LOS CONFLICTOS INTERNOS EN MORENA-QUERÉTARO EN EL PASADO PROCESO ELECTORAL 2020-2021 ( SUS REPECUSIONES POLÍTICAS). III

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Dr. Eduardo Miranda Correa
Ex Presidente del Consejo Estatal
Consejero Estatal

La presente es una reflexión crítica sobre los conflictos internos de morena-Querétaro en el pasado proceso electoral 2020-2021 y trata de responder a la pregunta: ¿Por qué morena-Querétaro, no avanzó en términos de votación electoral en la pasada contienda política respecto al proceso electoral 2018 y, en contrario, retrocedió?

En esta tercera parte, analizamos cómo ante los conflictos internos y una convocatoria llena de ambigüedades, el Comité Ejecutivo Nacional y la Comisión Nacional de Elecciones en concordancia con la candidata, seleccionan candidatos a los puestos de elección popular privilegiando a externos sobre los afiliados a morena-Q, lo cual va a repercutir en los resultados electorales.

Parte III
Los actores de morena en movimiento durante la contienda electoral. La selección de candidatos.

Hemos dicho que morena-Q entro dividida a la contienda electoral ante la incapacidad de los principales dirigentes políticos para construir un frente único y enfrentar de manera unificada a sus principales contrincantes políticos, específicamente al PAN. Es decir, desde los inicios de la contienda electoral, los conflictos y desavenencias entre los principales actores se hicieron presentes: el presidente del Consejo Estatal, Ángel Balderas, estaba empecinado en demostrar que la candidata no podía vencer al candidato del PAN; por su parte, la candidata Celia Maya, había optado por ir a la contienda electoral sin el apoyo de la estructura formal del partido; mientras, el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional, ante los conflictos internos, imponía condiciones y precandidaturas, excluyendo a la dirigencia local y a la militancia morenista y hacía una interpretación a modo de la convocatoria y del Estatuto. Al acecho se encontraban las corrientes nacionales que venían de apoyo a las campañas de Querétaro: los bejaranos, los monrealistas y los que seguían los lineamientos de Mario Delgado; mientras el gran excluido era la militancia que había venido conformando a morena como partido-movimiento en la Entidad.
La primera acción práctica de esa división ─una vez que no dieron resultados las pláticas de reconciliación entre los principales protagonistas─ se dio en el momento en que la magistrada Celia Maya decidió conformar su equipo de campaña sin considerar la estructura formal del partido, excluyendo a miembros distinguidos y a la militancia de morena -con excepción de Jesús Méndez representante legal del partido- sustituyéndolos con partidarios externos, varios de ellos desechos del prianísmo y sin la mística de trabajo y la convicción de los principios de morena; y, asirse del apoyo logístico y financiero del Comité Ejecutivo Nacional, aunque con ello integrara como operadores políticos principales, aparte del licenciado Miguel Ángel Chico Herrera y el Sr. Guillermo Calderón Vega, a miembros de los grupos nacionales que venían a apoyar a morena en la contienda electoral, los cuales se encargarían principalmente en los municipios, bajo la simulación de las encuestas y sin la menor legitimidad ante la militancia y anteponiéndose a ella, de operar las imposiciones de los candidatos, la mayoría de ellos externos, los cuales venían más con el fin de fortalecer sus corrientes, con vista a los próximos sucesos políticos.

La división interna de morena, se hizo extensiva al conflicto por el control de la estructura de organización territorial; situación que se dejó ver desde el momento en que una parte del Comité Ejecutivo Estatal pretendió anular el trabajo de la estructura de organización territorial, surgida del Plan de Acción y sustituirla por una estructura de organización territorial que atendiera a los intereses que se habían venido conformando en torno a los posibles candidatos que surgieran de ese grupo; por lo que, ante las diferencias internas, el Comité Ejecutivo Nacional nombró al Sr. Guillermo Calderón Vega, coordinador de la estructura de organización territorial de promoción y defensa del voto con facultades especiales al realizarse de manera discrecional y poco transparente el nombramiento de coordinadores de organización territorial (cots) y brigadistas, limitando el apoyo económico a la línea que en este reglón venían trabajando los grupos afines al Dr. Gilberto Herrera Ruiz, quien había sido nombrado coordinador de la estructura de promoción del voto (Al respecto véase el punto 2. El conflicto en torno a la estructura de organización territorial de morena-Querétaro, de este trabajo). Estos conflictos en torno a la estructura de organización territorial, trajeron consecuencias graves en las campañas electorales de los candidatos de morena, al notarse desde el inicio una estructura territorial de promoción débil en casi todo el territorio estatal y cuasi inexistente en la estructura de defensa del voto el día de la jornada electoral.

Empero, en donde tuvo mayor impacto los conflictos internos y, por tanto, la división del partido fue en la “selección” de los candidatos a los puestos de elección popular, pues cada quién, de acuerdo a su posición de poder, se sentía con el derecho de imponer candidatos, aunque no todos estaban en las mismas condiciones. En realidad, aun antes del inicio de las campañas electorales, se escuchaba que el presidente del Comité Ejecutivo Nacional, Mario Delgado, trataba de imponer candidatos externos en los principales puestos de representación popular, específicamente a Arturo Maximiliano García Pérez, Guadalupe García Ramírez y Juan Alvarado Navarrete, a las presidencias de los Ayuntamientos de Querétaro, del Marqués y San Juan del Río. Como respuesta a esas voces en tono alto, el Consejo Estatal ─cuando todavía había el acuerdo tácito de trabajar unidos en torno a quién resultara candidata/o al principal puesto de representación política en el Estado─ acordó que sólo se podría enfrentar esta situación si de manera unificada exigíamos a la Comisión Nacional de Elecciones se ciñera al Estatuto en todos sus términos, principalmente en el artículo 6º Bis del Estatuto, respecto a los perfiles de las candidaturas a los puestos de elección popular (Ver, Pronunciamiento: Declaración del Consejo Estatal ante la selección de candidaturas de morena-Querétaro, 2 de noviembre de 2020).

Ahora bien, en la publicación de las convocatorias a los procesos de selección a los puestos de elección popular: gobernado/ar, Diputada/os federales, Diputada/os locales y Ayuntamientos, el Comité Ejecutivo Nacional, como ya hemos dicho, argumentó el hecho notorio de la pandemia del Covid-19, para sustituir el procedimiento estatutario de las asambleas electivas entre afiliados a los puestos de representación popular, por registros discrecionales, acreditados por la Comisión Nacional de Elecciones, hasta por un máximo de cuatro registros de aspirantes (afiliados y/o externos), los cuales se someterían a una encuesta y/o estudio de opinión realizado por la Comisión Nacional de Encuestas y cuyo resultado sería inapelable (Al respecto, véase el apartado: El Covid-19 y la Convocatoria a los puestos de elección popular. en la primera parte de este trabajo). Con ello, las convocatorias daban apertura tanto a afiliados como a simpatizantes externos, de manera tal que la Comisión Nacional de Elecciones, sería la encargada de evaluar (¿?) y decidir el registro o la candidatura que participaría en la contienda electoral representando a morena.

Al llamado de las convocatorias para la selección de los candidata/os a los puestos de elección popular, acudieron a registrarse ante la Comisión Nacional de Elecciones un número considerable de afiliados y simpatizantes, con la esperanza de representar a morena-Querétaro en el ejercicio del poder público. Esperaban un procedimiento limpio y de acuerdo a las reglas establecidas en el Estatuto y la Convocatoria. Confiaban en que la Comisión Nacional de Elecciones registraría conforme al Estatuto, principalmente al artículo 6º Bis, puesto que en la solicitud del registro se presentaba un llenado de deberes de acuerdo a lo establecido en ese artículo para que, una vez la evaluación del registro, pasaran por el filtro de una encuesta y/o estudio de opinión por parte de la Comisión Nacional de Encuestas, de cuyo resultado saldría el candidato a representar a morena en la contienda electoral. Sin embargo, durante el procedimiento para la selección de candidatos, nadie conoció las encuestas, la metodología, la muestra aplicada y mucho menos los resultados. Esto generó desconfianza y desencanto entre los aspirantes que habían acudido a registrarse y a la militancia que estaba dispuesta a movilizarse para promover a los candidatos surgidos de morena.

En contraste, las anfibologías de las convocatorias y su aplicación ambigua en la selección de candidatos, así como los conflictos internos entre las dirigencias, fue el escenario para que el Presidente del CEN, en concordancia con la candidata a gobernadora y el secretario general en funciones de presidente, propusieran e impusieran candidatos a diputados federales y locales y, sobre todo, a las principales presidencias municipales del Estado. Para ello, tenían como instrumento básico, las propias convocatorias y en el caso de Mario Delgado, el poder que le representaba ser el Presidente del CEN (aunque fuera a través de una encuesta), a quién el Estatuto de morena le da toda la representación política y jurídica, así como la capacidad financiera para conducir políticamente al partido y, por ende, tener un peso determinante en los procesos electorales del país.
No obstante, la corriente opositora a la candidata, trató de presionar en las candidaturas, promoviendo a través del Consejo Estatal, un proceso de auscultación por medio de ternas, que pretendía abrir los espacios a los afiliados morenistas, aunque con la vista puesta en precandidatos afines a sus intereses (Consejo Estatal, 27 de enero del 2021). Esta propuesta si bien a los ojos de la militancia se veía más democrática, en realidad nacía muerta, ante la imposibilidad jurídica del Consejo Estatal para imponer candidatos y las amplias facultades antiestatutarias y discrecionales que las convocatorias establecían al Comité Ejecutivo Nacional y a la Comisión Nacional de Elecciones, en la selección de los candidatos. Además, la división interna de morena, la cual se reproducía en el Consejo Estatal, impedía establecer una estrategia adecuada de defensa del Estatuto en la selección de candidaturas, la cual, desde nuestro punto de vista, sólo podría darse en el caso de que morena-Q trabajase de manera unificada y se entendiera que el Consejo Estatal no es órgano elector y, por lo tanto, estaba impedido a imponer candidaturas (Esta propuesta fue rechazada por el Consejo Estatal y sustituida por la presentación de ternas ante la CNE, la cuales no tenían ninguna posibilidad de ser aceptadas por la CNE. Consejo Estatal 27 de enero de 2021).

Por tanto, las transacciones para la selección de candidatos se daban sin ningún contrapeso real a las decisiones del Comité Ejecutivo Nacional, la candidata y el grupo de operadores venidos principalmente de las corrientes nacionales. Así, los mecanismos de negociación política, entre los aspirantes y los operadores políticos, para la selección de los candidatos a los puestos de elección popular, no fueron muy diferentes a la forma como se llevó a cabo en la contienda electoral del 2018. La única diferencia era que AMLO ahora no estaba en las boletas, por lo que esos mecanismos se veían burdos y fraccionaban todavía más a morena-Q, al negociarse las candidaturas de morena-Q sin considerar las reglas estatutarias.

Para empezar y ante las facultades excesivas del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y de la Comisión Nacional de Elecciones, se excluyeron de la evaluación del registro de aspirantes a una candidatura a afiliados destacados de morena-Q y se dio preferencia, aunque no tuvieran ningún arraigo ante la militancia y la sociedad, a los que mostraron lealtad al Presidente del CEN y a la candidata. Así fue como se negociaron una gran parte de las candidaturas con simpatizantes externos, algunos de ellos sin siquiera haber solicitado su registro ante la Comisión Nacional de Elecciones. Las encuestas, como hemos dicho, como método de selección fueron una maniobra, pues nunca fueron conocidas por los aspirantes, ni por la militancia; por lo que predominó en la mayoría de la selección de candidatos, el pragmatismo político, permeado de transacciones mercantiles, la compraventa de favores (¿Quién paga más por una candidatura?) antes que los valores y los principios de morena. De manera que en las negociaciones del trato de cúpula se privilegió el supuesto perfil “competitivo” y la solvencia económica del candidato por sobre la trayectoria laboral y política, los atributos ético-políticos y la antigüedad en las causas sociales, en clara violación del artículo 6º Bis y de los deberes instaurados en la solicitud de registro para participar por una candidatura ─durante este procedimiento se justificaba la violación al artículo 6 Bis, diciendo que no estaba reglamentado y que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación(TEPJF) había dictado una resolución en ese sentido (¿?); pero entonces, para qué se puso en la solicitud de registro, el llenado para que el aspirante demostrara que cumplía con esos deberes─. Igualmente, se impulsaron, con el ánimo de obtener votos, las negociaciones clientelares con grupos corporativos de no muy buena fama en la izquierda queretana y, en el ánimo, de que las imposiciones fueran tersas, sobre todo, la de Maximiliano García Pérez a la Presidencia Municipal de Querétaro y de Guadalupe García Ramírez, en el Marqués, dados sus antecedentes panistas y la enorme oposición que habían ocasionado entre la militancia ambas candidaturas, se llevaron a cabo intercambios de puestos de elección popular entre los precandidatos que pudiesen competir por esas candidaturas.

El punto culminante, en esa transacción política en la selección de candidaturas, lo constituyo el último subterfugio que dejaba abierta la convocatoria, al posponer hasta el último día del cierre del registro (11 de abril), o, mejor dicho, un día antes de que iniciaran los registros ante el Instituto Electoral del Estado de Querétaro, la evaluación y los resultados de los candidatos a diputados locales y ayuntamientos que representarían a morena-Q en la campaña electoral. Con ello, desde la misma convocatoria se dejaba un espacio de maniobra a los operadores políticos de las candidaturas y se cerraban las impugnaciones que se pudiesen dar una vez dados a conocer quiénes eran los elegidos para participar en las campañas electorales. Esto tenía un propósito debilitar las inconformidades que se dieran de los candidatos seleccionados y cerrar los tiempos a las posibles impugnaciones de los aspirantes que veían frustrada su pretensión de representar a morena en un puesto de representación popular; pero, sobre todo, impedir que la militancia se movilizara de manera organizada, lo cual por cierto para esos momentos era imposible dada la dispersión y la división imperante. Uno de los efectos perversos de esta artimaña fue que ante las prisas por llenar los expedientes el último día del registro; de manera insólita se quedaron sin registro ante el órgano electoral (que dicho sea de paso estaba y está controlado por las huestes panistas), cuatro Ayuntamientos, aunque en impugnación se logró recuperar Corregidora, pero no así, Ezequiel Montes, municipio gobernado por Morena, Pinal de Amoles y Jalpan de Serra.
La principal repercusión jurídica y político en la selección de candidaturas fue que, olímpicamente, se hizo a un lado, el artículo 6º Bis y se interpretó a modo el artículo 44º del Estatuto. Con ello, se abría las puertas de par en par para el registro de candidatos externos, varios de ellos, con historial en el PAN, PRI y otros partidos, con políticas afines a las neoliberales y sin la mística y convicción de los valores y principios de morena. En contrario, en las negociaciones de élite, se cerraron las puertas a las candidaturas de militantes que habían hecho trabajo político para el fortalecimiento de morena-Querétaro, pero que tenían en su haber el cuestionar la estrategia política de Mario Delgado en la contienda de Querétaro y/u oponerse a la candidatura de Celia Maya.

(Continuará)
Parte IV
El conflictivo proceso de registro de candidatos. La frágil campaña electoral.










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Un Comentario en “ LOS CONFLICTOS INTERNOS EN MORENA-QUERÉTARO EN EL PASADO PROCESO ELECTORAL 2020-2021 ( SUS REPECUSIONES POLÍTICAS). III”

  1. URGE LA REBELIÓN CIUDADANA DEMOCRÁTICA DE IZQUIERDA CRÍTICA
    Sigo esperando la rebelión ciudadana democrática de los militantes y simpatizantes de la izquierda partidista llamada Morena.
    Rebelión ciudadana, pienso, que necesariamente comienza con la mirada crítica y no sagrada sobre el patriarca del poder llamado Amlo.
    Si no se hace nada al respecto en este tiempo veloz, en 2024 se reproducirán los mismos problemas de ahora en la elección presidencial y puede suceder lo peor.
    ¿Qué es lo peor?
    Ver la realidad con los ojos de la ideología, las creencias en blanco y negro, los prejuicios, sin ver los hechos reales, picudos y boludos.
    El mal lo hacemos todos nosotros, no sólo los otros.
    –Urge la rebelión ciudadana democrática de izquierda crítica y humanista, pienso, cordialmente.
    Q, Presidentes, 13-X-2021.

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