Puebleando

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Digamos que viajo en estado de gracia. Pero el cuerpo ya no responde como antes. Debo estar atento a sus señales.

Cumpliendo planes. Uno piensa las cosas y luego se echan a andar. Y si son bien pensadas se cumplen bien.

Planes que hay que ir precisando y acomodando en la marcha. Al paso de los días y las circunstancias. Al golpe de la casualidad.

Descargarse para cargarse de nuevo. Tirar lastre y recoger nuevas vivencias. Como si empezáramos de nuevo.

Mi yo sale a pueblear lejos de la gran ciudad. ¿Dialogo con él o él dialoga conmigo? ¿Quién es él y quién soy yo?

Aspas las palabras hacen el camino al palabrear. Te defienden y te comprometen, te definen y te inventan. Aspas afiladas o melladas; cuídalas.

El autobús va repleto y sedo mi lugar a dos mujeres y dos niños. Primero a una y luego a otra. Madres jóvenes y niños vivarachos.

Poco equipaje. Un morral con dos camisas, pluma y papel. Dos tortas para el camino.

Me gusta el paisaje mexicano que es muchos paisajes pero sobre todo uno: la tierra, el sol, las montañas, el clima, las mañanitas y las tardes mexicanas, la gente, el bullicio, la soledad, la lentitud, los ocres y los estallidos del amarillo y el verde, los contrastes, los animales flacos, las desigualdades, la revoltura de todo. No sé si me explico en una sola larga y sinuosa frase. México es un huizachal lleno de piedras y matorrales, y se extiende por todos lados.

Se descompuso el camión cucaracha. El viaje es el viaje. Media hora después, la cucaracha vuelve a caminar.

De lo demás no me acuerdo. Me comí mis tortas. Ya me andaba pasando.

Pues sí, lo que llamamos pueblo está en las calles: comprando y vendiendo, en los poros del comercio del sistema y de la sociedad multifacética, entre el río de gente y el tránsito de vehículos, en el tráfago del mundo. Mujeres y hombres que pasan horas y horas vendiendo, lo que sea, o que van de paso, mirando y comprando; clases populares y medias, en espacios reducidos y sin servicios. En uno-dos-tres metros, en los poros del gran comercio y de la alta sociedad, todos revueltos.

Sobre todo comida, frutas y legumbres, ropa, artesanías, productos chatarra y trasnacionales, las cosas de la región, mercancías raras y exóticas, alimentos regionales, dulces, chiles, plásticos, peltres, cueros, discos, películas, oraciones, un enjambre revuelto y multicolor. Voy bobeando como baboso. Sin prisa y sin pausa.

Horas de hotel antes de ir a la fiesta. Me acompañan Bowles y el Sidi, tirado en la cama. Voy con Bowles primero:

–¿Qué es un libro de viajes? Yo diría que es el relato de lo que le ocurrió a una persona en determinado lugar, y nada más que eso. / El tema de los mejores libros de viajes es el conflicto entre el escritor y el lugar. / No hay nada que yo disfrute más que leer el relato de un escritor inteligente acerca de lo que le ocurrió lejos de casa.

El viaje puede ser a Estambul o a un pueblo cercano o a una colonia desconocida de la ciudad. Andar por andar y relatar lo que sucede dentro de uno, atentos al mundo exterior y al choque con el mundo interior. Andar por andar y de paso ver, decía don Camilo.

Zona de paso. Me gustan las zonas de paso. Porque yo también voy de paso.

Panales. Típica fiesta de pueblo con pretensiones de gran ciudad. Sin duda se volaron la barda.

Comida a reventar y no faltó la buena bebida. Para chicos y grandes. Gargantas profundas e intestinos gruesos.

Y la música atronadora en el sonido. Difícil la conversación a gritos y más de mesa de mesa. Cada mesa es una isla sin comunión con el resto.

Pero la fiesta es comunión, saltar las trancas y tocar al otro. Dejar de ser el que somos y ser el otro. La libertad en libertad.

Sin faltar el respeto a nadie. En primer lugar, cuidarnos y respetarnos a nosotros mismos. Sacar lo mejor, no lo peor, y comulgar.

Esta fue una fiesta bien ordenada, sin fuera de tonos ni sucesos extraordinarios, salvo el encuentro con los otros nosotros. Conocí gente que no conocía y poco pude conversar con los que sí conocía. El diálogo fue más visual que verbal.

Toda la familia, parientes y amigos en la generosa y pesada labor de servir. Y lo hicieron de diez. Gracias, Nacho, Silvia, Edel, señora de negro, sobrinas, primas y demás…

Juan Gabriel y José José fueron las partes más emotivas de la música, al menos para dos tres de los que allí estábamos. Las inmortales canciones de los mortales que ya se fueron. Quienes con sus dones y sus vicios hicieron lo que hicieron.

Un espacio galáctico entre nopales, magueyes y huizaches, piedras y tierra suelta. Una carpa lunar enorme. Otro mundo momentáneo y efímero en el centro del viejo y cotidiano mundo de todos los días.

¿Y los baños? Para los hombres no hay problema, en lo oscurito, tras los árboles y las piedras, detrás de las camionetas. Las damas desde luego podían pasar a las habitaciones dispersas de los anfitriones.

Así se fueron cinco horas sin sentir y que ahora trato de recoger al menos en unas instantáneas generales. Nosotros nos fuimos a las nueve y la fiesta siguió hasta la una de la mañana, me dicen. Tal vez lo mejor fue al final, salieron las botellas de tequila y al fin se dio la comunión entre las islas lejanas, y todo acabó bien y amaneció lindo, me cuentan.

A los amigos no se les juzga, se les quiere o no, con sus pros y sus contras. Y yo los quiero, cañones. Sí, hay amigos que no se quieren pero son amigos.

¿Y los enemigos? Mejor tenerlos de altura; los otros, bórralos. Un buen adversario te hace estar a las vivas y crecer, son necesarios.

¿Y los novios, a qué hora se sientan a comer y a platicar y a disfrutar el momento? Ya comieron, jajajajaj, primero es cumplir con el deber de servir y atender, luego volverán a comer y a beber, jajajaj. Todo a su tiempo tiene su tiempo, palabrero, dice la Biblia, jajajajaj.

El momento culminante sin duda fue el de las fotos, las selfies, los videos, con los amantes y su pildorita y sus familias en el escenario propicio para la Perlita cumpleañera (con su pastel al frente y el bien diseñado cartel detrás, en la mesa de honor). Es la Edad Luz. Todo es luz, mucha luz, luz fija y en movimiento, pura luz, luz con cuerpo y espíritu o sombras y fantasmas nada más, según vea y diga usted.

Lo que más llamó mi atención fue la Perlita impasible, sin miedo escénico, bella en su traje amarillo y negro, ¡quinceañera de tres años!, atenta y dócil pero sin palabras, linda y muda, se dejó llevar y traer, cargar y retratar, usar y apapachar, hasta que se cansó y ya no quería más, sólo los brazos de su mamá; y sin embargo, dice la madre, la pildorita se durmió hasta la una de la mañana, en que acabó la fiesta. Creo sin embargo que todos abusamos de esa pildorita preciosa. ¿Qué recordará de todo esto a los 15 años, a los 30, a los 60?

Sin miedo escénico, impasible, la pildorita de 3 años. Pese al abuso social de la sociedad (túyoélnosotros) allí reunida. ¿Hubo comunión?

Sepa la bola. Por ahí salió dos tres veces la conversación sobre el Guasón. Los que ya la vieron, los que no la han vista y los que no la quieren ver.

Otra gordita cumple tres años el próximo año. Que ya estoy invitado y que ya van a preparar la fiesta. Que no es competencia, les digo.

Casi todos reprobamos el sistema en que vivimos y casi todos lo reproducimos sin darnos cuenta. ¿Cómo querer al mundo, pese a todo, y cómo hacerlo mejor? ¿Cómo hacer algo bueno sobre lo peor?

Los aletazos del vacío y el miedo en soledad, a deshoras, desreligado. ¿Dónde estoy, qué hago aquí, si hoy muriera? Prendí la luz y fui al baño, agua fría, agua caliente.

Piense y piense, ya no pude dormir. Tomé el “Sidi”, un hombre y una leyenda de hace mil años. Cristiano desterrado por el rey cristiano, negociando y aliándose como mercenario con los moros para pelear contra los cristianos, sin dejar de ser fiel a su rey cristiano, injusto pero su rey.

Un hombre de fronteras, en un lugar y un tiempo en que las fronteras se mueven hacia uno y otro lado. ¿Qué es un hombre de fronteras? En el relato de Arturo Pérez-Reverte, es un guerrero que asimila lo mejor de las dos culturas en guerra y permanece fiel a su rey, a sus amigos y a su hueste, en ambos bandos.

Saber mandar y saber obedecer, nada es fácil. Ni convivir con los otros ni vivir solo. En guerra y en paz con nosotros mismos.

Pueblo, otro ritmo. Ciudad, el acelere. Religarse, comunión; desreligarse, el vacío.

Pinche café frío. El café se sirve y se toma hirviendo. No aguado.

Sentado en la plaza pública veo pasar a la gente, pocos aprisa y casi todos a su propio paso, afanados y distraídos. Cada uno con su mundo adentro, en el mundo de todos. Y los mirones activos, nada pasivos.

Al fondo sobre la otra calle veo la cola de la vida, los viejos esperando desde temprano para cobrar su Tarjeta para el Bienestar, es fin de mes. Tienda Elektra, Banco Azteca. Más tarde cuando pasé por ahí vi puras caras contentas, churros, gelatinas, jugos, tamales y atole.

Entré a la iglesia. Leí el Padre Nuestro en otomí y en cristiano, junto a las pinturas rescatadas y restauradas de aquellos tiempos de encuentro, guerra y comunión. Choque y diálogo entre las culturas, como son todas las culturas que se cruzan al paso.

Los baños públicos para orinar ya los tengo bien localizados. Es mi fijación. El de la iglesia es de cinco pesos y usa la maquinita para pasar.

Comí en el mercado en la fonda de doña Elenita, atendida por su hija Juanita, desde hace más de cuarenta años. Pedí mole rojo y me sirvieron verde, con un muslo y frijoles negros. Me comí el mole verde y le dije que me sirviera un poco del rojo, porque yo le había pedido mole rojo. Me sirvió mole rojo y me cobró lo de uno por los dos moles, 50 pesos.

Reímos y se armó la plática, entre la dueña Juanita, la señora Bertha que comía a mi lado y la muchacha que hacía las tortillas y hablaba con desparpajo y sin vergüenza de su novio y de todos los hombres. A doña Juanita le di veinte pesos de propina, a la señora Bertha le pague una bolsa de “Huesitos” (ciruelas) porque la vendedora no tenía cambio, y a la muchacha de las tortillas le tiré un pequeño rollo. –Tienes razón, los hombres somos bien canijos, y hoy ustedes tienen los mismos derechos o más que nosotros, no se dejen, si los hombres somos mujeriegos, ustedes también pueden probar todos los hombres que quieran sin ser… sin compromiso, jjajjajjajajaj.

Cuarto de hotel, preparando la salida, listo, ya está. Tengo una hora, me tiro en la cama, Baudelaire dice a su madre… Un poema que cargo desde 1983, en que lo encontré, la versión en español es de Rafael Vargas.

“Querida madre, ¿nos queda todavía algún tiempo

en el cual ser felices? Mis deudas son inmensas.

Mi cuenta bancaria está sujeta a juicio en la corte.

No sé nada. No puedo saber nada.

He perdido la capacidad para hacer un esfuerzo.

Pero ahora…”

Oficialmente repudiamos la conquista española y sin embargo admiramos la arquitectura colonial de los centros históricos. Maldecimos a los gringos y a los chinos y buena parte de nuestros productos trasnacionales que consumimos son gringos y chinos. Mexicanos hipócritas y tramposos, en nuestro laberinto de soledad e inferioridad.

Pinches paradas pueblerinas pránganas sin terminal. A pleno sol, tierra, viento, y si llueve es peor, sin baños, sin donde sentarse, sin servicios, puro negocio, puras ganancias salvajes, en la calle, entre los autos y la mugre, culeros. Don capital manda a su antojo y el gobierno no hace nada o, peor todavía, está coludido con el negocio.

Y el servicio de las 16:15 pasó media hora después. Ni a quién reclamar. Antes agradece que pasó y ya súbete y no la armes de tos.

Busqué el viejo lugar y lo encontré. Allí estaba la señora vendiendo sus tacos, quesadillas y gorditas en una enorme canasta. Sobre una jardinera, y la gente alrededor comiendo o sentada en otra jardinera, bajo los árboles.

Pedí tres quesadillas y me fui a sentar a otra jardinera. Sabrosas no tanto por lo que contienen sino por su consistencia, el sabor, la salsa, el hambre, la tradición. Ya me comía la tercera y me alistaba para ir por otras tres cuando sucedió el desalojo.

Tres cuatro inspectores rodearon a Las Chonitas, así les dicen, y las obligaron a retirarse. Llevaron sus cosas, junto con la enorme canasta a la mitad de la venta, a un vehículo viejito estacionado a unos cincuenta metros. Hubo alguna discusión pero se acabó la venta.

Pasó un inspector junto a mí y lo interpelé, las señoras tienen aquí años vendiendo, ¿por qué nos las regularizan y las dejan en paz? Están reguladas, pero sólo por hoy les pedimos que no se pusieran, va a haber un evento federal importante, respondió. ¿Les avisaron, les van a pagar su venta del día, qué mal aspecto dan?

El inspector de blanco me dijo que no quería discutir y se fue. Las Chonitas llevan vendiendo 18 años en esta esquina del Portal Libertad, y les avisaron apenas hace una hora que deberían retirarse. Fueron a ponerse en la otra calle lejos del importante evento federal oficial.

Igual que siempre. Las ceremonias escenográficas de los precisos rojos, azules, morenos, tricolores. Por donde pasan todo es verde, limpio, bonito, no hay basura, no hay mugre, y la gente sólo es paisaje que mira y aplaude o chifla.

Me fui con hambre de la plaza buscando otro lugar. Caminé a la deriva buscando una orilla para comprar y tomarme una cerveza. El sol estaba fuerte y picoso.

Un viejo parque bien arbolado y un poco sombrío; seguramente de los enamorados. Por ahí estaban dos parejitas de estudiantes de secundaria. Yo encontré el sitio adecuado, diría don Juan.

–Si hubiera parque…

–El pedo es que no hay parque, mi general.

–¿Es de aquí el héroe de Churubusco, Pedro María Anaya?

–Ari de Luz Invisible, estoy en tu tierra, en el jardín de los enamorados.

–¿Qué haces ahí? ¿Qué tal está? ¿Dónde te vas a quedar?

–Nada, sólo voy de paso, ando puebleando, jaja.

–Ahí estuve con mis amores, en ese jardín, a veces me siento en esas bancas y revivo el momento, y las hojas caen…

–Las hojas muertas a veces reviven con otra agua en otros ojos.

–Jajajaja, qué bueno! Ándate con cuidado! Luego me cuentas todo!

Se acabó el tiempo y es la hora de partir y regresar a la gran ciudad. En todas partes se reproducen y crecen los mismos defectos y vicios urbanos. Empezando por el crecimiento demográfico desmedido, las construcciones sin ton ni son, manda don dinero y el gobierno se somete, se colude o es omiso en lo que debe ordenar y vigilar.

La gente cuenta poco y hay pocos verdaderos ciudadanos. La población son votos para los políticos y dinero para los comerciantes y empresarios. El malestar ciudadano está fragmentado y disperso, sin organización ni representantes, a la deriva.

Manda don dinero y el gobierno es su sirviente. Coppel, Elektra, Bodega Aurrera, Hospital General y Entrada de Urgencias, Central de Autobuses, sitio de taxis, otros comercios pequeños, todos revueltos en un espacio de cien metros y con una calle de un solo carril en circulación. Banquetas de un metro para los peatones.

¿Pueblo mágico? El centro es agradable, ordenado y tranquilo, pero los alrededores son un desastre. Y la violencia e inseguridad no ha cesado y va en aumento, lo dice todo el mundo, como en casi todo el país.

A media tarde recibí una llamada de la Secretaría del Bienestar de Q para pedirme un dato de mi credencial electoral. No mamen, les he dado tres veces una copia de mi credencia electoral, ¿qué no la tienen? Tiene razón Zaid: en vez de hacer otra credencialización clientelar y aumentar otra burocracia, la credencial del INE, que cuesta millones y es la más confiable, debería ser la credencial madre para todo trámite ciudadano.

Rumbo a casa. ¿Lo mejor de los viajes es el regreso a casa? No lo sé, sólo siento alivio y desasosiego, mezclados.

–Ordena lo que has desordenado.

–No hagas ruidos ni gestos innecesarios.

–Haz lo que estás haciendo lo mejor posible, sin aspavientos.

Así sea. Tener algo para dar todo. Religarse por las benditas palabras.

Ixmi-Hui-Q, octubre 2019.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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