Los Scherer Ibarra / Julio Figueroa**

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“Única salvación: la vida de otro”
–Elías Canetti, “El corazón secreto del reloj”

Cinco años sin Scherer García, pero su espíritu aquí está, gracias a otros espíritus: sus hijas Ana y María, su Revista Proceso, sus lectores, admiradores y detractores, que son legión. Esta vez no está solo don Julio. Lo acompañan entrañablemente su esposa y compañera de vida durante 35 años, Susana Ibarra Puga, más los 26 que vivió con ella en la memoria de los afectos vitales, “su estrella polar”; el recuerdo del viejo Excélsior y el inicio de Proceso; Vicente, Krauze, Fuentes, Florescano, Monsiváis, José Agustín, Zaid, Paz, Pacheco, Ibargüengoitia, José Ramón Fernández, Cosío Villegas, Javier Sicilia, Héctor Aguilar Camín… creo que faltó García Márquez, admiración sin ataduras, y su hermano de armas y dudas el padre Maza (perdón por los que omito). Y desde luego están sus hijos y sus compadres José de Lima y esposa, con su fajo de cartas.
Impecable el relato y la prosa diamantina bien cortada y cargada de rectas intenciones de Ana Scherer Ibarra, “Nunca sin ti”. ¿Qué podría yo agregar? Es ella la que añade una vida a las tres-cuatro ya conocidas: la vida pública, la vida privada, la vida íntima, la vida secreta y “la vida indescifrable, el enigma del azar”. Gracias.
–Azar, Necesidad y Libertad rigen nuestras vidas, decía Eduardo Nicol.
María Scherer Ibarra por su parte comparte una parte de su herencia que le dejó su padre: los libros que quedaban de su biblioteca y algunas dedicatorias de los autores de algunos libros. Gracias. ¿Y las suyas en los libros que él obsequiaba, quién podría recogerlas?
Lo demás es silencio. Pero me gustaría saber el testimonio personal e íntimo de Susana y Julio, los hijos con los nombres paterno y materno.
En fin. Gracias por su atención y mis saludos a Rafael Rodríguez Castañeda, en su último mes en la dirección de Proceso.
Qro. Qro., Presidentes, martes 7 de enero 2020.

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**Estas letras de luz en general son posibles gracias a la generosa luz de los Hermanos Loyola y de la UAQ. Mil gracias. JF










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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