Sonia Rocha incita a la reflexión

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La semana pasada la senadora Sonia Rocha, presentó una iniciativa para reformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para exigir estudios universitarios a quien aspire a ser diputado federal. Seguramente que su iniciativa no prosperará dado que es eminentemente discriminatoria y excluyente. En un estudio de derecho comparado encontramos que en América Latina, el país que más requisitos pide para ser legislador, es Chile, cuya legislación exige tener, al menos, estudios de enseñanza media o se equivalente; las normas jurídicas del resto de los países no exigen estudios para acceder al cargo de legislador. En México, apenas el 28% de las personas mayores de 25 años han concluido sus estudios universitarios, aunque esa estadística no nos dice si cuentan con cédula profesional esos que concluyeron sus estudios. La senadora también pide en su iniciativa contar la cédula profesional, seguramente por aquello de los títulos apócrifos que vende en la CDMX, por las calles de “Santo Domingo”.

Este porcentaje por sí mismo nos arrojaría una clara y abierta discriminación para con la grandísima mayoría de los mexicanos que pretendieran acceder al cargo de legislador federal. La misma estadística tampoco nos dice en dónde se localiza ese bajo porcentaje de mexicanos titulados, seguramente se concentran en las ciudades y no en el campo, lo que implicaría que lugares remotos de estados como Oaxaca o Chiapas, no tendrían posibilidades de conseguir candidatos para legislar; o como pomposamente se les dice “representantes populares”, que terminan por no representar a nadie, solo a sus partidos políticos y cuando entre ellos se enemistan, ni a sus partidos representan, solo cobran lo que emana del cargo de elección popular.

Las constituciones políticas de los países no exigen tener estudios superiores a los legisladores en ninguna parte del mundo, mucho menos que tengan cédula profesional. Basta con que sean del país de origen, cumplir determinada edad, no tener antecedentes penales, acta de nacimiento, estar inscritos en el padrón electoral y no ocupar ciertos cargos públicos, a excepción de que se separen de ellos con determinado tiempo de anticipación. Eso es todo. Por eso encontramos con regularidad un sinnúmero de legisladores legos en todas las materias, pero buenos para discutir, aunque sea tonterías o “líderes naturales” de pueblos o colonias que llevan votos a las urnas. La preparación académica poco importa.

Total, en las Cámaras hay el personal profesional que sabe hace leyes y conoce de las técnicas legislativas; a esos se les paga y realizan todo el trabajo de los legisladores. Realizan las órdenes del día, en las que detallan qué deben hacer y cómo lo deben hacer; simplemente con que no se pierdan de la línea escrita y los párrafos anotados, con eso basta para ser legislador; también contratan a profesionales para que realicen las iniciativas. Claro, los profesionales también cumplen los caprichos de los legisladores y se inventan iniciativas que no tienen bien fin y solo sirven para engrosar la agenda legislativa.

La senadora seguramente pensó que su iniciativa serviría para hacer reflexionar a las dirigencias de los partidos políticos, para que no decidan impulsar a los ignorantes a los cargos de elección popular, por eso México está como está, debido a tanta ignorancia acumulada, la cual por cierto resulta demasiada cara para el erario, una gran carga para los bolsillos de los contribuyentes: 624 legisladores federales.

En unos pocos meses de nueva cuenta se abrirá el proceso electoral federal que nos llevará a la renovación de cientos de cargos de elección popular, de ahí que Sonia Rocha, motive a pensar ¿Qué necesita México para ser mejor? Los partidos políticos –los dueños de las franquicias- deberán pensar mejor en elegir a sus candidatos ¿O acaso es bueno tener a mucho ignorante para que los pocos sigan gobernando a su antojo? Seguramente, entre muchas otras cosas, que los partidos debieran estar preocupados para que sus miembros “distinguidos” sean mejor, estén más preparados, mejor instruidos académicamente y con ética, honestos. Claro que la preparación académica no nos garantiza que ascendamos de inmediato a mejores estadios de vida, pero si nos permitirá ir encumbrándonos poco a poco como país a mejores condiciones de vida para todos los mexicanos, seguramente que ese propósito sí se puede ir cumpliendo lentamente. Así las cosas Sonia Rocha, ha motivado al análisis y la reflexión, aunque su iniciativa haya “nacido muerta”.

Hoy día la mayoría de los “legisladrones” son de ocurrencia, solo piensan en la manera de cómo acrecentar su patrimonio y sus relaciones políticas para el cargo público que le sigue; total, otros harán el trabajo.

Héctor Parra Rodríguez

 










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