Tiemblan los políticos

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Después de los sismos telúricos, esos mismos temblores parece ser que sacudieron las neuronas de los dirigentes de los partidos políticos, quienes del susto por la unidad y movilización social, esta vez pretenden sacudirse algunas causas que incomodan, que molestan sobremanera a los mexicanos: su gasto excesivo del dinero público.

Cual estampida, los dirigentes de los partidos políticos nacionales se disputan la paternidad de “donar” dinero producto de la imposición fiscal que llega a sus bolsillos en carretilladas; sin duda alguna es acto “deleznable” que rechaza la sociedad civil en su conjunto. Más no podía faltar el oportunismo de algunos de esos políticos de lucimiento personal, aprovechan el viaje y también quieren meter mano al bolsillo del dinero de gobierno federal y decidir sobre destino y recortes presupuestales; Andrés Manuel López y Ricardo Anaya, quieren condicionar los gastos del sector público; sugieren recortes en tal o cual programa, en estos y aquellos gastos. Seguramente ignoran que no son diputados federales y tampoco gobiernan, de tal suerte que no pueden meter mano a los destinos de los recursos públicos. Sucede que no quieren que el sacrificio económico solo sea de ellos, quieren hacer campaña política con dinero ajeno.

El PRI, por medio de su dirigente Enrique Ochoa, se les adelantó no solo con el rechazo formal de una parte del dinero que reciben del INE, habiendo presentado el pedimento por escrito al órgano electoral para que no les entregue parte del dinero que les corresponde en la última parte del año fiscal; rechazó casi 30 millones producto de la recaudación fiscal; también presentó iniciativa de reformas para que no se les de dinero público alguno en lo sucesivo para el financiamiento de los partidos políticos y la reducción de curules plurinominales. Los tiempos de la contienda electoral que viven y que inició el día 8, los obliga a mostrarse ante la ciudadanía como los más benévolos, a fin de ganar simpatías electorales, de ahí los supuestos sacrificios económicos al rechazar el dinero que ellos mismos se aprobaron al momento de crear las leyes.

Pronto olvidan todos esos políticos que ellos son los artífices de los abusos de lo que hoy presuntamente repudian; y belicosamente exigen se dé ese dinero que repudian, que rechazan, a los miles de mexicanos damnificados por los movimientos telúricos, esos vaivenes de la naturaleza que han dejado pasmados a los políticos que pretenden mostrar un rostro de solidaridad; esos movimiento que han generado una sustancial unidad entre los mexicanos, unidad que reprueba los excesos de los políticos en el uso y abuso de los recursos públicos.

Algo bueno tenía que surgir de la dura sacudida de la naturaleza a las neuronas de los dirigentes de los partidos políticos. La parte del dinero de las prerrogativas que no recibirán los partidos políticos, si bien no resolverá los problemas ocasionados por los terremotos, sí dejarán huella profunda en esa falta de sensibilidad y solidaridad social que les caracteriza a los insensibles políticos y que hoy se ven obligados a rechazar parte del dinero producto de los impuestos de la ciudadanía. Tuvo que suceder una desgracia nacional la que obligó al mundo a voltear hacia México y que motivara a los dirigentes de los partidos políticos nacionales a mostrar un rostro más humano, dada la vergüenza de recibir sin pena ni gloria millones de pesos del erario, en tanto que otros mexicanos se quedaron sin nada para subsistir, apenas de la ayuda solidaria de la sociedad y de los apoyos que han enviado otros países. Eso obligó vergonzantemente a los dirigentes de partido a no recibir las carretilladas de dinero público para que se diera ese recurso a los damnificados.

Seguramente los actos de solidaridad solo serán por la temporada electoral y telúrica, y no de fondo. Los dirigentes de partido deben mostrar el cambio en todas las acciones sucesivas. La pesca de simpatías los ha hecho cambiar transitoriamente y no es para menos, saben que corren el riesgo del debilitamiento democrático que los haga perder en las próximas elecciones. Saben el juego perverso que juegan. Pocos creen en la existencia de sus sentimientos solidarios. Basta ver a esos dirigentes “regodearse” en los medios de comunicación como los diligentes adalides sociales que tienden la mano a miles que cayeron en desgracia; esos dirigentes que no pierden oportunidad de mostrarse en eso medios de comunicación y en redes sociales, presumiendo la odisea de despojarse de millones de pesos a favor de quien más lo necesita. La ventaja de esta trágica escena, es que todos saben que ese dinero que “donan” no es de ellos y que su gracejada es el resultado de una obligación y no de un acto de solidaridad, debido a los movimientos telúricos naturales y sociales que los ha hecho temblar y reaccionar en momentos de plena actividad electoral.

Héctor Parra Rodríguez

 










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