Lupa Q / Vistas 137 Septiembre patrio 2019

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Sobre la blancura de esta página de luz / escribo en letras negras los sentimientos de mi alma.

Ya no me cuadro ante la bandera nacional, manchada de sangre y lodo e infamia.

Me irrita la letra bélica del himno nacional, sus “mexicanos al grito de guerra” y “un soldado en cada hijo te dio”.

Temo al ejército mexicano, entrenado para obedecer órdenes, así sean más animales que humanas.

No es mi guía moral el señor presidente de la república mexicana.

No creo en los partidos políticos, partidos de intereses trepadores.

No veo la división de poderes políticos y económicos, no palpo los contrapoderes democráticos, persiste el amasiato patrimonialista.

Ya no satanizo en bloque a los empresarios, sin duda son necesarios, pero muy pocos logran equilibrar la voluntad de ganancia con la voluntad de servicio.

A las iglesias entro a descansar, a ver a los fieles y a dialogar conmigo. No rezo ni platico con los Dioses. No tengo fe religiosa, creo en la duda y en la iluminación poética. Admiro a las putas palabras.

En los deportes todavía quiero y me emociono sosegadamente con los juegos de la selección mexicana. Pero sé que los mayores triunfos han sido individuales, no de equipo. ¿Por qué será?

Nos hace falta chingos y chingos de ciudadanía reflexiva, crítica, fraterna y solidaria. No emocional, no voluntarista, no partidista.

No leo la prensa partidista, me aburre.

No creo en la historia de bronce, los buenos de un lado y los malos del otro.

En todos los medios de comunicación hay cosas admirables y cosas reprobables. ¿Cómo encontrar y quedarnos con lo mejor y rechazar lo peor?

No creo en el pueblo bueno y pueblo malo. Pueblo chico, infierno grande; infierno grande, pueblo chico.

Duele la indolencia del machismo y asusta los absolutos feministas.

Creo en los otros porque los necesito. ¿Eres cuanto te necesitan, no lo que eres? No lo sé, querido Porchia. Trato de sostenerme sosteniendo mis palabras.

No amo mi patria pero todo el país es mi país, de frontera a frontera y de océano a océano. Y todos los mexicanos son mis compatriotas, sin distinción de clase, aunque sé que las clases sociales existen, y luchan y conviven, se sacan los ojos o fraternizan, o pasan indiferentes.

Amo y me duele México, su dolor, sus muertos, sus desastres.

¿Qué hago por mi país? Palabreo los sentimientos que siento y los comparto. ¿Qué otra cosa podría hacer?

“Bajo el ondear de la bandera” y las notas del himno en el patio del palacio nacional. ¿Vuelta al Estado benefactor o al “Estado (como) el lobo del hombre”?

A Daniela Rea, periodista de “Historias de impunidad y resistencia”.

Q, México, septiembre patrio 2019.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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