María Esther Durán

|




La veíamos siempre ahí, como la leal compañera de un organizador y luchador social que hizo del cooperativismo la cruzada de su vida. La conocimos como la esposa de don Luis Ugalde Monroy, que en los años 50 del siglo pasado puso el cimiento del movimiento de cajas populares en Querétaro, materialización del cooperativismo como alternativa ante la usura bancaria.

Pero María Esther Durán Ortega tenía su propia historia y murió la noche del jueves 23 de mayo. Como integrante de la congregación de Misioneras Marianas, por 21 años llevó el nombre de sor María Josefina Soledad de Jesús Crucificado, la Madre Chole para sus compañeras. Su recio carácter, tallado a golpe de años de silencio en los conventos y hospitales donde ofrendó su servicio, fue siempre fiel a su origen campesino y a su condición de mujer insumisa.

Cuando sintió que había cumplido su misión, se separó de su congregación porque la vida le tenía reservada una nueva misión al lado de un cura rebelde y proscrito. Ese cura era don Luis Ugalde, que había sido suspendido del ejercicio eclesiástico tras desobedecer a su obispo, de quien recibió la orden de devolverse a la sacristía y abandonar la lucha social.

Muy metida en los meandros de la vida cotidiana, esta mujer que nació antes del estallido de la guerra cristera, en 1926, hace 93 años, escribió tres libros con bella prosa. En el primero, titulado Muchacha de rancho, su infancia y su adolescencia sirven de mirilla para visualizar las condiciones del Bajío mexicano, rural y preindustrial. El segundo libro, editado hace diez años bajo el título Rompiendo el silencio , constituye un testimonio personal que denuncia el déficit evangélico del aparato de dominación y encubrimiento eclesiásticos.

Del tercero alcanzó a revisar las pruebas y su próxima publicación será un homenaje a su fructífera existencia. Lo tituló Desde Lomas de Casa Blanca, en alusión a esa colonia que por muchos años condensó la conflictividad de la periferia y que fue donde vivió, a partir de 1968, ese proceso de “dejar de ser” monja para reinventarse en la vida civil, que dignamente llevó hasta el jueves pasado. Vayan desde aquí los mejores ánimos para don Luis, que encara la ausencia con el envidiable entusiasmo de los que tienen más proyectos que nostalgias. Un abrazo, querido don Luis.

  Ciudad de Querétaro, mayo 30, 2019.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario