada aceptación del pueblo. La mayoría de los medios de comunicación impresa, si bien no pasaron por alto los abucheos y rechiflas al Presidente, la nota periodística la tamizaron, más de alguno la despreció. No cabe duda que cada quien observa su propia realidad y la difunde como le place o le parece que debe ser dada a conocer, pasan por alto la objetividad, la veracidad; allá el pueblo que califique. Una realidad de rechazo que no puede ser ocultada.

Las redes sociales se encargaron de difundir lo sucedido y las críticas del pueblo en las redes otro tanto. “Benditas redes sociales”, sin las cuales los mexicanos no se enterarían de muchos sucesos que acontecen en nuestro México. los medios televisivos abusan de ellas y extraen la información de las redes para hacerla suyas. Otros navegantes de las redes sociales de inmediato hacían las comparaciones sobre los más de 300 millones de pesos que regaló el Presidente (del presupuesto público) destinado al juego del béisbol y la desaparición de las Estancias Infantiles. Así la historia se fue escribiendo con miles y miles de mensajes en las redes sociales, en rechazo a la política populista de López Obrador. Por supuesto, no se pasó por alto la agresión verbal del propio Presidente de la República a la afición del béisbol al calificarla y denostarla como “fifís”. Muestra clara de la animadversión presidencial a todo aquel que no le aplaude y “comulga” con sus ideas ¡Esta es una realidad inocultable!

¿Hasta cuándo el Presidente va a cesar su aversión en contra de aquellos que no le aplauden? El mismo Jefe de Estado, continúa promoviendo con fervor religioso la división del sabio pueblo, entre los buenos (aquellos que lo siguen con los ojos cerrados) y los malos, quienes que no le aplauden y lo critican. La obligación del primer mandatario es impulsar la unidad nacional, promover con acciones y palabras la solidaridad entre los mexicanos, participar en las acciones de concordia, la armonía, la cohesión, la amalgama del pueblo para fortalecerlo; más no la confrontación a la que está acostumbrado como candidato en campaña. Olvida Andrés Manuel López que las campañas electorales y no electorales (después de 18 largos años de andar en ellas lo afectaron) hace mucho terminaron. Ahora es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos (unidos) y entre sus múltiples obligaciones está la de promover la esa unidad nacional. En la mente de López Obrador, sigue gravada la idea de continuar en campaña para no perder popularidad, por eso no se dedica a gobernar, solo a gastar el dinero. Su actitud belicosa es por demás reprobable; mucho más cuando usa el poder del estado para combatir a los disidentes.

En poco más de 100 días de gobierno de López Obrador, el pueblo está cansado de la empecinada y reiterada actitud presidencial en continuar dividiendo a la sociedad entre buenos y malos. Y así busca afanosamente la “disfrazada reelección” por medio de su ratificación en el cargo de Presidente de la República, a través de la (des)figura de la revocación de mandato, aquella que pretende trastocar en su esencia misma y se le apruebe el Senado de la República, atendiendo a su caprichosa voluntad. Así no López Obrador, así no. El Presidente no solo busca cambiar el régimen y está en su derecho si el pueblo en su enorme mayoría lo apoya, no solo con el 30% de los votantes, mucho menos con una minoría del electorado, según busca por medio de su iniciativa que deforma a la Constitución. Así no señor Presidente, así no. Tiene que cambiar de actitud y sus acciones populistas. Una nación no avanza con simples obsequios (dinero) otorgados a los que más lo necesitan, a los desprotegidos, a los desvalidos, a la clase social más pobre a la que tanto defiende. Una nación avanza con la creación de empleos, con inversiones, con trabajo, con educación, con salud, seguridad social y jurídica; sobre todo, con seguridad pública para el pueblo. De todas estas acciones se ha olvidado señor Presidente, le ha dado mayor importancia a dividir, a acusar sin pruebas, a inventar historias, a culpar a otros de sus fracasos y sus mentiras, a prometer y no cumplir ¿Y cómo cumplir con todo ello si su gobierno se llenó de arribistas, improvisados, traidores e ineptos? López Obrador se preparó para ser un excelente candidato para las masas sociales más necesitadas, convenció con su discurso de la corrupción cuando él salió de ella y ha sumado a muchos corruptos a su equipo; más nunca se preparó para ser un buen Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Este sábado pasado el Andrés Manuel López salió “ponchado” del juego de béisbol en el estadio de los Diablos Rojos del Toluca, y cuando intenta robar la base, lo tocaron: “out” automático. Deseable que el Presidente de la República cambie su actitud belicosa por acciones de pacificación con el pueblo, le aplauda o lo critique, no deja de ser el “sabio pueblo”.

Héctor Parra Rodríguez










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