Sábado de tijera: El Informe Presidencial

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POR Carlos E. Ricalde Peniche | Cuando se trata de manera individual a los diputados y senadores, de ésta o de pasadas Legislaturas, se observan claras evidencias en su capacidad de trabajo, reflejos que demuestran destacada inteligencia y, entre otras virtudes, amor a la Patria y a todo lo que de ella se pueda traducir en dinero.

Claro, no todos son iguales, aunque Diógenes, con todo y lámpara, no la tendría fácil. Repito, de manera individual, se palpa el talento, pero cuando se juntan, se enredan, dicen y desdicen, hacen complejo lo sencillo, enferman de miopía y, en el afán de mostrarse combativos, toman decisiones cuyas consecuencias resultan contrarias a sus propósitos. Acabar con el Informe Presidencial es un claro ejemplo de la pérdida de visión y de la irresponsabilidad en la consecuencia de sus actos.

Durante muchos años, el Informe Presidencial fue el gran día del Presidente, el motivo indiscutible para rendir culto a su personalidad y a “bañarlo de pueblo” que, generoso e inocente, lo vitoreaba durante su paso triunfal, ya caminando, ya en un Cadillac descubierto, pero siempre agitando con emoción los brazos, rumbo a la sede del Congreso de la Unión donde sería interrumpido decenas de veces con aplausos interminables. Ese emotivo y ultra respetuoso espectáculo entre las masas y los políticos, fue cambiando. Cada vez con mayor fuerza y descaro los diputados le fueron atizando al Señor Presidente, todopoderoso y omnipresente, cualquier cantidad de reclamos expresados de manera airada, soez muchas veces, que fueron menguando la imagen presidencial y calificando las interrupciones como un acto verdaderamente republicano. En caída libre arreciaron las interrupciones al preciso (interpelaciones decían) pero ya no con aplausos si no con mentadas de todo calibre.

El desenlace del avance crítico y virulento de la oposición, fue cerrarle las puertas del Congreso al Presidente y, como acto de fuerza e independencia, “castigarlo” con la exigencia de enviar su Informe por escrito a la Legislatura la que, cumpliendo con un mandato Constitucional, lo estudiaría y daría respuesta igualmente por escrito (Glosa del Informe, le dicen). Desde luego que a primera instancia este hecho debió ser una afrenta y causa de vergüenza para el primer Presidente que recibió el desaire de no ser recibido en la casa de los Congresistas, pero a la postre la vergüenza quedará en los pasivos de quienes promovieron tal rompimiento. A fin de cuentas, la invalorable ganancia de decirle a la cara al Presidente, a la vista de todo México, lo que la oposición piensa de él y de sus políticas públicas, no solo se perdió al evitar que comparezca a rendir su Informe, si no que propició un lamentable retroceso a los tiempos del triunfalismo presidencial pues de todas formas el Presidente rinde su Informe a la Nación (Mensaje, le dicen ahora), solo que de una manera muy cómoda, arropado por el aplauso conveniente de las “fuerzas vivas” de la sociedad y, para colmo del absurdo, escoltado, aplaudido y abrazado, por los líderes de ambas Cámaras del Congreso, que son parte de la burriciega oposición que le cerró las puertas del Congreso al Presidente. ¡Ahora, ya nadie le dice sus reclamos a la cara y menos delante de la opinión pública! Se acabó. Cambiaron el formato de rendir el Informe justamente para no cambiar.

Es importante que el Presidente vuelva al Congreso a rendir su Informe de Gobierno. En primera porque irá muerto de miedo, ya que nadie le podrá garantizar un día más de campo; en segunda, para terminar con la demagogia de un Mensaje a la Nación que es un Informe a modo y que es aplaudido por todos incluyendo a los propios diputados y senadores y, en tercera, porque el Pueblo quiere ver al hombre que eligió para gobernar, dando la cara ante sus “representantes”, malos en general pero son los que hay, y no dándose, el Presidente, mutua coba con sus invitados a una fiesta “civíca”, “republicana”, donde el plato fuerte, es decir, el botín, es el reparto privado del esfuerzo productivo de los ciudadanos.

Cascaritas

El próximo Informe Presidencial podría ser en el Centro de Convenciones de Banamex, es más cómodo que los patios del Palacio Nacional. Es lo mismo y, al cabo, ¡es un Informe para los cuates!

Sábado 6 Sep 2014










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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