Sin principios

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Si hacemos una comparación entre la calidad ética del grupo de personalidades que intervinieron en la Revolución con la clase política que después nos ha gobernado, los funcionarios institucionales, sin importar partidos, colores y sabores, salen muy mal parados. Antes había convicciones políticas, ideología, ahora todo vale con tal de tomar el poder. El pragmatismo político es crudo, descarado, obsceno. No se trata de llegar al gobierno para plasmar un proyecto social, la lucha electoral se reduce a un quítate tú para ponerme yo.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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