No te dejes influenciar

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voto_secreto

Ya vamos a ir a votar,
Por alguien que no escogimos,
También puedes anular,
Pero aquí te lo decimos,
Si los quieres castigar,
Mejor busca otros caminos.

Estamos a menos de dos semanas de las elecciones en Querétaro y después de escuchar las graves acusaciones que se han hecho sobre todo a los dos candidatos favoritos para alcanzar la gubernatura de este maravilloso Estado, se me viene a la mente un ejemplo que podría ilustrar lo que es nuestra democracia y lo que está pasando en este proceso electoral.

Supongamos que un pequeño grupo integrado por funcionarios de las dos principales televisoras del país, invitan a toda la audiencia a participar en la selección de la mejor canción mexicana de los últimos 70 años, para que sea la que nos represente en todos los eventos internacionales. Ese grupo, después de varios meses de “arduo” trabajo selecciona de tres a cinco canciones que a juicio de ellos han sido las mejores en este espacio de tiempo y las presentan a todo el público señalando que llegó la hora más importante del proceso, la hora en la que a través del voto de cada persona, se determinará a la canción ganadora. Ninguno de los que van a votar participaron en la selección de las canciones candidatas. Cada uno podría hacer una selección muy diferente de sus tres a cinco canciones preferidas. La campaña de las televisoras será en sentido de la importancia del voto de los televidentes, ya que de la decisión mayoritaria de la audiencia resultará la canción representativa. Es claro que si ninguno votara por ninguna de las tres a cinco opciones no habría canción seleccionada y quedaría desierto el lugar del ganador; sin embargo, si dieran su voto algunos cuantos de la audiencia, digamos como ejemplo que cien, de los cuales 36 hubieran votado por la canción “B”, 29 por la canción “E”, 17 por la “A”, 11 por la canción “C” y 7 por la “D”, las autoridades del concurso, o sea las televisoras, anunciaran que la canción “B” fue la ganadora con un 36% de votos.

A los ciudadanos nos presentan, los partidos políticos, a cinco candidatos a gobernador, en cuyo proceso de selección no participamos, pero las autoridades electorales nos quieren hacer sentir importantes diciéndonos que vayamos a votar, que si no votamos no existimos y que en nuestro voto está el futuro de nuestro Estado, ya que de él depende quién y quienes nos vendrán a gobernar. Como en el caso de las canciones, habrá muchos electores a quienes no les agrade ninguno de los cinco, o cuatro candidatos, pues parece que uno ya declinó y de acuerdo a lo establecido en la legislación vigente sus principales opciones serían, entre otras, las siguientes:

1.- Votar por su candidato preferido aunque no esté registrado (Puede se Cantinflas, Hugo Sánchez o el compadre).

2.- No ir a votar (abstenerse)

3.- Ir a votar y anular el voto (rompiendo la boleta, tachando todas las opciones, etc)

4.- Votar por el puntero para sentirse con sus amigos “ganador”, por haber votado por el que resultó triunfador, sin importar los efectos para el Estado.

5.- Votar por el partido de sus simpatías, aunque no le guste el candidato, para sentirse fiel a su tradición de votar siempre por ese partido.

6.- Votar por el candidato que le parezca menos malo aunque en las encuestas no aparezca con posibilidades de triunfo.

Al igual que en el caso de las canciones, el votante que piense que va a castigar a los partidos y a sus políticos absteniéndose o anulando su voto, está muy equivocado, ya que de acuerdo a la ley electoral, la suma de los “votos válidos” conforma el nuevo universo del 100% y ganará el que tenga mayoría aunque no sea absoluta, como en el ejemplo señalado y aparecerá con un porcentaje muy superior al real. Supongamos que entre abstención y anulación esté el 50% de los votos, el 18% hubiera votado por el candidato “B”, 16% por el “A”, 12% por el “D” y 4% por el candidato “C”, Las autoridades designaran triunfador al candidato “B” por haber obtenido más votos que todos los demás y haber alcanzado el 36% de la votación efectiva (no de la total) y la realidad es que “B” va a gobernar con muy poco respaldo popular, ya que el 82% de los votantes no votó por él. ¡Esta es nuestra democracia!

Con lo anterior espero haber convencido a los indecisos que abstenerse o anular el voto sólo favorece a los partidos que pretenden castigar, ya que son ellos los que tienen un voto “duro” amplio (compuesto por los agremiados que pertenecen a diversos grupos que saben presionar y convencer a sus afiliados para que voten por un partido específico), con el cual pueden ganar, sin importar de que haya un amplio repudio popular hacia ellos.

Faltan muy pocos días y cada votante debe tomar su decisión. Vote o no vote, existe y seguirá existiendo, aunque las autoridades electorales digan lo contrario. Nuestra participación como ciudadanos es mínima, pero no la hagamos más pequeña de lo que ya de por sí es. Los invito a meditar un poco y dentro de las circunstancias ya descritas, a tomar su mejor decisión. No nos dejemos influenciar por los medios, ya que ellos tienen sus propios intereses y juegan su propio juego que no es el nuestro, el de los ciudadanos libres.

¿Usted qué opina?

guerincastellanos@hotmail.com

Guillermo Castellanos G. Mayo 27 de 2015

 










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