LOS PRESIDENTES

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A partir de que Carlos Peñafiel Soto, presidente del Comité Ejecutivo Estatal (CEE) de Morena-Querétaro, fuera nombrado embajador en la República Dominicana, Jesús Méndez Aguilar se autoproclamó, ante los medios, presidente del CEE.

Méndez Aguilar quien es secretario del CEE desde 2015, justificó su proceder en la interpretación del inciso “b”, del artículo 32 de los estatutos de Morena, votados en el quinto congreso nacional extraordinario en agosto de 2018, que a la letra señala: “Secretario/a general, quien tendrá a su cargo el seguimiento de acuerdos, la convocatoria y las actas de las reuniones del Comité Ejecutivo Estatal; suplirá al/la Presidente en su ausencia”.

El secretario también señaló que a él le correspondía la presidencia, debido a que al ser nombrado embajador Peñafiel Soto está impedido para continuar en la presidencia de Morena, de acuerdo a lo que establece el artículo 8 de los estatutos: “Los órganos de dirección ejecutiva de Morena no deberán incluir autoridades, funcionarios o integrantes de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial de los municipios, estado y la federación”.

Por su parte Peñafiel Soto, ha declaró ante la prensa que mientras él no tome posesión de su nuevo cargo, continuará al frente del partido invocando el artículo 38 de los estatutos que señalan en el tercer párrafo que el Comité Ejecutivo Nacional: “Acordará a propuesta de la Presidencia, el nombramiento de delegados/as para atender temas o, en su caso, funciones de los órganos del partido a nivel nacional, estatal, distrital federal y local, regional y municipal”.

Carlos Peñafiel también ha declarado que la dirigencia nacional será la que designe a un delegado al frente del partido y que la Comisión Nacional de Honor y Justicia (CNHJ) será la que resuelva la interpretación de los estatutos.

¿De qué manera se desatará este nudo gordiano? Lo más probable es que la dirigencia nacional nombre delegado a Norman F. Pearl, quien se quedará al frente de Morena hasta noviembre próximo en que haya elecciones para renovar el CEE, en tanto, desde mi perspectiva, el fallo de la interpretación de los estatutos a cargo de la CNHJ también será favorable a Peñafiel Soto.

De esta escaramuza, el grupo de Méndez Aguilar saldrá posicionado mediáticamente para la competencia por la presidencia de Morena, lo que le dará una cierta ventaja, aunque quien se quedará con el sartén por el mango será Norman F. Pearl, quien tendrá a su disposición los activos del partido durante cinco meses para, también, promover su candidatura a la presidencia.

Quienes ven la disputa por el poder al interior de Morena seguramente se preguntan ¿por qué las dos facciones no llegan a una decisión salomónica y ponen fin al conflicto para que el partido llegue fortalecido a las elecciones de 2021? No es tan sencillo, debido a que la confrontación está vinculada con sus intereses de grupo, personales y su anterior pertenencia política; mientras que el núcleo del grupo de Peñafiel Soto está identificado con el PAN, el de Méndez Aguilar lo está con el PRI, partidos de los que ambos dirigentes han sido simpatizantes y/o militantes.

Por supuesto que, quien sigue muy de cerca el conflicto de Morena es el gobernador Domínguez, porque, como sabemos, tiene cooptados a los órganos autónomos del estado, las asociaciones de empresarios y profesionistas, así como a las dirigencias de los partidos políticos de “oposición”, cuyos legisladores terminan sumándose a favor de sus iniciativas, incluso los de Morena (al parecer el voto de la diputada Larrondo para empoderar a un expresidiario no fue casualidad, sino una estrategia ideada desde la Casa de la Corregidora).

Algunos politólogos señalan que los operadores de Domínguez están muy activos moviendo en el tablero político de Morena a toda suerte de peones, torres, lacayos y caballos para que en 2021 el partido de Obrador se incline por un alfil blanquiazul que sea afín a los intereses gubernamentales.

Y es que para el mandatario el horno social no está para bollos porque, al parecer, en sus propias encuestas, Morena está diez puntos arriba del PAN, debido a la gran inconformidad e irritación que existe en contra de su administración por los altos índices de inseguridad, la galopante corrupción, el pésimo servicio del transporte público y la inmoderada tala de árboles.

Por tales motivos, si en 2021 la dirigencia de quien quede al frente de Morena impulsara, por ejemplo, la candidatura del exdiputado panista Arturo Maximiliano García Pérez (quien al parecer es morenista de nuevo cuño y su nombre suena cada vez más al interior del partido) y éste gana, el gobernador Domínguez y sus peones, torres, lacayos y caballos saldrán victoriosos porque todo cambiará en Querétaro para que todo siga igual, como bien señala el maestro Lampedusa.

Sin embargo, más allá de la disputa por la dirigencia de Morena y de los posibles planes de Domínguez, están la mayoría de militantes que conforman los comités de base del partido, quienes en ningún momento y por ningún medio, hasta el momento, han sido informados, convocados ni consultados por la presidencia o la secretaría de Morena para decidir el futuro del partido.

Los más de 20 mil afiliados registrados en el padrón de Morena Querétaro no están participando a favor del bando de Peñafiel Soto ni en el de Méndez Aguilar; no hay que perder de vista que la militancia no sólo votó por López Obrador, sino que participó activamente antes y después de la jornada electoral, animados por la esperanza de tener representantes que no roben, no mientan y no traicionen.










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