Mujer Luna Bella (II y último)

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Mujer Luna Bella anda en las turbulentas olas de la vida, verdes y oscuras, que suben alto y caen con fuerza, chocan con las rocas o se extienden suaves en la playa. Hoy tiene apenas 27 años y ya ha vivido varias vidas, muertes y resurrecciones.

Es una ola que le gusta compartirse. Sin saber qué era putear se metió a putear y, por lo que sabemos, lo ha hecho muy bien. Sin tener una puta idea de cómo se hace un libro, ya hizo el primero. Y la ola blanca y negra sigue creciendo y se extiende. Esa es quizá su virtud y vocación: compartir su alma, su corazón, su cuerpo, sus vivencias, sus pasarelas por la vida hasta la muerte. Tras la necesidad, una vez alcanzada la libertad, se abre al azar y lleva la misión de dar y compartirse.

Naturalmente hay seres más y menos compartidos que otros. Pero ese es el punto: compartirse o no compartirse. “Siempre hay un nosotros en cada uno de nosotros”, dice un poeta.

La ola Luna sabe moverse y palabrear. Tiene el sentido de la narración, el salto y el suspenso. Tiene cosas que contar y las cuenta bien. Nos regala su vida al regalarnos su experiencia vital. Sabe que vive en el tiempo de la Edad Luz: “El tiempo de la satisfacción inmediata que el mundo demanda y de la vorágine del consumismo” (Luciano Campos Garza en “Las vidas de Verónica”, p. 12). Disfruta el tiempo del placer que es hoy y nuca jamás. El libro avanza como es la vida: zigzagueante, en líneas quebradas, no es lineal, vuela y retrocede, sube y baja, revuelve los tiempos psicológicos. Encaja los rudos golpes de la vida. Ha convivido con los otros (la familia pobre y tradicional), ha buscado a Dios y ha buceado en el interior de Verónica Luna Bella, ola de la vida en movimiento.

No es literatura. No hace una gran literatura. Pasa en claro la experiencia de su vida, sin florituras y sin aspavientos. Y se identifica con sus malos y buenos ratos y tratos. Para escribir sólo se necesita tener cosas que contar y tener ovarios para decirlas. Mujer Luna Bella hace bien lo que sabe hacer, putear, y se jode y lo disfruta. Esa es su enseñanza ejemplar. “Los quiero un chingo”. Gracias a los otros salió del reino de la Necesidad y pasó al reino de la Libertad, hasta donde es posible.

Aunque las buenas conciencias no lo crean, el libro de Mujer Luna Bella es una obra educativa y no de mala educación. Es una luz que ayuda a valorarse y quererse en el amor al trabajo, la resistencia y la persistencia. Un ejemplo femenino de libertad perra. Lo digo en serio. No es miel sobre hojuelas. La hija de la Luna sabe que no es un ángel pero tampoco es una diabla. Mujer por todos lados, busca y sigue una luz interior que cae del cielo. Y crea su mito al compartirse. Es invaluable la experiencia del otro que nunca seremos. ¿Nunca? Es muy fácil repetir lo que condenamos.

Frases cortas y precisas, claras y sin vueltas. Ideas, sucesos e historias transparentes. Cuando se tienen cosas que contar y se quieren contar, simplemente hay que narrarlas. Poco a poco se va enriqueciendo la calidad literaria, si se sigue viviendo y se escribe con vitalidad. La malicia y la intuición van tejiendo su red con la honestidad de la vida contada. ¿Para qué contar las cosas? Por el simple deseo de compartirnos y entrar en nosotros y salir de nosotros y encontrarnos con los otros nosotros, carajos, si es que existen. De las Voces de Antonio Porchia:

–Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no existiría nada.

Naturalmente le falta leer buena literatura, buenas crónicas literarias y buenas autoras femeninas. Su prosa sin tropiezos es transparente y sin embargo le falta interioridad, cierto estro creador, el lado oscuro de la Luna. Tiene malicia narrativa y poco a poco afinará su interioridad narrativa. La ola está a mar abierto y puede crecer hacia los cinco continentes. El sueño aterrizado en la libertad de las palabras. Leo la vida de Mujer Luna Bella como leo “Mi vida con la ola” de Octavio.

Si leer es revivir la experiencia del otro, escribir es compartir nuestra propia desnudez.

¿Final feliz, fantástico o religioso? Escribió el libro a los 26 años y hoy tiene 27. La vida sigue. Las historias no se acaban. Tiene voluntad y ha emprendido un nuevo camino con Corazón y Luna. Buena suerte.

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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