No sabes

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Cruzaban la calle tensos los dos. Culebra de asfalto, húmeda y negra. Habían discutido agriamente, seguro por cuestiones de dinero. Era una mañana de viernes, movida, fresca. Un leve aire frío hacía apretar los dientes. En el centro de la ciudad pequeña. Llevaban un buen puño de años viviendo juntos, con momentos buenos, muy buenos, malos, muy malos. Al llegar a la banqueta ella volteó a verlo y le escupió, con una firmeza ardiente:

–No sabes cuánto te amaría, si no vivieras conmigo.

Fue una puñalada que lo crucificó en la calle Independencia. Siguió caminando, naturalmente. No recuerda más qué pasó ese día. Muchos años después, tal vez tantos como los que vivieron juntos, el registro de esa frase sigue ardiendo en él como en una marquesina de cine anunciando la película.

Vive solo y no sabe más de ella.










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