Los adictos

|




Arnold Schwarzenegger, estadounidense de origen austriaco, mundialmente conocido en los ámbitos del cine, el fisiculturismo, la política… es también un activista que combate el cambio climático. National Geographic lo ha acompañado en los foros en que ha participado, incluso en los recorridos, como copiloto de un autotanque que transporta gasolina, en lejanas tierras donde el ejército de su país tiene sus enclaves militares; un ejército que por cierto es el mayor consumidor de combustibles fósiles. Como enemigo que es de esta energía altamente contaminante, es por ende un defensor de energías limpias ya eólica ya solar.

Arnold ha denunciado aquí y allá eso que llama ‘adictos a combustibles fósiles’. Adicción porque quienes los consumen no pueden resistirse a su uso y abuso, al igual que quienes viven atrapados en el submundo de las drogas. Unos y otros, o bien por intereses creados o por pulsiones irrefrenables.

Dos ejemplos: Donald Trump en los Estados Unidos, los paladines de la rimbombante Cuarta Transformación en México. En ambos casos, ignorancia o indiferencia de cara a la devastación producida por el cambio climático. Allá, porque Trump atribuye el fenómeno planetario a una fantasía china; aquí por una malentendida autarquía energética que se traduce en la construcción de refinerías, financieramente inviables dado que resulta menos costosa la importación de combustible que una inversión multimillonaria, que bien podría destinarse a la exploración y la promoción de energías alternativas. Pero amén del aspecto financiero, está lo éticamente aberrante, es decir, a ese dar la espalda a la destrucción de nuestra casa común, que es el planeta a cuya conservación estamos obligados a contribuir como ciudadanos del mundo, como contemporáneos de todos los hombres, condición a la que Octavio Paz se refería en ‘El Laberinto de la Soledad’.

Reducir todo al combate contra la corrupción y la violencia del crimen organizado, así como a las ‘generosas’ dadivas clientelares… refleja una patética y peligrosa estrechez de miras. Los estudiantes de la UAQ y sus rectores nos están dando una lección de esta amplitud de horizontes éticos. Su marcha en favor de la salud de nuestro entorno es todo un acontecimiento, a contrapelo de la mala calidad mental, por así decirlo, de un gobierno federal que conmemora un aniversario más de la expropiación petrolera, pero de la peor manera: licitando el megaproyecto más fúnebre de nuestra historia: la refinería de Dos Bocas.

* * *

Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario