Televisa y el temblor. Un dilema ético y profesional

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Bajo los escombros del temblor quedó la credibilidad de Televisa. No obstante hay una cuestión profesional y ética que toca a todos los informadores y que vale reflexionar. El cuento de hadas estuvo muy bien elaborado. Desde el nombre de la niña, Frida Sofía. Los reportes eran homeopáticos pero bien calculados para no hacer perder la atención: pide agua, mueve una mano; dice que está cansada. Todo un guion de telenovela. Ante el descubrimiento de la verdad Televisa se defendió, sólo informé lo que me dijeron las autoridades. Le dobló las manos a la Secretaría de Marina que reconoció públicamente la mentira. La cuestión es: ¿Hasta qué punto el comunicador es un simple transmisor o debe verificar su información? Televisa optó por quedarse callada, creo que al menos hubiera ejercido un poco de autocrítica. Reconocer, yo también metí la pata. Es responsabilidad del periodista comunicar, pero también comprobar por sí mismo. Televisa no lo hizo.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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