Malas noticias para el gobernador

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Pancho_Dominguez_Queretaro

No fueron buenas noticias para el gobernador de Querétaro. Es cierto, la fuerza emergente de Morena y sus aliados no alcanzó aquí el inédito nivel del tsunami federal, pero sí el de una muy alta ola que tiene en muy graves aprietos al Partido Acción Nacional. Ya sabemos, el PAN perdió aquí la elección presidencial, pero por ahora respetemos el terapéutico silencio en que se ha hundido Ricardo Anaya.

La coalición del próximo presidente de la República levantó en Querétaro una cosecha muy apreciable. Pasó de cero a un ayuntamiento; de cero a dos diputaciones federales; de cero a una posición en el Senado, y de una a siete diputaciones locales. Con todo y la diferenciación del voto que se registró, a partir de datos de la elección de diputados locales, el PAN perdió ocho muy valiosos puntos. Mientras tanto, la nueva segunda fuerza local se disparó a 27 puntos, a sólo siete del partido del gobernador.

Al perder el panismo la mayoría simple en la Legislatura del Estado, se reconfigura el mapa político local. Con su sólo poder numérico, la oposición podría decidir, por ejemplo, el presupuesto de 2018. Si se lo propusieran, los 13 diputados de oposición, entre ellos los siete de Morena, podrían iniciar una transformación insólita y decidir una nueva distribución del gasto, a partir de eliminar privilegios (sí, poner fin a los viajes de placer, por ejemplo) y robustecer rubros débiles. Para que la oposición legislativa vaya haciendo cálculos, el presupuesto estatal del próximo año rondará los 45 mil millones de pesos.

Hoy, como nunca, estamos ante la posibilidad de hacer efectiva la premisa republicana de que desde el Poder Legislativo también se gobierna. Con su mayoría, la oposición podría, también, si se lo propusiera, modificar todas las leyes del estado de Querétaro. Aquí tenemos, aparte de la Constitución, un total de 102 leyes del ámbito local. Está en manos de los próximos diputados locales rediseñar todo el entramado institucional para ponerle freno a la corrupción y la impunidad. La Legislatura local tiene el reto inédito de constituirse en auténtico contrapeso del Ejecutivo, a quien las urnas le han mandado una señal más que inquietante.

Por el nivel de reprobación que alcanzó, y por los previsibles ajustes desventajosos en su relación con el próximo gobierno federal, Francisco Domínguez está en aprietos para asegurar que su relevo en tres años provenga de su partido. Sus dos delfines están en serias dificultades. Si Gilberto Herrera estuvo a tres puntos de Mauricio Kuri, Luis Bernardo Nava se está moviendo en niveles dramáticos; así, tenemos que del casi millón de votos emitidos, a su oponente sólo le faltaron mil 513, estrechísima diferencia de 0.34 por ciento… y todavía tendrá que esperar varias semanas para que le confirmen si gobierna o no la capital.

Para el gobernador Domínguez, pues, los siguientes tres años no serán día de campo. Para Morena y sus aliados, por supuesto, tampoco.

 










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