Los mil y un Monsiváis

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Al joven talento poblano, José Ramón López Rubí Calderón.

Acabo de leer y releer Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja (México, Alianza Editorial y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección Alianza Cien, 1994, 96 pp., 40 mil ejemplares, 5 pesos m/n) de Carlos Monsiváis.

Excelente y creativa síntesis.

Memorable lectura.

El mejor Monsi.

Leyendo y releyendo a Carlos he descubierto lo obvio: detrás de una buena ocurrencia siempre hay una buena idea (quizá no expresada o expresada de otro modo).

Cierto, Monsiváis no es un hombre de ideas sino de imágenes verbales: trazos, viñetas, instantáneas, cuadros, pinturas, cómics, thrillers…

A cada quien lo suyo y lo más propio de Carlos son las imágenes verbales corrosivas.

Leer Los mil y un velorios es vernos y reconocernos en lo que sucede en los poros de la sociedad mexicana abajo y arriba y en medio. ¡El Fonseca mexicano y el Monsiváis brasileño! ¿Cómo no querer a ese Monsiváis por todo lo que nos trae a su manera y nos deja bailando en los ojos de la memoria personal y colectiva?

Octavio Paz escribe sobre Monsiváis desde la India en 1963, mucho antes de su polémica con él en 1977-78:

–Dos guerrilleros, dos cortadores de cabezas en la selva literaria: Carlos Monsiváis y Luis Guillermo Piazza. El caso de Monsiváis me apasiona: no es ni novelista ni ensayista sino más bien cronista pero sus extraordinarios textos en prosa, más que la disolución de estos géneros, son su conjunción. Un nuevo lenguaje aparece en Monsiváis –el lenguaje del muchacho callejero de la ciudad de México, un muchacho inteligentísimo que ha leído todos los libros y todos los cómics y ha visto todas las películas. Monsiváis: un nuevo género literario…(“El precio y la significación”, en Puertas al campo, Barcelona, Seix Barral, 1972, p. 216; Obras completas, FCE, tomo 7, p. 331).

JEP inventa a Monsiváis:

–Monsiváis llegó a Estocolmo [en 2018] en medio del estruendo provocado por el hecho de que, al abrirse al público los archivos secretos del espionaje mexicano, Adolfo Castañón descubrió el gran libro perdido de la literatura nacional: las célebres Conversaciones telefónicas (1957-2017) que recogen lo que llaman los anglosajones the wit and wisdom, es decir el ingenio y la sabiduría de Carlos Monsiváis. Desde entonces en la Universidad de Salamanca hay un seminario permanente que discute cuál es la obra cumbre de la maledicencia en lengua española: si las Conversaciones de Monsiváis o el tomo-bomba de tiempo que, tal vez sin proponérselo, dejó Adolfo Bioy Casares acerca de lo que Jorge Luis Borges decía en la intimidad. (“Carlos Monsiváis y La Mulata de Córdoba”, Proceso 1644, 4-V-2008, pp. 73-74).

¿Qué pedimos algunos al Monsiváis más político? Un nuevo discurso de izquierda capaz de hacer la crítica a la propia izquierda partidista (ver y señalar los errores, defectos y contradicciones de la casa y la causa de izquierda) y al mismo tiempo capaz de dialogar y discutir con los mejores adversarios, por ejemplo con Krauze y con Aguilar Camín y la demás gente de Letras Libres y de Nexos, sin ningunearlos ni simplificarlos ni exterminarlos. ¿Es mucho pedir, Carlos? Encontrarnos con los otros nosotros en el espacio abierto compartido (“Adonde yo soy tú somos nosotros” en la práctica real) y con un mínimo lenguaje común, a pesar de las muchas diferencias. ¿Es mucho pedir, Carlos?

Tres notas monsivaitas

En el número 15 de la revista Replicante dedicado a la fotografía (mayo-julio, 2008, 40 pesos, de venta en Sanborns, “ideas para un país en ruinas”, www.revistareplicante.com) vienen dos cosas llamativas sobre Monsi: una foto del Carlos sesentaiochero (p. 54) y un breve texto del escritor sobre “Las estatuas sudorosas” (p. 76). / La Gaceta del FCE (número 499, mayo 2008) está dedicada al mismo autor por sus irrepetibles 70, con varios textos inteligentes. / Y por mi parte ya estoy encargando con urgencia al FCE de Querétaro, “Librería Ricardo Pozas” (Paco García Muñoz al frente) dos ejemplares de Imágenes de la tradición viva (FCE, 2006, 631 pp., 1250 pesos; amigos del INAH y del IEQ están interesados en ellos) y diez libritos de Los mil y un velorios… que yo adquiriré por mi cuenta.

La reseña de la condición humana

Quizá me faltó decir que el librito de Carlos (Los mil y un velorios) es un recorrido por los crímenes sucedidos en México desde tiempos de la Colonia, pasando por el azaroso siglo XIX y hasta llegar a la época actual del narco. Hay varios casos emblemáticos y personajes de película. Las palabras de Monsiváis trazan con rapidez y exactitud un cuadro de los bajos fondos (arriba, abajo y en medio) donde nos vemos todos en la real e inverosímil condición humana.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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  1. Alejandro dice:

    Yo he leído “Días de guardar” y un sin fin de artículos, de los que aparecen en el periódico El Norte (Reforma) los domingos. Hay uno especialmente bueno, se llama “La apoteosis de la autoayuda”. Es cierto, tiene que formular una crítica más directa contra la propia izquierda, aunque sí lo hace en ocasiones, pero es muy sutil. Por cierto, en la revista Replicante que mencionas, lo critican mucho, se nota claramente que la traen en contra de él, aunque mucho de lo que dicen allí sobre él es verdad, creo que el tono que manejan no es el adecuado, se notan, pues, las ganas de denostar. Saludos.

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