LAS RAZONES DE CARLOS URZÚA EXPUESTAS EN PROCESO.

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–A pesar de las diferencias que hoy tengo con él (AMLO), estoy convencido de que es, por mucho, el mejor político vivo que existe hoy en México. Es muy impresionante verlo: tiene una inteligencia social extraordinaria.

–Yo diría que soy un neokeynesiano. Si me preguntas qué debería ser México, yo te diría que una socialdemocracia en el sentido nórdico del término. Creo que él (AMLO) también, y en ese sentido somos afines. Nunca he sido un izquierdista de pies a cabeza y creo que en el fondo él tampoco. No creo que tome en serio el marxismo.

–Quizás se asume como un socialdemócrata, o más bien como un intervencionista o un “dirigista”, alguien que está a favor de la rectoría del Estado en la economía. En cuestiones de redistribución del ingreso o combate a la pobreza, mi postura y la suya son similares. En términos ideológicos somos cercanos. Curiosamente, yo soy menos conservador fiscalmente hablando que López Obrador.

–Me preocupaba el hecho de que fuese fiscalmente conservador, y al mismo tiempo colocara un gran énfasis en los programas sociales. Me preocupaba el balance. No es sencillo tener balance presupuestal y al mismo tiempo muchos programas sociales. Es una tensión de todos los gobiernos, aunque en su caso es mayor.

–El presidente no quiere hacer una reforma fiscal. Yo sí, porque creo que es la única manera de abatir desigualdades. No sé por qué no quiere hacerlo. Quizás por no enfrentarse a algunos empresarios, quizás por el costo electoral…

–Me cuesta entender el tipo de relación que tiene (Alfonso Romo) con el presidente. Ideológicamente Romo es un hombre de extrema derecha y en términos sociales oscila entre el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. ¿Cómo un hombre así, que llegó a admirar a Augusto Pinochet y a Marcial Maciel, acabó no sólo siendo amigo de López Obrador, sino incluso siendo el jefe de la Oficina de la Presidencia?

–Un conflicto de interés existe cuando una actividad personal o de negocios de un servidor público podría eventualmente interferir en el ejercicio de sus funciones. (Este podría ser el caso de Alfonso Romo).

–Creo que su fin último (de Alfonso Romo) es renacer. Después de haber estado en la lista de Forbes está buscando ser lo que alguna vez fue. Es entendible que esté tratando de encontrar nuevamente un espacio. Entiendo su postura, lo que no puedo entender es que López Obrador lo tenga en su gobierno.

–Puedo decir que yo sí estuve a favor de que continuara la construcción del aeropuerto de Texcoco. Creo que la obra estaba muy avanzada y había demasiado dinero de por medio.

–Yo no me opongo a los grandes proyectos. Creo que un país como el nuestro debe tenerlos. Tengo mucha fe en algunos de ellos que creo serán exitosos y no serán muy caros. Uno de esos es el Corredor Interoceánico, que en dos años puede empezar a funcionar. La clave es tener una sola empresa que brinde el servicio y no que quede en manos del Estado; ahí sí hay una diferencia dentro del gobierno.

–Yo no hubiera puesto tanto dinero este año para proyectos que no podían despegar rápido. Santa Lucía no empezará sino al menos en tres meses, el Tren Maya sigue en diseño… ¿Para qué poner tanto dinero ahí cuando podría utilizarse para carreteras y otras cosas? Eso explica en gran medida por qué la inversión pública se cayó. Se ha puesto el dinero en grandes proyectos que apenas están empezando a madurar.

–Hacer una refinería como la de Dos Bocas no es óptimo en las condiciones actuales. (…) Tú no puedes persistir en una idea cuando hay empresas que saben más que tú y dicen lo contrario. El problema de este gobierno es su voluntarismo.

–Pemex…

–Bartlett y su visión estatista…

–La política pública debe estar basada en evidencias, no en deseos.

–(Obrador) me dijo que yo era un neoliberal. Para López Obrador, cualquiera que lo critique lo es. También me aseguró que Bartlett es un gran abogado y que cómo me atrevía a cuestionarlo.

–Austeridad. Desde que llegamos al gobierno sabíamos que había que recortar recursos para liberar fondos que pudieran destinarse a los programas sociales. (…)

–Es un problema que quienes están en la Función Pública no tengan un conocimiento claro de la administración pública. Eso puede ser un problema para un gobierno.

(Entrevista de Hernán Gómez Bruera, Proceso 2228, 14-VII-2019, pp. 6-11).

Conclusiones de este palabrero:

–El político presidente AMLO (como casi todos los políticos y no pocos hombres de poder, intelectuales y simples ciudadanos), no aguanta los No a su voluntad. “Sí, señor”, es su encanto.

–¿Cómo distribuir más equitativamente la riqueza social sin una buena, profunda y precisa reforma fiscal?

–No es necesario ser un marxista radical para ver y saber que el Estado mexicano en las últimas décadas ha estado más al servicio del gran capital que de la sociedad abierta y mayoritaria.

–Tampoco se trata de ser un anti-neoliberal absoluto para comprender que junto a la sagrada libertad liberal no han crecido, sino todo lo contrario, la justicia y la igualdad social. Krauze, por ejemplo, habla mucho y bien de la libertad pero nada o muy poco de las terribles injusticias y desigualdades sociales mexicanas.

–¿Dónde está el equilibrio en la convivencia y lucha entre la rectoría política del Estado y la libertad económica del Mercado? ¿Existe ese punto de equilibrio o es preciso inventarlo?

–Ah, el voluntarismo terco o mesiánico de AMLO sin el conocimiento preciso de lo que quiere hacer y cambiar. A puro valor mexicano. Por sus pistolas. Voluntarismo y autoritarismo. Concentración del poder. ¿A dónde vamos a parar?

–Democracia y Revolución. El mandato democrático no es un mandato revolucionario. ¿Es posible una revolución democrática?

Octavio a la entrada de su libro El ogro filantrópico, 1979, la libertad contra la fe, la libertad crítica frente a las trampas de la virtud:

–La libertad no es un concepto ni una creencia. “La libertad no se define: se ejerce”. Es una apuesta. La prueba de la libertad no es filosófica sino existencial: hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir No al poder. No nacemos libres: la libertad es una conquista y una invención.

Palabrero:

–Es cierto, la conexión que Obrador hace con la gente en la plaza pública es innegable. Logra la conexión como ninguno y hace que circule pura buena corriente. ¿Es suficiente? ¿Y luego? ¿La magia del verbo hace las cosas?

Q, Presidentes, martes 16-VII-2019.










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