Sólo le pido a Dios

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Sólo le pido a Dios. Que habiendo conquistado nuestro derecho a llamarle a las cosas por su nombre, nos escandalicen más Odebrecht y las fosas clandestinas que el desparpajo de un escritor. Que tras el ajuste de cuentas con 36 años de neoliberalismo, el viraje sea hacia la justicia y la cimentación de un nuevo orden social fincado en aquel olvidado tercer principio de la gran revolución: la fraternidad.

Sólo le pido a Dios. Que el dolor y la guerra y el futuro no nos sean indiferentes. Que la separación entre política y economía pise fuerte y que la opción por los pobres sea el norte que guíe esta hora magnífica. Que el mercado y sus mercaderes y calificadoras y financieras, y calamidades subalternas, entiendan que sus capitales corren más peligro si se prolonga el enojo de la pedacera que habita las periferias de todo.

Sólo le pido a Dios. Que cuando digo Dios se aprecie que apelo a esa noción de pertenencia al Todo Social, en armonía con el orden natural; es decir, que invoco eso que sólo puede invocarse cuando la esperanza y el hartazgo se han alineado para empujar un cambio largamente postergado por la oscura maquinación de poderes subterráneos, nutridos por la ambición y la acumulación infinitas.

Sólo le pido a Dios. Que la caída de símbolos sea parte de una nueva pedagogía libertaria, democratizadora y ciudadanizante. Que podamos mirar de frente a la violencia y sus razones, y que la vergüenza que emana de esa letanía del horror tejida por la inseguridad, la impunidad, la deuda y la desigualdad sean el agitador de un nuevo estatuto que armonice derechos y obligaciones. Que haya incentivos para cumplir con el deber y no para eludir el deber, el fisco y la ley.

Sólo le pido a Dios. Que bien acabemos de decirle adiós al telepronter y al avión y a Los Pinos y al Estado Mayor Presidencial y a la Primera Dama y a las pensiones y a los privilegios. Y que a la paciencia se le añada el trabajo personal que a cada quien corresponde, pues no hay trinchera menor. Que la conversación se modere y supere su vaivén entre el insulto y la hipocresía de lo políticamente correcto. Que, lejos de alharacas y medias verdades, seamos más críticos, sí, pero con las causas que llevaron al desastre, para desmontar patrones y andamiajes.

Sólo le pido a Dios. Que comprendamos que los cambios requieren siembra, abonos, agua limpia y cuidados, y que, aunque mis razonamientos son irrelevantes y carentes del menor fundamento, concedamos el sincero beneficio de la duda. Para fincar las bases que permitan revertir 36 años de saqueo, sabré esperar tres años. Sí, de aquí a 2021. Si en tres años no hay nada, entonces le pediré prestada a Mercedes Sosa su primera estrofa: sólo le pido a Dios que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente. Amén.

Ciudad de Querétaro, diciembre 6, 2018

 










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