Placita Olvera

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 Felipe de Neve

Samuel Cázares bolea los zapatos de la gente que camina en la Placita Olvera, lugar en el que fuera establecido, por encargo de Carlos III, rey de España, el pueblo de la Reina de Los Ángeles en 1781, junto al río Porcíncula, lo que ahora es el centro de la ciudad de Los Ángeles.

Desde sus inicios Los Ángeles fue multirracial y por supuesto que lo sigue siendo, a grado tal que en la carta del menú de los restaurantes existe un desayuno denominado “Melting pot”, por la diversidad de sus ingredientes: huevo de las gallinas asiáticas, frijol de México, arroz chino, pan del trigo de Mesopotamia; café del Medio Oriente, endulzado con el azúcar de la India y por supuesto, cocineros, meseros y lavaplatos mexicanos y centroamericanos.

La Placita Olvera está frente a la Union Station, la enorme terminal principal del Amtrak, cómodo tren de dos pisos con servicio de café, cerveza, vino y emparedados, que recorre la costa oeste de California, desde San Diego a San Francisco, bordeando montañas, playas y extensas y pródigas zonas agrícolas, en las que los rancheros gringos encontraron la tierra prometida del bíblico maná, leche y miel, gracias a la barata mano de obra de jornaleros agrícolas mexicanos y centroamericanos indocumentados que, desde la clandestinidad diariamente se soban el lomo sin descanso.

El bolero lleva una mochila que contiene una pequeña base de madera sobre la que la gente coloca los zapatos; ahí mismo caben las latas de crema, un cepillo y dos trapos para sacar brillo al calzado de quienes se sientan en las bancas de la Placita Olvera, bajo enormes, centenarios y nudosos árboles que regalan la sombra a los turistas que se detienen en el lugar.

Las manos de Samuel están manchadas con la grasa para lustrar el calzado, principalmente en los bordes de las uñas que concentran lo más negro del betún; al mismo tiempo que bolea el calzado establece un fluido diálogo con sus clientes. Comenta que en Estados Unidos existen ríos de dólares, que únicamente, como los gambusinos, hay que saber en dónde está la veta. Y es que Samuel gana alrededor de 300 dólares diarios, señalando que él jamás trabajará en un restaurante lavando platos o de yardero cortando pasto, en donde, si bien les va, ganan alrededor de 100 dólares por ocho horas diarias de trabajo.

Señala que él aprendió esta filosofía con un mendigo negro, quien todos los días se paraba en una esquina pidiendo limosna a cuanta persona pasaba por el lugar y que él, en algún momento le reclamó que por qué mejor no se dedicaba a trabajar, para no causar lástima. El negro le respondió que la mendicidad era su empleo, que ganaba mucho más que cualquier trabajador manual y también le mostró su automóvil BMW estacionado a unas cuadras, en el que tenía su traje y su corbata con el que se vestía una vez que salía de trabajar en la calle.

En la Placita Olvera también está una escultura ecuestre, que, a la distancia, pareciera pertenecer a la figura de Emiliano Zapata, por el traje de charro con enorme sombrero y montado en un corcel con las patas delanteras levantadas. Sin embargo, en realidad se trata de Pascual Antonio Aguilar Barraza, “El charro de México”, actor y cantor, quien, cuando era un completo desconocido, emigrado de su natal Zacatecas, llegó a este lugar en el que, durante varios días durmió en las bancas, así como actualmente lo hacen decenas de homeless negros, latinos y algunos blancos, excluidos del sistema, cuya única protección ante la depredación neoliberal son coloridas tiendas de campaña.

Devenido analista político y boleador de calzado, Samuel dice que supo leer con antelación que Donal Trump se convertiría en el presidente número cuarenta y cinco de Estados Unidos, debido a que no estaba atado a los intereses del status quo. También se atreve a pronosticar que en el caso de las elecciones de este año en México, el ganador será Andrés Manuel López Obrador, porque tampoco tiene intereses con lo establecido y con los partidos políticos tradicionales.

Placita Olvera, Calle Olvera u Olvera street, primero fue conocida como calle del Vino, después, en 1887 fue extendida y renombrada Olvera en honor al juez local Agustín Olvera. Actualmente concentra restaurantes de comida mexicana y locales con todo tipo de artesanía, también de México.

Cada 5 de Mayo en la Placita Olvera, el lugar de la fundación de Los Ángeles, los latinos festejan con fervor patrio el triunfo del General Ignacio Zaragoza en la llamada Batalla de Puebla de 1862, cuando el ejército de la República Mexicana enfrentó al del Segundo Imperio Mexicano, comandado por el conde de Lorencez, durante la segunda intervención francesa. De acuerdo a los investigadores, esta fiesta pasó de ser una expresión nostálgica a una de patriotismo y en los sesenta dio pauta al nacimiento del chicano power.

Como si hubiese leído manuales de autoayuda, a Samuel Cázares nada se le dificulta, dice que los jodidos están así porque quieren, porque no quieren trabajar, también señala que él es oriundo de Sinaloa, que vivió en Tijuana y que, cuando se cansó de esta ciudad, llegó a vivir a Los Ángeles, en donde, a pesar de ser indocumentado, cuenta con casa propia, porque enfatiza “solo los pendejos no tienen una”.

Samuel no tiene un lugar fijo, en cuanto bolea un par de zapatos, coloca sus bártulos en una mochila, se la echa a la espalda y se trepa a una bicicleta que lo conduce a cualquier lugar público de Los Ángeles, aunque usualmente está en la Placita Olvera, junto a la estatua del fundador de la ciudad, Felipe de Neve, gobernante español de California, al que nunca le faltan las cacas de las palomas que se posan sobre su cabeza; a los pies de Felipe una placa de bronce señala los apellidos de las once familias que se asentaron junto al río Porcíncula hace 237 años, por cierto, la mayoría de ellas integradas por indios, negros, mulatos y mestizos, en la lista únicamente figuran dos hombres españoles, casados con indias.

 










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