TRAS LA VERDAD “AMLO NO PIENSA CAMBIAR NI CAMBIARÁ”

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A diario asecha el peligro, nadie sabe que se le ocurrirá al Presidente de la República, ha dado muestras de sobra lo poco que le importa el respeto al Estado de Derecho y el respeto a los derechos de terceros. Bajo su miope concepción del Derecho Positivo mexicano, él aplica su criterio y lo disfraza de justicia, de acuerdo a sus intereses. Es capaz de dar instrucciones a sus subordinados para que incumplan con la Constitución y después desaparecer las evidencias que prueban su culpabilidad, lo ha confirmado el Ifai, no hay documentos que prueben lo que presumió en una conferencia mañanera, todo por darle gusto a los grupos radicales del magisterio enquistados en la CNTE, quienes se dolían de la pérdida de canonjías. Como este hay muchos otros ejemplos que dan muestra del ejercicio de un gobierno despótico, desprecia todo aquello que no va acorde a los intereses personales del Presidente de la República.

Señales evidentes de la radicalización y abuso del poder que se esconde bajo la justificación de combatir la corrupción y los malos gobiernos neoliberales, lo mismo combate a empresarios que califica de corruptos, que a periodistas, medios de comunicación, instituciones y empleados que son despedidos por supuestas ineficiencias, adelgaza al sector burocrático como medida de austeridad, pero a la vez contrata serviles empleados que no se opondrán a la voluntad presidencial y aplaudirán cualquier medida que tome Andrés Manuel López Obrador. Luego muestra su “bondad” hablando de la Biblia, mezclando religión y política como cualquier estado islámico; solo le falta argumentar que todo lo que realiza es en nombre de “Alá”. Con tremenda libertad de operación se maneja la Presidencia de la República, mientras avasalla con instituciones creadas para contener y moderar el ejercicio del poder público. Instituciones públicas creadas con años de esfuerzo para evitar abusos, son desdeñadas y desacreditadas por la “voz cierta e inquebrantable” del Presidente.

Consecuencia de todos los abusos manifiestos del Presidente de la República, sin contrapeso político, apenas el Poder Judicial atisba a controlar el abuso de poder por medio de sentencias que son igualmente desacreditadas por López Obrador. El resultado de la pésima e inestable política del gobierno de la 4T, las fuentes de empleo se contrajeron, la inversión pública por los suelos y la privada con el temor de participar ante la enorme incertidumbre que garantice el cumplimiento de los contratos que son rescindidos a voluntad presidencial. Toda la información de las calificadoras internacionales y la información local, es despreciada por Andrés Manuel López, lo que ha contraído el crecimiento del producto interno bruto el cual no alcanzará ni el 1%, resultado del voluntarismo sin respeto al Estado de Derecho. López Obrador, sin embargo continúa en campaña obsequiando dinero a manos llenas a sus seguidores arropados bajo el disfraz de “ayuda social” a los más pobres, a los olvidados, cuando que trata de asegurar su base electoral de 20 millones de beneficiarios para que ratifiquen el triunfo en las urnas de la siguiente legislatura federal y así continuar con la aplicación de sus caprichos, que le permitan seguir en el ejercicio abusivo del poder, aunque haya firmado ante notario público el compromiso de no buscar la reelección, acto notarial que carece de validez jurídica alguna; por cierto, de forma por demás cínica, el mismo Presidente López, después de firmar el apócrifo documento, afirma que cumplirá la voluntad de lo que el pueblo decida, luego entonces si el manipulado pueblo decide que se quede, él cumplirá ese deseo; más antes tiene que reformar la Constitución y esconder con “letras chiquitas” la trampa de la revocación de mandato que no es otra cosa que su ratificación para seguir en el poder. Al Presidente no hay que creerle, no respeta ni la Constitución, luego mucho menos todo aquello que es de menor jerarquía. México y los mexicanos en peligro de caer en un régimen semejante al venezolano, que gobierna a capricho, Chávez y Maduro, modificaron su constitución para perpetuarse en el poder, eso mismo pretende Andrés Manuel López Obrador, para México, situación por demás anómala que no puede permitirse, no debe permitirse. En los casi 8 meses del gobierno de la 4T, ha causado verdadero terror, cada vez la situación general del país empeora ante la alegría desbordada del Presidente que tiene un enfoque diferente de las cosas. Bien se puede apreciar, bajo un somero análisis por todo lo que ha pasado en estos meses fatídicos del ejercicio del gobierno morenista, que la clara pretensión de Andrés Manuel, es empobrecer al país para que él pueda gobernar con dádivas, dando de comer al pueblo de su bondadosa mano ¿Y la riqueza del país quién la producirá, quién pagará los impuestos? Por eso su necedad de sacar dinero de Pemex, para que sea su fuente inagotable de recursos y continuar con su política populista.

Está demostrado con creces, que Andrés Manuel López Obrador y su equipo, si se le puede llamar así, son incapaces de gobernar bien al país de poco más de 120 millones de habitantes. Nos lleva clara y abiertamente a la quiebra sin que los contrapesos del poder puedan contener su euforia anarquista. Una muestra clara de cómo doblegar a un abusivo presidente la ha dado el pueblo de Puerto Rico, se unió para exigir su renuncia ¿Acaso tendremos que llegar a ese extremo los mexicanos? Por lo pronto los desatinos presidenciales continúan cabalgando como los jinetes del apocalipsis, aquellos que generan: hambre, guerra, muerte, pero uno de los 4 jinetes dice no abusar del poder ni ser corrupto ¿Habrá algo de semejanza? López Obrador se ha manifestado un creyente de la Biblia ¿Ahí estará la respuesta? Así las cosas, el mismo López Obrador ha sembrado la división entre los mexicanos, la “guerra” está presente; falta de empleos, genera hambre; exceso de delincuencia produce la muerte, delincuencia incontenible y solapada por el gobierno de la 4T. Y el Presidente no se cansa de decir que no es corrupto ni abusa del poder ¿Alguna semejanza?

Héctor Parra Rodríguez.










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