Otro recorte

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Justo al iniciar el verano, la Secretaría de Hacienda mostró el hacha de nuevo. Para que en septiembre nadie se diga sorprendido, anunció que vienen más recortes presupuestales. En 2016 el recorte fue de 132 mil millones de pesos. El año que corre fue de 239 mil millones. Para 2018 pronto lo sabremos. Lo que viene, de eso sí puede estar seguro usted, lo que viene serán pésimas noticias.
El titular de Hacienda aportó un enfoque que debería desatar una revuelta nacional. Al menos debería escandalizarnos a todos. Si uno revisa bien el presupuesto federal, explicó, 30 por ciento se destina a estados y municipios, y 20 por ciento se va a organismos como Pemex, el IMSS, el Issste y la Comisión Federal de Electricidad. Ya va la mitad del presupuesto. Ojo, más de una cuarta parte se va, en la autopista feliz de la especulación financiera y con el semáforo siempre en verde, al pago de intereses de la deuda. Es la mar océano de los réditos, infestada por tiburones insaciables, sin que nada ni nadie los pueda detener.

Sobre las tres primeras tajadas del pastel presupuestal no se discute ni la cereza ni el betún. El 20 por ciento restante es lo administrable por el gobierno. Y como los privilegios no conocen el hacha, los hachazos irán, otra vez, sobre el bienestar de la población. La ciencia y la educación, por supuesto, figuran entre los conceptos que serán sacrificados. La salud y el campo ya ven venir el siguiente golpe.

Apostando a que nadie proteste, Hacienda arguye que los recortes apuntalarán la consolidación de lo que llama “trayectoria descendente de la deuda”. Es decir, se rasura el gasto en educación y alimentación para pagar puntualmente la tarjeta de crédito, la parranda y el casino. Eso sí, la deuda nacional sólo conoce tres velocidades: crecer, crecer y crecer.

Según cálculos de los expertos, en 2000 la deuda equivalía a 10 mil pesos por cada mexicano; hoy, 17 años después, equivale a 80 mil por cabeza. De cuando en cuando, entre los partidos políticos se cuelan voces que quieren parecer de denuncia, pero sucede que son justamente ellos quienes han venido aprobando los techos de endeudamiento del gobierno federal. Una de esas recientes voces fue precisamente la del senador panista Ernesto Cordero, que nunca admitirá su corresponsabilidad en el desastre, la suya personal y la de su partido.

Y como lo que sucede en México está interconectado con las políticas supranacionales, vale recordar las advertencias que hizo en el Senado de la República un investigador de la Universidad de California, en Santa Bárbara. William Robinson desplegó datos muy reveladores de lo que sucede en el plano global, y que muestran cómo la economía general está ordenada en función de la concentración de la riqueza en cada vez menos proporción de habitantes.

Con un dato basta para alimentar la rabia: en los 7 años que van de 2008 a 2015, los 80 billonarios del planeta, que habitan la burbuja más selecta de capitanes de industrias y financieras multinacionales, aumentaron su poder económico en 50 por ciento. Mientras tanto, la humanidad más pobre vio disminuida su capacidad económica en una proporción similar. Una pérdida brutal. Y de nuevo asoma el hacha de Hacienda. ¿Qué, de plano, no habrá algo que pueda detenerla?

Ciudad de Querétaro, julio 13, 2017

 










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