Los niños y la “fiesta” de los toros

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 plaza de toros_No a los toros

“LOS HIJOS SE CONVIERTEN PARA LOS PADRES EN UNA RECOMPENSA O EN UN CASTIGO, SEGÚN LA EDUCACIÓN QUE RECIBEN”.- Petit-Senn.

Honda y larga ha sido la polémica que a últimas fechas se ha desatado en torno a la presencia o no de los niños en las corridas de toros. Mi opinión como integrante de la quinta edad y extensa carrera magisterial, es de QUE NO SE PERMITA A LOS NIÑOS PRESENCIAR ESTE ESPECTÁCULO. Para afianzar este concepto, les relataré mi propia experiencia infantil:

En “Aquellos tiempos” en que Mario RE tendría la fabulosa edad de cinco años (1944), mi querido Tío Paco (Maestro Don Francisco Javier Estrada Pérez), queriendo introducirnos, a la para él, magnífica y espectacular diversión, a sus pequeños hijos Paquito, 6 años y Alejandro, 5 años y Mario, su sobrino, de 5 años, nos llevó a la antigua Plaza de Toros “Colón”, era la primera vez que acudíamos a una gran reunión de gentes, aunque nosotros ya habíamos presenciado varios encuentros de voleibol y de basquetbol, en las canchas pertenecientes al viejo Colegio del Centro Educativo,

las cantidades de ellas no eran comparables, ni la grandiosidad del escenario, nos sentó a ambos lados de él, en los duros asientos del Coso taurino, nos explicó un poco lo que en pocos minutos se iba a presentar, unos animales, como las vacas, iban a salir corriendo de su “casita” para jugar con un novillero, para ver quién de los dos ganaba en alcanzarlo, el ruido de la gente y la música de la banda taurina desgranando, lo que nos dijo, se llamaban “pasos dobles”…nos tenía en un estado de tensión y nerviosismo que no podíamos ni hablar, si acaso respirar y conteniendo los fuertes latidos de nuestra pequeña bombita sanguínea llamada corazón…de pronto, se paró la música, y se escuchó tan solo el electrizante quejido de una trompeta, que anunciaba la salida de los Toreros, así nos dijo mi tío que se llamaban los jugadores, vestidos muy raros, con trajes llenos de luces y unos trapos rojos en el hombro, llamados, con nueva explicación, capotes.

Salieron muy garbosos, sonrientes y saludando a todas las gentes de la plaza, llegando a un lugar cerca de las barreras, donde se encontraba el “juez de plaza” y bellas señoritas, las madrinas, lanzándoles a ellas sus curiosos gorritos…volvieron a colocarse atrás de las tablas y uno de ellos se quedó parado en medio con un trapo más grande llamado “Capa”…de nuevo nos electrizaron las notas lanzadas por la corneta, se abrió una puerta y después de unos largos y expectantes segundos, salió un toro, sorprendido y bufando contra aquellos que le habían empujado fuera de la quietud de su corral… buscando quien se lo pagara, habituado un poco a la luz que inundaba la tal plaza, divisó la figurita parada en medio de su nuevo corral, y se lanza como cohete en su contra, el torero que ya lo esperaba, desplegó su larga capa y lo burló, haciéndolo pasar huracanadamente a su lado, lo toreó largos minutos y recibió la ayuda de sus “alternantes” que ejecutaron breves lances de capa…entonces empezó el TERROR…el torero agarró dos largos palos adornados con papeles de colores, con pasos que se nos antojaron como de ballet, se fue acercando parsimoniosa y traidoramente al toro, que al verlo se le arranca en primera y al grito de la plaza entera y de nosotros, se los dejó CLAVADOS en el lomo, que empezó a sangrar, esto si ya no me gustó, pues se me hizo que tal torero le hizo una traición al pobre torito, que lanzaba cabezadas tratando de quitarse los dolorosos palos, llamados banderillas, la escena se repitió dos veces más y nosotros ya estábamos aterrorizados y con las manos cubriéndonos el rostro…entonces el infeliz traidor agarró una capa más chica envolviéndola en una cosa larga con un mango que parecía una espada…¿cómo, una espada?…¿pues ahora para que la querrá?, nos preguntamos, y al cabo de unos minutos supimos para qué era la tal escondida espada, la saca, el hijo de toda su…y perfilándose enfrente del torito…y…¡ se la clava en su sangrante espalda!…la escena me horrorizó tanto que me causó el que mi estómago y mi boca expulsaran la comida, bañando literalmente al ocupante del asiento más abajo, que airado se enfrentó en mi contra, al ver que solo era un niño, su coraje se fue en contra de mi tío, que apenado, le pedía disculpas…varios amigos y ex alumnos de él lo defendieron y mi buen Tío mejor optó por sacarnos de la plaza ante la algarabía de la gente…ya afuera me puso una buena regañada, pero al ver que sus hijos también estaban como la cera, se calmó y emprendimos el camino hacia nuestra casa, que estaba a pocas cuadras, sita en Allende # 1 sur, donde ahora se encuentra el Estacionamiento Allende.

Por eso opino que los niños, no deben ser partícipes de tan salvaje espectáculo, los que abonan por lo contrario, deben estar locos, pues no saben el mal que les deja a sus pequeños hijos…por eso en la misma España están castigando al orate torero que se atrevió a, dizque torear a un novillo con su pequeña hija en brazos.

Y lo que son las cosas, al paso del tiempo, a mis ya casi ochenta años de vida, no he asistido sino por obligación, a uno o dos “festivales” taurinos, en cambio me encanta la música de los “Pasos dobles” y por extensión la música española…una de mis novelas preferidas tiene por tema las corridas de toros, pero es de un ROMANTICISMO tal, que me ha hecho leerla más de cincuenta veces, ya casi me la sé de memoria, su autor se llama Alejandro Pérez Luquín, la novela: “CURRITO DE LA CRUZ”…

Hasta pronto…les abraza su amigo de “Aquellos Tiempos”…Mario RE.

 










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