México se escribe con X, los 80 Años del Exilio Español.

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Ayer tuve la oportunidad de revivir recuerdos y sensaciones gratas de mi formación en El Colegio de México, durante la conmemoración de los 80 años del exilio español en México, festejo al que asistí acompañando a mi queridísima amiga Dra. Alicia Ramos, hija de una de las niñas del grupo conocido como “Niños de Morelia”. No cabe duda que, como decían los antiguos clásicos latinos, la Historia es maestra de la vida y vida de la memoria, “magistra vitae, et vita memoriae.
Volví a sentir ese sentimiento de fraternidad, de cariño, en la convivencia abierta y franca entre personas, como era antaño en El Colegio de México, donde podías desayunar con Don Daniel Cosío Villegas o con Víctor Urquidi, lo mismo que podías invitar a cenar a tu casa a Rafa Segovia o Lorenzo Meyer, sin distancias ni distinciones, ayer tuve la oportunidad de platicar con Arturo Herrera, secretario de hacienda, con Graciela Márquez Colín, secretaria de Economía y con Armando Rosales García, subsecretario de la SEDATU, egresados del COLMEX, sin formalismos y sin distancias burocráticas. Me agradó sinceramente la sencillez de Arturo Herrera para hablar de economía, pero también de las anécdotas de su estancia en los muros de El Colegio de México.
Lo que se respiraba era esa cercanía que te da la pertenencia a una institución que dio acogida a un gran número de intelectuales españoles. Se montó una exposición fotográfica, del fotógrafo Ricardo Vinós: “La Otra Orilla del Olvido”, que recupera la memoria de un gran número de intelectuales que vinieron primero en el famoso barco Sinaia y después en muchos otros muchos barcos que no sólo fueron el rescate de la muerte, sino la esperanza de vida de tantas personas que vinieron a rejuvenecer y revitalizar la vida intelectual de México. Este es uno de los grandiosos efectos positivos de la política mexicana del asilo y una visión distinta de la migración.

Aunque existen algunas variaciones en cuanto a los números, la mayoría coincide en que llegaron a México alrededor de 5000 profesionales calificados, 2700 catedráticos y profesores tanto de educación básica como profesional, muchos de ellos fundaron el equivalente de la Casa de España, el Colegio Madrid, donde estudiaron inicialmente los hijos de esos refugiados españoles y que ha aportado tan buenos frutos al sistema educativo mexicano. Llegaron también militares, sobre todo de la rama de la aviación. Un grupo de médicos, alrededor de 500, constituyó un aporte muy importante en la fundación del Ateneo Ramón y Cajal, dirigido por el Dr. Manuel Márquez, discípulo del sabio español, eminente investigador y descubridor de las neuronas, Ramón y Cajal. Ignacio Bolívar se encargó de regularizar su participación inmediata en investigaciones, docencia y producción intelectual en México.
La Casa de España se transformó posteriormente en El Colegio de México, presidido por el ilustre intelectual mexicano Alfonso Reyes. Desde tiempos de la Casa de España fue notoria la producción editorial de revistas memorables como: España Peregrina, Las Españas, Romance, Litoral, Diálogo de las Españas, La Nostra Revista, Ultramar, Ciencia, Los Sesenta, Pont Blau, Quaderns de l”Exili, Mundo, Los Cuatro Gatos. Hazaña personal de Max Aub fue la edición de El Correo de Euclides, revista de contenido irónico y fabuloso que obsequiaba a sus amigos a fin de año. Hubo publicaciones esporádicas, intentos malogrados y numerosos boletines. Colateralmente, los escritores del exilio animaron, con sus colaboraciones, revistas nacionales, como Letras de México, Taller, El Hijo Pródigo y Cuadernos Americanos, así como los suplementos culturales de El Nacional y México en la Cultura. Toda una larga contribución al esplendor de la letra impresa, a la cual pertenece la creación e impulso de editoriales asociadas a nombres como José Bergamín, Juan Larrea, Eugenio Imaz, Juan Grijalbo, Joaquín Díez Canedo, etcétera. Y una impresionante suma bibliográfica que puede haber rebasado ya los 6.000 títulos.
Curiosamente, junto con la exposición fotográfica, montada en la Biblioteca del COLMEX, se exhibieron numerosos libros sobre el Exilio Español que posee la riquísima biblioteca Daniel Cosío Villegas.
Al rememorar en la plática esas experiencias, me llamó mucho la atención la idea que manifestaron muchos de los hijos de refugiados ahí presentes, que hacían mención los refugiados sobre la diferencia del trato recibido en Francia y la recibida en México. Hay que recordar que Francia vivía en el terror de la guerra y de la ocupación alemana y una situación de subordinación ideológica en la República de Vichy. Sólo hay que recordar las peripecias y dificultados que enfrentó el diplomático mexicano Gilberto Bosques, para embarcar a México a miles de perseguidos por el fascismo, el franquismo y el nazismo. Estuvo en el ambiente la memoria de Lázaro Cárdenas y de Doña Amalia Solórzano, que propiciaron esta página gloriosa de la política exterior mexicana.
Es en estas experiencias donde se aprende que el cruce de la X de México, representa un abrazo de culturas, un cruce de experiencias positivas entre dos pueblos, que si bien es necesario el pedir perdón por la destrucción que hicieron los españoles de las culturas originarias de estas regiones de América, también hay que decirlo, se abrazan fraternalmente en coyunturas de dolor y heroísmo, como lo sucedido en España en la Guerra Civil y en Europa durante el nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Una visión distinta de la migración. Hay que estar plenamente conscientes de la riqueza de las aportaciones que hizo el exilio español a México.










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