Los besos del adiós

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 consuelito_maria_compositoras
POR Augusto Isla

Henry Miller decía que “cada guerra destruye el espíritu humano”. Durante la segunda guerra mundial, el espíritu, encarnado en cada persona, en cada cuerpo, sufrió como nunca antes. En sólo seis años (1939-1945) fallecieron entre 55 y 60 millones, aunados combatientes y población civil: por causa de bombardeos, batallas, hambrunas, o en campos de exterminio en los que, debido al holocausto, perdieron la vida 6 millones, principalmente judíos. ¡Cuántas familias rotas, cuántos amores deshechos!

En medio de aquella tragedia bélica, una compositora mexicana imaginó, en una canción apasionada, la separación de los amantes. Bésame mucho como si fuera esta noche, la noche la última vez… piensa que tal vez mañana yo ya estaré lejos, muy lejos de aquí. Amorosa súplica desesperada de quien se encamina a una probable muerte. Pero más allá de la circunstancia que dio origen a esta canción de Consuelo Velázquez, es tan alto su valor que ha trascendido tiempo y espacio: se sigue entonando hoy y en el mundo entero. Amén de voces nuestras como Pedro Infante y Pedro Vargas, hicieron suya Bésame mucho Sara Montiel, Omara Portuondo, Andrea Bocelli, Placido Domingo, Carmen McRae que sin hablar el español la interpretó en este idioma en una versión jazzística grandiosa; también la canadiense Diana Krall y muchos otros que he coleccionado con la convicción de que esta joya ha sido, acaso, “la canción del siglo XX”.

Consuelo Velázquez, Consuelito, se suma a esa nómina de compositores mexicanos que han enriquecido el pop romántico universal como Armando Manzanero, Álvaro Carrillo y la gran precursora que fue María Grever (1884-1951) con la hermosa Cuando vuelva a tu lado (What a difference a day make) que ha recorrido el mundo en las sensuales gargantas de Sarah Vaughan, Dinah Washington, Aretha Franklin, Esther Phillips…

Aunque predestinadas a la grandeza, Consuelo y María no fueron simples autodidactas. La una se graduó en el conservatorio nacional como pianista, la otra estudió en Francia bajo el magisterio de Claude Debussy. Entre ambas quisiera encontrar un paralelo: la estructura impecable de las composiciones, la misma poética de confesiones dolorosas, destellos de amargura, amores anhelantes o perdidos, Consuelo se desgarra en Franqueza (perdona mi franqueza que tal vez juzgues descaro/ yo sé que voy a herirte… debemos separarnos porque amor ya no tengo) o en Verdad amarga (… yo sé que es imposible nuestro amor… te juro por los dos que me cuesta la vida/ que sangrará la herida por una eternidad…). Y qué decir de María, inmersa en la súplica del recuerdo en su Júrame que, aunque pase mucho tiempo/ no olvidarás el momento en que yo te conocí… o implorando el beso enloquecido (…bésame hasta la locura y así sabrás la amargura que estoy sufriendo por ti), o la tristeza del olvido en Ya no me quieres.

Paralelos narrativos en personalidades diferentes. Consuelo más transparente, María a menudo más recóndita; pues bastaría citar Te quiero dijiste (muñequita linda) para considerar que no se trata, como muchos la han apreciado, de una canción de cuna, sino de un amor adulto (…y sentí en mi pecho/ un fuerte latido/ después un suspiro y luego el chasquido de un beso febril)… dime si me quieres como yo te adoro/ si de mi te acuerdas como yo de ti. Alguna pasión secreta de María Joaquina Torres que adoptó el apellido de su esposo Leon Augusto Grever, un petrolero estadounidense con quien vivió en Nueva York donde falleció.

Consuelo y María. Dos mujeres mexicanas excepcionales, sensibles, cultas que convocaron, como quería ésta última, el oído universal. ¿Geniales? Sin duda. Consuelo ofreció su primer concierto a los seis años; María compuso su primera canción a los ocho años. Son nuestras, pero pertenecen al mundo.

María fue más prolífica que Consuelo: compuso más de 800 canciones, bandas sonoras para la Paramount; Consuelo, en cambio, compuso menos, pero no dejó de llamar la atención en el firmamento de Hollywood: Orson Welles, Clarck Gable, Gary Cooper se acercaron a ella para fotografiarse a su lado. Pues con sólo Bésame mucho, como Juan Rulfo con Pedro Paramo, conquistó la admiración de todos los que han reconocido su obra de arte.

 










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