López Obrador y De Gaulle

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AMLO_presidente_combate a la corrupcion

En nuestra cultura original al jefe supremo se le llamaba El Tlatoani, que significa el que habla, quien tiene la palabra. Nuestro Presidente electo ha tomado muy en serio esta facultad y cada vez que habla ha andado como en la casa del jabonero, cuando no cae, resbala. Las maromas discursivas están a la orden del día: que si perdón no es amnistía, que si a la amnistía pero antes el perdón; que si cancela la reforma educativa pero no precisa qué parte de la reforma educativa; luego se erigió como Yahvé y exoneró a Rosario Robles; para rematar dice que el país tiene 30 años en bancarrota. No entremos en el debate si lo está o no, el problema es que hace unos días dijo que no había crisis económica ni financiera. Charles De Gaulle decía que el político debe ser parco al hablar, pues si habla mucho o se repite o entra en contradicción. Lo que está pasando exactamente con el discurso desenfadado e irresponsable de López Obrador. Es tiempo de ponderar.










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