¿Maximiliano para Querétaro?:Tesis, antítesis y síntesis de la elección de 2021.

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A. Tesis.
La historia electoral de Querétaro se entrelaza con la sociología y la economía en el proceso de industrialización que de manera específica ha caracterizado a la entidad desde principios de los años sesenta del siglo pasado, así como la historia de las familias más representativas del Querétaro. Desde el inicio de la industrialización, Querétaro se fue transformando demográficamente por la inmigración, primero inversionistas e ingenieros que vinieron con las primeras fábricas, después profesionistas liberales, abogados, médicos, economistas, psicólogos y otros que se fueron sumando para ir conformando una sociedad cada vez más plural y diversificada, sobre todo con la gran ola migratoria a raíz del sismo de 1985.
No comparto del todo la tesis de la queretanidad (1), como factor cultural asociado al desarrollo económico y la paz social, Querétaro es cada vez más cosmopolita. De hecho, ahora existe una comunidad internacional importante, que realiza incluso un evento cultural-comercial anual. Es el reflejo de un Querétaro multicultural. Si bien es cierto que muchos inversionistas y profesionistas se asimilaron a los valores y gustos de la tradición queretana, la queretanidad, también hay que reconocer que los que vinieron de fuera transformaron los valores y las tradiciones. Si en la primera mitad del siglo pasado parecía que había una movilidad social precaria, después, con la apertura de supercarretera a México a principios de los sesentas y la ampliación de las oportunidades de educación superior, numerosos queretanos de las clases medias y medias bajas, comenzaron su ruta de ascenso y la incorporación de nuevos profesionistas, provenientes sobre todo de la ciudad de México, comenzó a cambiar el perfil sociopolítico de la entidad. Se amplió la clase media. Esto se vio reflejado con mucha claridad desde la elección de Mariano Palacios y después en la de Enrique Burgos. El empuje generacional y social de Mariano significó una visión diferente del electorado queretano, contrastante con la del anterior gobierno del Negro Camacho.
Coincido con Marcela Ávila-Eggleton (2) en que la incorporación del empresariado, en gran medida proveniente de fuera, fue factor de intermediación en la clase política y su importancia en los procesos de selección de candidatos, factor no tomado en cuenta por ejemplo por Fernando Ortiz Arana y su derrota a manos del Ingeniero Ignacio Loyola Vera, vinculado a los nuevos grupos empresariales venidos a la entidad. Esto explica también, en gran medida, la llegada al poder de Garrido Patrón y la consolidación del PAN como fuerza importante que tuvo la capacidad de desplazar al PRI que hasta el sexenio de Burgos había ejercido el monopolio del poder en la entidad.
El tránsito del PRI como partido hegemónico a un bipartidismo PRI-PAN hay que entenderlo también como parte del proceso de decadencia del PRI a nivel nacional. La derrota de Fernando Ortiz Arana se da, en gran medida, por el papel desempeñado por éste después de la muerte de Colosio y la disputa del poder con Zedillo, así como el alejamiento de este presidente de la nomenklatura priista, que permitió la llegada de Fox al poder en el año 2000.
El gobierno de Calderón se caracterizó por un triunfo puesto en duda, la crisis económica de 2008 y el decrecimiento del PIB, así como su pésimo desempeño en el asunto de la seguridad, ahora agravado con la detención de Genaro García Luna, por la percepción de que en realidad su “Guerra” con el crimen organizado, fue una lucha de un grupo del crimen organizado con otros. Un narco-estado.
El fracaso calderonista permeó al estado de Querétaro, que veía a un PAN dividido y debilitado, lleno de escándalos al final del sexenio de Francisco Garrido Patrón. 2009 fue el movimiento pendular más doloroso para los grupos conservadores del PAN.
La llegada de José Eduardo Calzada Rovirosa fue punto de unión y de coincidencia de algunos grupos priistas, con la inclusión en su gobierno de antiguos colaboradores de Mariano Palacios y de Enrique Burgos y en alguna medida de Fernando Ortiz Arana.
Si bien en 2012 el PRI recuperó las principales plazas municipales, para 2015 ya se advertía el deterioro del PRI nacional, que cargaba con el desprestigio de corrupción de Peña Nieto. El caso Ayotzinapa y la Casa Blanca ejercieron una influencia poderosa en el electorado.
¿Por qué ganó el PAN en 2015? El electorado queretano no se puede definir sólo como poseedor del voto estratégico, éste se da de acuerdo a condiciones diferentes en muchas otras entidades, ni menos, como que es un electorado identificado con el PAN, esto no explicaría la llegada de Calzada, ni la elección de 2012. El electorado es cambiante por una complejidad de factores y circunstancias que se dan en función de cada “momento” político.
B. Antítesis.
La elección de 2018 fue lo opuesto en muchos sentidos a la de 2015 sólo en la elección federal. Aunque en la elección presidencial ganó López Obrador y Anaya, queretano, obtuvo un lejano segundo lugar en su propia tierra, lo cierto es que el PAN logró obtener la mayoría de las presidencias municipales (11 de 18), entre ellas, las conurbadas de la ciudad de Querétaro: Querétaro, Corregidora y El Marqués, que juntas significan más del 60 % de los votantes. Ganó una holgada mayoría en la legislatura local (10 de 15), tres de cinco diputaciones federales, los dos senadores de mayoría y dejando a Morena la primera minoría.
El PRI sufrió la derrota más espectacular de su historia. Sólo obtuvo tres presidencias municipales en la Sierra (Pinal, Jalpan y Arroyo Seco), dos diputaciones locales (El distrito XII con el PVEM) y quedaron fuera en todas las posiciones federales. El control que tiene Calzada sobre el partido ha reducido su capacidad de respuesta y no cuenta con proyecto, liderazgo, ni objetivos claros. Como dice Régulo Cortés (3), la base de los sectores y el trabajo territorial se esfumó por la indolencia, falta de visión y pérdida de liderazgos. No cuentan con definición ideológica-programática ni menos con la integración de una organización política autónoma.
C. Síntesis para 2021.
La era del bipartidismo PRI-PAN llegó a su fin, el PRI no es oposición, por lo que es preciso elaborar nuevas opciones, una nueva oposición que no ha logrado consolidar Morena, Movimiento que sólo logró una presidencia municipal, la de Ezequiel Montes (junto con el PT y PES), tres diputaciones locales, dos diputaciones federales y un senador por primera minoría. Esta votación es un indicador claro del reto electoral que deberá enfrentar Morena en las próximas elecciones de 2021.
Los déficits de gobierno del PAN, la falta de liderazgo que no ha logrado encabezar una oposición, las divisiones internas, la vacuidad del discurso conservador, la resonancia del juicio de García Luna y sus efectos de corrupción en el estado, la inseguridad, la falta de soluciones al tráfico citadino, los efectos de la desatención a los jóvenes y el conservadurismo hacia las posiciones reivindicadoras de las mujeres impactarán necesariamente sobre los negativos del PAN.
Mounk, citado por Pascal Beltrán del Río (4), afirma que el ascenso de las cuestiones culturales como principal factor de escisión en la política de Occidente ayuda a explicar la muerte lenta de los partidos socialdemócratas en muchos países como Alemania, Francia, Italia y Suecia. La lección es que, si un candidato o un partido se posiciona demasiado afuera del mainstream cultural, pueden sufrir la misma suerte de los laboristas. De ahí el interés y la justificación de un discurso centrista y, sobre todo, sensible al sentir del pueblo. Este fue uno de los factores principales del éxito electoral de López Obrador. Pero en Querétaro no es suficiente, como se demuestran los magros logros de Morena en la pasada elección, aún con el arrastre del candidato presidencial.
Urgen nuevos esquemas que respondan a la cultura actual y a la nueva realidad del país que significa la 4T. El PAN está desfigurado y el PRI desaparecido, es necesaria una reconstrucción de los objetivos e ideales políticos para la mayoría de los habitantes del estado. Urge una candidatura viable para la alternancia.

Es necesaria una candidatura con un perfil particular: más cercano al centro, con un discurso fresco pero no inexperto (hay diferencia), presencia pública pero que haga sentido con la responsabilidad del cargo, cercano a los intereses más sentidos de la población, con visión de cambio y de innovar (pero sin dar marcha atrás a lo construido por varios gobiernos estatales por décadas, priistas y panistas), con ideas claras para atender con eficacia los principales problemas del estado, que reconozca lo bueno que hay pero se atreva a poner sobre la mesa tanto que se ha dejado de hacer en el Estado y que empieza a poner en riesgo el progreso social y económico de nuestra entidad, para potencializar las fortalezas de MORENA, atacar las debilidades del PAN, y compensar las zonas anti Lópezobradoristas.

El perfil más apegado a estas características podría ser Arturo Maximiliano García Pérez, por años una figura aprovechada y a la vez desaprovechada por el PAN, sin grupo político, lo cual lo dejó al margen de los gabinetes y las candidaturas. A pesar de que es mencionado en algunas columnas políticas y en algunos círculos, no parece querer dar color, en ningún sentido. No se le ve particularmente cerca de ningún partido, aunque en su momento pudiera ser una ventaja para contender por el que le abra la puerta, si su interés fuera regresar a las boletas en 2021. Hoy Maximiliano parece estar más interesado en consolidarse como jurista y en los medios de comunicación que en la política, pero tampoco se ha descartado, quizá no vea necesidad. Cara fresca pero conocida cumple con requisitos que lo podrían hacer un activo para cualquier propuesta partidista, queretano, con preparación académica de sobra, ex UAQ, maestro, líder de opinión en materia política, económica y financiera, ya ganó elecciones tanto como candidato como coordinador, alto funcionario municipal en dos administraciones, contralor en la federación y presidente del Congreso local. Los argumentos los tiene, pero partido no, vocación sí pero interés pareciera que poco. La coyuntura podría favorecerle de encontrar el partido correcto, el vehículo, y la bandera adecuada a los tiempos, cuestión de que se anime para insertarse en esta historia de quienes han construido y han dado rumbo a nuestro Estado.

El contenido de esta columna es por decisión propia, por aquello de los actos anticipados de campaña. La libertad de prensa y de opinión constitucionales debe prevalecer sobre leyes y reglamentos. Lo hago a título personal y ejerzo mis derechos.

(1) Marcela Ávila Eggleton, “Querétaro 1988-2015. El tránsito de la predominancia”, en Bravo Ahuja Ruiz, Marcela (2017). Política y Elecciones en México, Nuevas historias regionales 1980-2015. Ed. La Biblioteca, México, páginas 111-130.
(2) Ibid. Pág. 112.
(3) Cortés Lázaro, Régulo ¿Es posible reconstruir al PRI?, Columna invitada en Plaza de Armas, 16 de octubre de 2019.
(4) Pascal Beltrán del Río (Excelsior, 18.12.19), cita a un politólogo alemán que estudia el fenómeno de la cultura en la comunicación política, Yascha Mounk (Múnich, 1982), quien, en un artículo reciente publicado en The Atlantic : “How Labour lost the culture war”, disecciona la estrepitosa derrota del Partido Laborista que acaba de sufrir en las elecciones generales del Reino Unido.










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