Socialismo verde o capitalismo rojo

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“El capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y el ser humano.”

Karl Marx

Uno de los temas que poca atención ha merecido para el futuro de la humanidad ha sido su relación con la naturaleza. Mucho antes de las luchas de clases y las jerarquías entre los sexos que se han institucionalizado por miles de años, la lucha contra la naturaleza ha sido la primera batalla histórica por su supervivencia, logrando el primer salto técnico hacia el futuro como especie animal autosuficiente, superando su condición básica como cazador-recolector y vislumbrando su capacidad de organización de carácter social: la agricultura.

Al mismo tiempo de abastecer sus necesidades alimentarias, también comenzó un ininterrumpido proceso de concientización sobre el impacto de la intervención humana en sus diferentes entornos ecológicos: bosques, llanuras, desiertos, océanos, junglas. La lucha de hombres y mujeres había sorteado su primer estado primitivo para abrirse a nuevas problemáticas que ahora encuentran un tono más dramático para toda la vida existente en el planeta.

La crisis ecológica es uno de los dilemas que se ha pronunciado con mayor fuerza en los últimos cuarenta años, agravado con otras crisis geopolíticas bien conocidas como el papel de las organizaciones internacionales y el desarrollo desigual sostenido entre el Norte y el Sur, entre el Primer y Tercer Mundo, donde existe un intercambio económico neocolonial, insólitamente censurado en la mayor época informativa de la humanidad, simbólicamente reflejadas en el enriquecimiento de las grandes potencias que continúan practicando el control monopolista de los recursos naturales con fines lucrativos.

Recientemente se ha dado a conocer un primer mapa mundial que refleje la devastación ambiental. Las zonas más golpeadas por la desertificación y la desaparición de sus especies animales han sido en el sureste asiático y el territorio amazónico en Brasil, mientras que las áreas con nula presencia humana han sido el norte africano y el sur de América.

Ante este embate global se ha creado una contrarréplica internacional que se prepara para este 15 de marzo, con la misma proporción y dirección contradictorias que han tomado los movimientos feministas, conocida como FridaysforFuture. Este movimiento nació de la protesta de la estudiante sueca Greta Thunberg hacia los partidos políticos de su país, a vísperas de las elecciones del año pasado, sobre la dramática realidad que encierra la crisis ecológica a nivel mundial; al finalizar el período electoral, el impacto mediático de Thunberg logró el apoyo masivo de estudiantes de Suecia y otros países europeos.

Para hoy se tiene programada una huelga internacional a lo largo de 100 países, con una iniciativa de carácter estudiantil, que refleja las contradicciones generacionales así como los intereses y necesidades de cada una y, no obstante, comparten el mismo proceso histórico del capitalismo en que la ciencia y la tecnología se prestan para la utilización esclava y asalariada de miles de millones de seres humanos.

El “programa” internacional de esta huelga es superficial. A grandes rasgos, no sólo no responsabiliza al capitalismo como la estructura social que ha acelerado el frágil equilibrio ecológico del planeta, sino que pone buena parte de sus esperanzas de cambio en la acción gubernamental que tiene su última palabra en la cabeza imperialista del momento, que son los Estados Unidos, cuyo país en los últimos dos años se ha retirado de importantes acuerdos internacionales, entre ellos, el Acuerdo climático de París.

En ese sentido, el futuro de la humanidad está en manos de la humanidad, no en sus élites ni en cualquier organización partidista, por más progresista que se presente. En este momento, en el panorama actual del mundo, existen gérmenes de socialismo ecológico que encuentra su mayor fuerza de cambio en la autogestión de las y los indígenas autóctonos, armados con sus saberes ancestrales, que han resistido y sufrido las escaramuzas de Estados paramilitares -Argentina y Chile- enmarcados en la lógica de sus megaproyectos.

Desde la terminología de Marx, se reivindica el valor de uso por sobre el valor de cambio de la naturaleza, en comunión armónica con su medio natural, al mismo tiempo que se supera la condición enajenada de buena parte de la humanidad, desposeída de los frutos de su producción y de su emancipación espiritual, libre de todo entramado histórico de explotación, opresión y terror.

Esa revolución socialista de carácter ecologista ya ha existido y ha caído bajo la guadaña del imperialismo europeo: el gobierno revolucionario de Thomas Sankara, en Burkina Faso. Una de las epopeyas de la historia africana y del mundo contemporáneo tiene su sello ambientalista, antiimperialista, anticolonial y profundamente socialista de este marxista burkinés. Uno de sus objetivos nacionales, como ejemplo al resto de África, fue la creación de brigadas verdes para reforestar al país y cambiar la desértica geografía burkinesa en gigantescas hectáreas ocupadas por millones de árboles, con el fin de sacar a “la patria de los hombres íntegros” de su dependencia colonial y su retraso económico.

Cerrando este artículo, queda clara la magnitud del dilema entre socialismo y capitalismo desde todas las contradicciones actuales que enfrenta la humanidad y definen la transición de un sistema social por otra más vital, en donde la planificación socialista sustituya la ley del valor capitalista, donde la solidaridad y sororidad, una vez más, se conviertan en los nuevos principios internacionales desde las tribunas revolucionarias del Tercer Mundo.

Edgar Herrera










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