Teté (1 de 2)

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Nunca digas que algo es imposible, Rosarito.

Ernesto Guevara

A los dos años de vida, Teté es diagnosticado con un asma crónica que lo pondrá a prueba hasta el final de sus días, desde las intensas prácticas de Rugby en su natal Argentina hasta la marcha extenuante, con armas, mochilas y libros en la mano, en los recónditos páramos de la geografía boliviana.

Se decidió el apodo de Teté al ser el balbuceo que producía aquel bebé y posteriormente se convirtió en el apodo familiar hacia el primogénito de los Guevara-Serna. Teté nace el 14 de junio de 1928, al menos esa es la fecha oficial, ya que sus padres, Ernesto Lynch y Celia de la Serna, habían alterado la documentación para ocultar a sus familiares y amistades aquel embarazo prenupcial que llegaría a su feliz conclusión el 14 de mayo.

La vida de Teté son excepcionales en la época que le tocó vivir: la Guerra Civil Española, La Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la cada vez más fuerte penetración económica de los Estados Unidos en toda Latinoamérica, la Guerra de Corea… pero también son asombrosas sus acciones y decisiones que fueron posibles por todo ese contexto histórico.

Durante la Guerra Civil Española, Teté sigue el curso de la misma a través de las noticias que lee ávidamente y con un mapa de España en su habitación, marcando los territorios de avance entre los republicanos y los fascistas; sus amigos reproducen este conflicto a través de juegos donde levantan barricadas y se lanzan proyectiles de tierra; en su casa, al finalizar el conflicto, recibirán algunos exiliados que se convertirán en sus nuevas amistades intercontinentales.

En la conflagración mundial en Europa, Teté se convierte en un pequeño espía de los movimientos nazis que circulan en territorio argentino y, al final de la Guerra, queda impactado por el uso de la primera arma atómica sobre civiles, anunciando el principio de una nueva era nuclear.

Debido a su asma, su primera educación estará a cargo de sus padres; ella le enseñará el hábito de la lectura y con él pasará largas horas de ajedrez; conocerá a uno de sus mejores amigos, Alberto Granado, quien lo empujará al rugby como una prueba física para desafiar el asma y superar su condición de enfermo; algunas de sus compañeras se enamorarán de él, pero quien conquista su corazón será una de sus amigas de sociedad aristocrática, María Ferreyra, pero por la diferencia de clases, el carácter rebelde y socialista de Teté, el noviazgo llegará a su fin cuando se inicia el primer viaje por Latinoamérica con Granado.

En 1950, suspendiendo sus estudios de Medicina, realiza su primer viaje solitario por el norte argentino, en una bicicleta a la que se le incorporó un pequeño motor que le ayudará estirar su hazaña hasta los 4500 kilómetros; dos años después, con un corazón roto como despedida, se arrojará a otros dos viajes por América Latina, en compañía Alberto Granado y Carlos Calica Ferrer, recorriendo casi la totalidad de sus territorios y conociendo, de primera mano, el embrutecimiento de los indígenas peruanos, la explotación casi esclava de obreros chilenos, pero también es testigo de los primeros cuartelazos de luchas de los trabajadores bolivianos hacia su gobierno y forma parte de las conspiraciones de los cubanos exiliados en Centroamérica, el golpe de Estado norteamericano a Jacobo Arbenz, y finalmente coronando su travesía continental en México, cargando en su vida ya una rica experiencia política que dejará huella en Teté para mutar en el Che Guevara. En más de una ocasión, en los seis años de su marcha como trotamundos, puso su vida en peligro por el asma que en cada paisaje húmedo aprovechaba para inflamar sus bronquios y cortarle su respiración de forma casi definitiva.

De 1954 a 1956, México será el trampolín geográfico e intelectual del biografiado; aquí leerá algunas de las obras marxistas clásicas, como El Estado y la Revolución de Lenin y El Capital de Marx; forma parte del grupo insurrecto de cubanos contra la dictadura de Fulgencio Batista, que reorganizan el Movimiento 26 de Julio en el país azteca para una invasión a la isla y su posterior liberación; aquí comenzaría una estrecha amistad con el abogado cubano Fidel Castro, quien lo invita a la aventura que no parece tener retorno.

EL 25 de noviembre de 1956, de ochenta y dos invasores que tomaron un yate en el puerto de Tuxpan, Veracruz, uno de ellos es Ernesto Guevara que se lanzará a la incursión, logrando llegar al suroeste cubano, sobreviviendo los múltiples ataques aéreos y terrestres del ejército batistiano, convirtiéndose en el doctor y guerrillero de la Sierra Maestra, comandante en jefe de la batalla de Santa Clara y segundo hombre importante de la Revolución Cubana al amanecer del 1° de enero de 1959.

Epílogo: a los 8 años de edad, bajo el cuidado de su niñera Rosario López, Teté muestra aptitudes extraordinarias que no dejan de asombrar a su querida Rosarito. Un día, cuando ella se quejaba de algo que no podía hacer o tener, Ernestito le dice que no piense en imposibles, pues cualquier cosa se podría alcanzar, siempre que se lo proponga seriamente, dándole el ejemplo de que podía llegar a la luna, colocando un cajón encima de otro hasta lograrlo.

Edgar Herrera










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