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El Che Guevara como Ramón

Ramón

Luego del triunfo revolucionario de masas sobre la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, la primera tarea del Che es alfabetizar a los guerrilleros, todos ellos campesinos, que integran la columna rebelde bajo su mando; los cuarteles en donde se entrenaban los asesinos y torturadores batistianos, ahora son convertidos en escuelas con la promesa de transformar la educación, y no la represión, en un problema social.

Así serán los primeros dos años de una etapa de transición para el nuevo comandante argentino, que asume nuevas funciones para el apuntalamiento de la isla: proclama sus primeros discursos para la radicalización de la revolución, reflejada en la creación de los Tribunales Revolucionarios para el juicio y fusilamiento de los oficiales que hayan atentado contra el pueblo; lee sobre historia de Cuba; se autoprograma horarios nocturnos de matemáticas para estudiar mejor los fenómenos económicos para la transición cubana del capitalismo al socialismo; celebra cursos para discutir El Capital de Marx en las condiciones sociales del Caribe y América Latina, con el fin de convertir al gobierno cubano en un representante intelectual, en un teorizador nacional, de la realidad latinoamericana; viaja como diplomático alrededor del planeta para lograr acuerdos comerciales que minimicen la carencia de productos básicos como resultado del bloqueo que impuso Estados Unidos; funda las jornadas de trabajo voluntario con el fin de construir nuevas viviendas para el pueblo, aumentar los bienes necesario para el alcance de todos, pero sobre todo, para él se trata de crear una conciencia socialista como uno de los motores morales para la construcción del Hombre Nuevo, que se liberaría de las ataduras de un régimen de explotación económico y de opresión espiritual; es dirigente y polemizador de aquellas medidas políticas que sirvan a la construcción del socialismo, como el apoyo del mundo socialista en la entrega de técnicos y materias primas para activar la nula industria.

Sin embargo, a partir de 1962, la vanguardia política cubana sufre transformaciones que no pasarán desapercibidos para la mirada crítica del Che: la burocratización que amenaza con empantanar las transformaciones revolucionarias como en un cuello de botella; la imposición de dirigentes soviéticos en la cúpula del gobierno caribeño con el fin de mantener el apoyo de la URSS, pero descabezando la dirección de los cubanos, inclinando la balanza a favor de los intereses de una cada vez más imperialista Unión Soviética; el fracaso de las expectativas económicas en el contexto de un aumento de los ataques terroristas de los Estados Unidos; y, sobre todo, el despertar del Che para retornar a su teoría del foco, como núcleo guerrillero para extender la revolución socialista en América, como medio para reducir y descomprimir el campo de acción imperialista sobre todo el globo en aquella época, evocando el comienzo de la guerra en Vietnam y la invasión a la República Dominicana iniciadas en 1965.

Luego de años de altas y bajas en el proyecto cubano, Che abandona América a principios de 1965 para viajar al Congo en la intentona de crear las condiciones sociales que desaten la revolución en el corazón africano; sin embargo, se enfrentará a nuevos problemas que convertirán a la empresa guerrillera en un fracaso: el aburguesamiento de los dirigentes africanos que se ausentaban largos periodos de tiempo del campo de batalla; la indisciplina y religiosidad de los soldados nativos para combatir, inmortalizada en los rituales mágicos de embrujamiento para volverse invisibles a las balas y el miedo que se apoderaba de ellos ante cada huida protagonizada en las batallas que enfrentaban al ejército congoleño; el desconocimiento del idioma autóctono que volvía casi imposibles las comunicaciones entre las tropas voluntarias cubanas con los oficiales africanos; a finales del mismo año, Che abandona África para refugiarse, primero, en un país vecino y, segundo, viajar clandestinamente a un nuevo corazón continental: Checoslovaquia.

Desde Europa del Este, ya enemistado con los Estados Unidos y la Unión Soviética, imperios recalcitrantes que no soportaban las críticas de aquel auténtico portavoz del Tercer Mundo (un sector del planeta no alineado a los intereses del Capitalismo norteamericano ni al “socialismo” soviético), Guevara se toma una pausa para reflexionar sobre su última experiencia guerrillera y reiniciar la insurgencia en territorio americano. Vuelve en secreto en Cuba para entrenar a las jóvenes tropas que entrarán clandestinamente, con pasaportes falsos, a Bolivia.

Ya en territorio boliviano, elige el seudónimo de Ramón, entre sus compañeros de lucha se le conoce como el viejo Ramón. En noviembre y diciembre de 1966, en un campamento establecido al sur del país, será la etapa para la llegada de jóvenes bolivianos, cubanos y argentinos; en enero comienzan las conversaciones con el dirigente del Partido Comunista Boliviano Mario Monje, como garantía del respaldo de un movimiento político a la guerrilla, pero Monje es reacio a la lucha armada y se terminan de tajo las relaciones con el partido.

En febrero comenzará la verdadera etapa armada de estos jóvenes, algunos de ellos muriendo en un entrenamiento físico para adaptarse a la geografía olvidada del sureste boliviano y también por la traición y delación de desertores anónimos que complicarán la dirección de los futuros acontecimientos.

Haciendo un salto en el tiempo hasta octubre de 1967, el panorama de aquel Ejército de Liberación Nacional es desesperado, pero no menos heroico: de 50 guerrilleros incorporados a la empresa, restan 17 combatientes que son torturados diariamente por el hambre, la sed, las enfermedades y las balas del enemigo; sus cuerpos han estado tan expuestos por largos meses al aire libre que ya forman parte del paisaje abrupto; en esas condiciones están atrapados en un desfiladero apenas arbolado, cada vez más reducido su espacio por la búsqueda y destrucción del ejército boliviano, quien ha sido entrenado y asesorado por fuerzas armadas norteamericanas, provenientes de Vietnam, con valiosa experiencia antiguerrilla; además, deambulan agentes de la CIA que ya cuentan con información clave para exterminar al núcleo armado y confirmar y asegurar el final de esta nueva misión contrainsurgente.

El 8 de octubre de 1967, comienza la última batalla del Che. El anillo de soldados bolivianos empieza a cerrarse sobre el desfiladero que ha servido de refugio y escondite de aquellos jóvenes enfermos, pero el argentino decide quedarse para darles tiempo de escape y es alcanzado en la pierna por una bala que le imposibilita su propia huida, siendo capturado en la tarde de ese día y fusilado al día siguiente.

Epílogo

¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo?

Cuanto más lo insultan, lo manipulan, lo traicionan, más nace.

Él es el más nacedor de todos.

¿No será porque el Che decía lo que pensaba, y hacía lo que decía?

¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

Eduardo Galeano










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