¡Ni una “coma” podrán quitarle!

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Parafraseando al soberbio diputado federal de Mario Delgado, quien dijera que ni una “coma” le dejarían a la normatividad en materia de educación, ahora no podrán quitarle ni una “coma” al Tratado trilateral que deberá aprobar el Senado de la República, que han suscrito los gobiernos de México, USA y Canadá. Delgado no ha emitido comentario alguno al respecto. Así son estos políticos. Legislador de extrema (no se sabe su ideología, ha estado trabajando con el PRI, PRD y ahora Morena), que odia todo lo que en algún momento fue su sustento.

De acuerdo a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, todos los tratados internacionales que firme el gobierno de México, deben pasar por la aprobación del Senado, artículo 76 fracción II, párrafo segundo. Bien podrían hacerle alguna observación al Tratado, sin embargo, su líder político y espiritual Andrés Manuel López Obrador, ya dio su aprobación para que su bancada en el Senado lo apruebe, sin quitarle una sola “coma”.

De pretender modificarlo, las otras partes en automático suspenderían la firma del mismo con México. Así que no les queda más remedio que hacer “pucheros”, tragar pinole y seguir “chiflando”, a la mayoría de los senadores de la oposición que controlan todo, pero todo, en el Senado; deben aprobar el Tratado que formalizará el gobierno priista que tanto aborrecen. Así es la política, así son los políticos, deben “tragar restos escatológicos” sin hacer gesto alguno. Sin olvidar que el documento lleva la aprobación del empresariado mexicano que trabajó en el “cuarto de al lado”, con los negociadores del gobierno mexicano. Dio su aval la gente que envió López Obrador y acompañaron a las autoridades mexicanas.

Amlo mucho insistió en campaña que el gobierno de Peña, debería de suspender las pláticas para renovar el TLC; que eso lo debería hacer el gobierno que ganara las elecciones. Ahora que ganó y por muchos votos (las elecciones), tuvo que olvidarse de su promesa campañera y ordenar a su gente para que participara con los excelentes negociadores del gobierno de México (así lo reconocieron propios y extraños).

Tuvo que apoyar al gobierno de Enrique Peña, para negociar los nuevos términos del Tratado Internacional que esperan sea suscrito el próximo mes de noviembre. Por supuesto que, de aquellas promesas de campaña ya no se acuerda, ahora se alinea a las políticas del gobierno (al menos en esta materia) en funciones y prefiere no justificar a sus millones de seguidores las razones que lo llevaron a cambiar de criterio.

Su predilección por evidenciar su proclividad a la retórica mitomaniaca, en el camino de las negociaciones trató de llevarse el triunfo, el logro, el éxito de la firma del Tratado; primero con USA, después con Canadá. En ambos casos, aseguró, que gracias a él todo se había arreglado. Llegando incluso al absurdo de declarar que el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, le había pedido el favor de interceder con Donald Trump, para que éste aceptara las condiciones que deseaban los canadienses que se plasmaran en el clausulado ¡Inconcebible!

Lo increíble, que él mismo cree en sus mentiras; así lo declara, los medios de comunicación lo difunden y sus seguidores aplauden sus mentiras. Vaya que se pierde hasta la vergüenza en algunos casos; bueno, si acaso la conocen.

Muchos años pasaron para que se volviera a comentar sobre el TLC, desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. En aquel entonces harto se le criticó, después se olvidó y se obtuvieron buenos frutos en cuanto a inversión y creación de empleo; miles de millones de dólares llegaron a México, de lo cual, por cierto, se quejó Doland Trump, quien aseguró que ellos salieron perdiendo. No así en cuanto a lograr la igualdad salarial de los trabajadores de los 3 países. Los obreros mexicanos continúan muy rezagados; razón por la cual muchos inversionistas extranjeros buscan invertir en México, lugar en el que ganan más por las condiciones laborales que nos rigen; por eso la aprobación del “outsoucing” en la Ley Federal del Trabajo, para garantizar mayor facilidad a los inversionistas sin responsabilidad patronal, pretendiendo evadir el pago de prestaciones laborales a los trabajadores; la tendencia de los otros países, fue pagar a los obreros como en aquellos países, mejorar los ingresos de los mexicanos; pero no, solo emulan lo que les conviene, hay quienes ya pagan por hora, 20 pesos, cuando en aquellos países rebasan en mucho, pero en mucho esta ridícula cantidad salaria; la fuerza laboral de la Juventud es la que aprovecha el empresario nacional y extranjero para ello, incluso por la movilidad de la juventud les favorece a los empresarios, dado que no buscan hacer huesos viejos, pronto se van y no reclaman prestaciones laborales. Las cosas seguirán igual en el nuevo Tratado.

No todo es malo, continuará llegando inversión extranjera y la generación de empleos como consecuencia. Lo malo, que literalmente se “exprime” al trabajador mexicano bajo esas condiciones; el empresario busca invertir, por lógica, en donde obtenga mayores beneficios económicos, con menos riesgos de su capital. De ahí que los Bancos, en su mayoría, estén en manos de extranjeros; ganan y se llevan enormes cantidades de dinero producto del trabajo de los mexicanos. Aquí es en donde el nuevo gobierno federal debiera crear candados para evitar que ese capital generado en nuestro país, producto del trabajo de los mexicanos, emigre a otros países, ejemplo los EUA o España. Literalmente asaltan los bolsillos de los inversionistas o de aquellos que buscan un servicio de la banca mexicana; actividad “legal” aprobada por el gobierno y consentida por el “sabio pueblo”, diría el Presidente electo. Los Bancos cobran por todos los servicios, incluso la enorme mayoría de los patrones ya no pagan salarios en efectivo, todo es por medio de la banca y esta aprovecha para cobrar y “jinetear” el dinero de millones de empleados.

El gobierno que se va hizo nada, ni el que llega ha manifestado algo al respecto ¿Temor al inversionista extranjero? ¿Temor a la fuga de capitales? Tal vez sea eso y prefieren privilegiar los abusos de los banqueros o las empresas trasnacionales, sin pasar por alto las nacionales.

Así las cosas, los tratados internacionales sobre libre comercio o comercio condicionado, son, en principio, en beneficio de la clase empresarial; de manera secundaria, para el pueblo que tiene mayores opciones para de compra productos que se importan, sí, mayores empleos y en ocasiones mejore remunerados, solo en ocasiones. La ciudadanía tiene mayores opciones, pero los tratados no son la panacea, abren puertas; sí, pero no todas llevan a mejores estadios de vida.

Solo basta pensar ¿Quién invierte? ¿Qué busca el que invierte? ¡Lucrar! Así de simple. Lo bueno y lo malo. Lo mejor sería que el empresario mexicano grande, mediano o pequeño, siempre tuviera en mente el progreso del país y sus trabajadores; pero, eso es solo una quimera, una bonita ilusión, la dura y necia realidad es otra. Al menos se abren opciones y depende de unos y otros decidir por las mejores oportunidades entre esas opciones. Al final de la ruta crítica, de aquello que fue un incierto camino para llegar a la firma del Tratado, la síntesis comercial entre los 3 países fue bastante aceptable; enhorabuena por una satisfactoria conclusión de los negociadores del todavía gobierno federal ¡Tratado al que no podrán moverle una sola “coma”!

Héctor Parra Rodríguez

 










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